Adolescentes, cómo convivir con ellos

Ya no son esos locos bajitos, ahora son ellos los que vuelven locos a los padres con sus cambios de humor y su rebeldía sin causa. Pautas para afrontar esta etapa.

Son rebeldes, demasiado arriesgados, a menudo poco amigos de la higiene y el orden y mucho de la mentira y son capaces de sacar lo peor de los padres, a quienes alteran. Son los adolescentes, esa etapa tan temida en la que surgen las fricciones más importantes con los padres.

Pero la adolescencia es también una etapa maravillosa si la saben vivir bien ellos y vosotros. ¿Lo ves imposible? No lo es. Sigue los consejos de la psicóloga Isabel Álvarez. Lo primero de todo es entenderles. “Adolescentes ha habido siempre –explica–, es una etapa llena de tormentas internas, con una gran fluctuación de las hormonas, que antes sufríamos en silencio porque teníamos miedo a la autoridad. Ahora exteriorizan esas emociones que les están introduciendo en el mundo adulto como los primeros enamoramientos, la lucha por la independiencia, la preocupación por el aspecto físico...”.
Comunicación, respeto y negociación

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Otro paso importante por parte de los padres es entender que hay que iniciar una relación diferente con ellos en la que todos estén dispuestos a negociar y se respeten... si no, el chaval va a ser contínua fuente de conflictos.

Eso sí, la negociación tiene unos límites. Siempre debemos tener presente que ellos están en la transición al adulto pero los padres ya son adultos y tienen que dar una imagen positiva para que les imiten.

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Los padres deben mantener unas pautas y una estabilidad de criterio y seguir junto a ellos, no tirar la toalla, porque lo aprecian, aunque no lo reconozcan.

Aprende a mirar en positivo la adolescencia, una etapa en la que son curiosos, espontáneos, divertidos y, aunque en ocasiones nos odian, también son muy cariñosos. Con su curiosidad y su sentido del humor, también enseñan a ver algunas situaciones de otra manera.
Cuándo acudir al psicólogo

Si la relación se desborda, es momento de pedir ayuda, no enfocando la situación en él sino como un problema de relación, con un “yo no te entiendo tú tampoco y necesitamos pautas para una nueva relación”.