Psicología: aprende a discutir

Discutir es sano y necesario, el problema es cuando lo hacemos como en una verdadera batalla.

Discutir es una necesidad sana y natural de expresar opiniones, proponer preferencias y definir el lugar que uno ocupa pero, a menudo, no sabemos discutir y lo que hacemos es defendernos o agredir como en la peor de las batallas.

Cinco reglas a seguir:

Cultiva la empatía: No te obceques con tus ideas y aprende a ponerte en el lugar del otro. Cada cual tiene sus razones. Si tratas de entender las suyas, será mucho más fácil que él comprenda también las tuyas.

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Discute con asertividad: Esta habilidad se adquiere esforzándose por exponer clara y firmemente nuestras ideas, pero sin herir a los demás.

Evita las sentencias: No vale decir “yo soy así” o “contigo no hay manera”. Estas frases sentencian desde el principio el resultado de cualquier discusión.

Mide tus palabras: No dejes que un arrebato te haga decir nada de lo que luego tengas que arrepentirte. Y sobre todo, no mezcles otros asuntos que no vienen al caso y que sólo pueden empeorar las cosas.

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Controla tus gestos: Si tu rostro, tu mirada o tus gestos expresan agresividad o desprecio, la guerra estará igualmente declarada.

¿Te falta moderación?

A las personas que se dejan llevar por sus estados de ánimo y emociones, les resulta muy difícil manejar las discusiones. En muchos casos su reacción ante cualquier desacuerdo depende de factores que no tienen nada que ver en el asunto, como su mal humor o los contratiempos. Si has tenido un mal día y no puedes controlarte, mejor deja la discusión para el día siguiente.