Cómo debe ser el castigo eficaz

Actuar con los hijos correctamente, sin pasarse y sin quedarse corto y, sobre todo, consiguiendo educar es tarea difícil. Claves para conseguirlo.

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Cómo castigarles en proporción a su edad y su actitud? La psicóloga Isabel Álvarez nos da las pautas a seguir para conseguir que un castigo sea proporcional y eficaz. Son válidas para todas las edades, desde pequeños hasta adolescentes.

Eso sí, Isabel Álvarez aclara que el castigo debería ser el último recurso: “Para evitarlo mañana, la alternativa es educar y prevenir hoy”.
 

Avisado, breve e inmediato
El castigo debe evitarse en la medida de lo posible porque puede conllevar otros efectos indeseables, que Álvarez explica:
•Castigar es aplicar la ley del más fuerte y deteriora la relación del adulto con el niño.
•Los castigos continuos hacen que los niños teman a padres y profesores y les crean una personalidad insegura y desconfiada.
•El castigo genera violencia y puede llevarles a ser más impulsivos, cuando el objetivo debería ser la reflexión.
•Puede surtir efecto inmediato, pero a la larga no es efectivo.
Lo ideal es educar sin castigo; si finalmente se hace, debe cumplir las siguientes condiciones:
•Debe servir para reeducar una conducta. No se puede castigar sin salir de casa si lo que no quieres es que esté todo el día viendo la televisión.
•Hay que dejarles bien claras las reglas y las consecuencias de no cumplirlas. Y si no se cumplen, ser firme. El castigo debe ser avisado e inmediato. Debe quedar claro por qué se castiga, qué se pretende modificar y no herir sus sentimientos.
•Debe ser moderado y breve, algo que sepas que vas a poder cumplir siempre. Si abusas de él, se pierde la eficacia.
•Debe ser aplicado con serenidad, no desde la ira.
•Ha de llevarle a reparar el daño que ha hecho. Así aprende a afrontar las consecuencias de sus actos, a ser responsable y a adoptar la conducta correcta. Por ejemplo, si un niño pinta la pared, tendrá que limpiarla.

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Nunca debe ser físico
•Un castigo debe darles la oportunidad de demostrar que han aprendido la lección. Por ejemplo, si rompe un juguete de un hermano, no decirle que nunca los coja sino darle la oportunidad de volver a jugar sin romper.
•Para los pequeños es muy efectivo castigar (en tiempo proporcional a un minuto por año que tienen) en un rincón para mantenerles al margen de la actividad y que dejen de ser objeto de atención. A esto se le puede llamar “fuera de juego” y no “rincón de pensar”, porque, si no, relacionan pensar con estar castigados.
•Nunca debe ser físico. Provoca ansiedad, agresividad, temor y resentimiento.