Stop a las malas digestiones

Cada año consumimos alrededor de media tonelada de alimentos. Descubre cómo es el proceso de digestión y qué hacer para evitar los problemas durante el mismo.

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Con sólo pensar en una comida apetitosa, el aparato digestivo se pone en marcha segregando saliva. Es lo que  popularmente se conoce como “se me hace la boca agua”.

El alimento pasa de la boca al tubo digestivo, que mide aproximadamente nueve metros. El tubo digestivo es el que nos recorre por dentro, desde la boca hasta el ano, y una serie de glándulas van aportando sustancias necesarias para la digestión. Y es que, lo verdaderamente útil no es comer, sino aprovechar lo que se come para obtener la energía que permita a la máquina corporal actuar y reconstruir las células que se van aniquilando. Ésta es la función de la nutrición, para la que consumimos cada uno alrededor de media tonelada de alimentos cada año.

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Pero las células que son las destinatarias de esa alimentación no comen ni un bocadillo de chorizo, ni un filete a la plancha. Ellas están preparadas para asimilar los componentes primarios de esos alimentos. Y para dárselos, disponemos de un perfecto sistema que se llama digestión.

Por varias razones, el tránsito intestinal puede verse alterado. Puede ocurrir que se produzca con dificultad y mucha mayor lentitud. Esto puede pasar porque no hay restos suficientes, por viajes o por una dieta inadecuada.

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Entonces es cuando aparece el estreñimiento, algo muy frecuente en mujeres y más a partir de los 60 años. La evacuación se retrasa y se hace dificultosa.
También puede ocurrir el problema inverso. Que por una infección o por comer alimentos en mal estado, el tránsito se acelere, no dé tiempo a la absorción de agua y se produzca la diarrea, con evacuaciones frecuentes.

Todas las fases

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Mientras la dentadura corta y tritura, la saliva y las enzimas descomponen y transforman almidones y azúcares de los hidratos de carbono. Después, el “bolo” pasa al esófago, donde comienzan unos movimientos que lo llevan al estómago. Éste es como el fuelle de una gaita y no hay dos iguales. Tiene una capacidad de litro y medio pero puede dilatarse y almacenar más.

Poner ácido
Al llegar al estómago, el bolo recibe un baño de ácido. Hay tres tipos de digestiones. La nerviosa: es la secreción de saliva y jugos al pensar en comida. La química: son las enzimas que transforman los alimentos. Y la mecánica: cuando los músculos del estómago “amasan” todo el conjunto. La química lo convierte en moléculas pequeñas y el ácido mata las bacterias.

Aprovechar
Cuando la fase de digestión ya está realizada, el estómago abre su puerta de abajo, el píloro, y a través del duodeno pasa al intestino delgado. En su interior, el intestino tiene unas vellosidades que separan las sustancias aprovechables y las absorbe. Sólo escapa el 10% de las proteínas. A diario por el intestino pasan alrededor de 11,5 litros de alimento digerido.

Finalizar
Lo que queda, llamado quimo, pasa al intestino grueso. Allí llega una mezcla de agua, secreciones y material no digerido. El colon digiere una buena parte del agua y la masa líquida se convierte en un resto semisólido. Son las heces, de las que se ha sacado todo lo aprovechable. Entre que el alimento se ingiere y culmina la digestión pueden llegar a pasar 36 horas.