Vigila tus ojos

Algunos hábitos y actividades cotidianas pueden resultar perjudiciales para los ojos, por lo que es conveniente revisar nuestra vista de forma periódica.

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Hemos pasado de aprender a leer, a leer para aprender. En otras palabras, hemos pasado de utilizar apenas la visión cercana, a unas exigencias constantes de esa visión.

La lectura era históricamente algo de muy pocos. Pero mucho antes de dar tiempo a nuestra adaptación orgánica, en menos de un siglo, hemos pasado de ser oteadores a necesitar la precisión de la vista.

Hoy, desde muy pequeños, la lectura y el estudio exigen un esfuerzo visual permanente y competitivo. Por eso, y como cada vez la exigencia es mayor, hay también más personas miopes.

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Hoy, un porcentaje muy elevado de la población se pasa las horas ante una pantalla de ordenador o en un trabajo que le exige de manera constante la visión cercana. Todo esto perjudica nuestra vista. Por si fuera poco, en el tiempo de ocio también nuestros ojos realizan un esfuerzo continuo.

Defectos visuales
Nuestros ojos son dos perfectas cámaras fotográficas; pero imaginemos que, al montar la máquina, hay algo que se desajusta.
-Si el ojo es normal, la imagen se recibe en la retina. Pero si por cualquier circunstancia éste se ensancha, las cosas se ven un poquito mayores.
Es el caso del miope.
-Es posible también que el ojo sea corto, es decir, que la imagen se forme detrás de la retina. Los objetos se ven más pequeños. Es el hipermétrope. Suele acomodarse gracias a un esfuerzo del cristalino. Pero esta acomodación implica un esfuerzo muscular continuo que va a causar fatiga visual y un rechazo a las labores de cerca.
-Puede ocurrir que por la misma presión de los párpados se deformen la córnea o el cristalino, o las dos a la vez. Son los astígmatas, que ven las imágenes deformadas.

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Vista cansada
Otro problema es el de la presbicia u ojo présbita. El ojo normal, como tiene capacidad de acomodación, es capaz de ver los objetos nítidos a cualquier distancia. Pero esta capacidad se va perdiendo con la edad, de manera que hacia los 40 o 45 años el ojo no enfoca por sí mismo.
Y como el enfoque real no funciona, hay que variar la distancia del objeto. Es lo que popularmente llamamos vista cansada. El problema de la presbicia es que hay que suplir ese fallo en el mecanismo del ojo con unas lentes.

El ordenador
El primer problema –fatiga visual– no se debe al ordenador en sí, sino a la atención que se le presta. Los expertos sostienen que el ordenador no crea patologías, pero pone de manifiesto los defectos que, hasta ese momento de exigencia visual, podrían pasar inadvertidos. Se debe vigilar el cambio de intensidad luminosa, para no pasar de la pantalla luminosa a un entorno en sombra. Y la distancia a la que trabajamos, porque debemos adaptar la corrección oportuna para esa distancia, y no la que llevábamos hasta entonces. Los cambios de distancia y de ángulo son los que van a hacer presentes problemas visuales que antes se desconocían pero que, con ordenador o sin él, estaban ahí.

Revisiones
-Cuando empieza la escolarización es recomendable revisar la vista. Un defecto que pasa inadvertido a padres y educadores puede ser la causa de una estimulación inadecuada.
-Hasta los 15 o 17 años es siempre aconsejable una revisión de los ojos cada dos años. Es hacia esa edad cuando se alcanza la estabilidad de los atributos sensoriales.
-Además, la tarea escolar está en relación con la frecuencia de defectos visuales. El número de problemas crece según crece el grado de escolaridad, especialmente hablando de miopía.

Desprendimiento de retina
En España se producen entre 20.000 y 30.000 desprendimientos al año. Ocurre cuando hay una separación anormal entre dos de las capas que componen la retina, y permite entonces que se interponga el humor vítreo. Conviene conocer la población de riesgo. Por ejemplo, en aquellos que tienen entre una y tres dioptrías de miopía el riesgo es cuatro veces superior que en la población no miope. La cirugía de cataratas, haber padecido traumatismos oculares, los antecedentes de desprendimiento en el otro ojo, antecedentes familiares o algunas enfermedades, como la diabetes, aumentan también el riesgo de sufrir este problema.