Salud: Pon freno al alcoholismo

El alcoholismo y el abuso del alcohol pueden incrementar el riesgo de sufrir otros problemas de salud más graves.

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El alcoholismo y el abuso del alcohol son dos problemas distintos relacionados con la bebida. El primero hace referencia a la dependencia de una persona al consumo de la bebida y, a pesar de los problemas que le produce, continúa bebiendo porque el organismo lo necesita. El abuso del alcohol, por su parte, es cuando el hecho de beber conlleva una serie de problemas, pero no provoca la adicción física. No hay una causa conocida para explicar la aparición de estos problemas, aunque las investigaciones sugieren que algunos genes pueden incrementar el riesgo. En España, casi millón y medio de personas mayores de 16 años tienen problemas con el alcohol. O, dicho de otra forma: seis de cada cien españoles tienen dependencia alcohólica en mayor o menor grado. Eso supone que cinco grandes hospitales dedicados exclusivamente a los ingresos y tratamiento de alcohólicos serían insuficientes, ya que todos los años se producen 165.000 asistencias por este problema. Cuatro de cada cien españoles dice que se emborracha por lo menos una vez a la semana. Y seis de cada diez mayores de 16 años reconoce que bebe de manera habitual.

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EL PERFIL ES CLARO: VARÓN DE 47 AÑOS Y FUMADOR

Sólo trece de cada 100 bebedores de riesgo reducen su consumo al cabo de un año de seguimiento médico. Y normalmente es porque el bebedor de riesgo no reconoce ese peligro. El perfil estadístico indica que se trata de un varón de 47 años y fumador. Y se aleja del patrón que teóricamente tenemos del alcohólico; es bastante joven, tiene un buen nivel educativo y una situación social estable. Además, según el Plan Nacional de Drogas, el 10% de la población española es bebedora de riesgo.
Pero los datos son sobrecogedores y merecen una reflexión. Por ejemplo, hasta  un 22% de los pacientes ingresados en hospitales de algunos países europeos presentan trastornos relacionados con el alcohol. Además, aproximadamente una tercera parte de los pacientes alcohólicos hospitalizados presentan malnutrición. Según un reciente estudio, en los mayores de 65 años el alcohol altera su estado nutricional. Por si fuera poco, el  patrón habitual de consumo de alcohol de los jóvenes y adolescentes (“en atracones”) es el más neurotóxico. Y cuanto menor es la edad de inicio en la bebida, más propensión hay para desarrollar después la dependencia.
El alcohol es, sin duda, la sustancia de abuso más extendida entre la población española. Y está detrás de casi la mitad de los ingresos por politraumatismos graves.

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Tráfico y violencia
El inicio del consumo de alcohol está en torno a los trece años, y es el alcohol el responsable directo de más de 8.500 muertes al año. En el 37% de los accidentes de tráfico mortales, el conductor presenta ingesta elevada de alcohol. Se trata de la tercera causa de enfermedad (9,2%), después del tabaco (12%) y la hipertensión arterial (10%). En el 60% de los casos de violencia de género, el agresor ha consumido alcohol como sustancia que facilita desinhibir la conducta. Y el 33% de los adolescentes que acude al médico de familia se ha emborrachado en el último mes.
Cirrosis y cardiopatías
Cuando los médicos de familia intervienen por un problema de alcohol, unifican la cantidad de bebida por unidades, que llaman UBE (unidad de bebida estándar). Una UBE contiene 10 gramos de etanol. Un vaso de vino y una cerveza equivalen a una UBE y una bebida destilada a dos. El consumo de riesgo en los varones es igual o superior a cuatro unidades y en las mujeres a dos. Hay que tener en cuenta el daño general que el abuso de alcohol provoca, ya que es responsable de unas 60 enfermedades. No es sólo una enfermedad psiquiátrica, sino que produce daños como la cirrosis hepática, las cardiopatías, la hipertensión y los trastornos neurológicos.
El daño cerebral
El alcohol afecta de manera directa al cerebro. Cuando hay un consumo crónico, el cerebro se ve atacado por varios frentes: la intoxicación directa, la abstinencia posterior, los posibles accidentes vasculares, la posible embriaguez y la alimentación insuficiente que acompaña a la ingesta excesiva. El alcohol produce un aumento de los ventrículos y de los surcos cerebrales, es decir, aumentan los huecos y disminuye la masa. Esos cambios pueden solucionarse con la abstinencia, pero el restablecimiento es sumamente lento.
Disfunción del conocimiento
Uno de los últimos estudios realizados midió el espacio  intracraneal no ocupado por el cerebro en 26 fallecidos alcohólicos y los comparó con 44 casos control. El espacio era mucho mayor entre los alcohólicos, sobre todo en los más afectados. Esa atrofia cerebral puede provocar disfunción del conocimiento, anormalidades oculares, dificultades de marcha y fallos en la memoria reciente. Aunque esta medición es difícil, hay síntomas inequívocos, como dificultades del lenguaje, duda en la localización de las palabras, movimientos inconexos y lagunas en la memoria.