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Cayetana y Alfonso: Cita de enamorados en Sevilla

 La duquesa de Alba y su amor recorrieron cogidos de la mano los lugares más turísticos de Sevilla, rezaron ante el Cristo de los Gitanos y se escaparon al campo.
La duquesa de Alba llevó a Alfonso Diez a conocer la Iglesia de los Gitanos, en Sevilla

La duquesa de Alba llevó a Alfonso Díez a conocer la Iglesia de los Gitanos, en Sevilla

 

Perfectamente maquillada, como recién salida de la peluquería y con un brillo de ilusión que hacía mucho tiempo no asomaba a sus ojos, la duquesa de Alba paseó su amor con Alfonso Díez Carabantes por Sevilla. Era la primera vez que la pareja posaba junta, lo que se considera un auténtico desafío, un nuevo gesto de la duquesa en defensa del que considera un amor verdadero.

 

Nada parecen importarle los 25 años de edad que les separan, y mucho menos el qué dirán. La aristócrata, de 82 años, está feliz, se muestra convencida del amor de Alfonso –“él es magnífico en todos los sentidos y me quiere”, ha dicho– y parece cada día más firme en su deseo de contraer matrimonio.

 

Cayetana está dispuesta a casarse por tercera vez y convertir en duque de Alba consorte a este funcionario del Instituto Nacional de la Seguridad Social, adscrito al Ministerio de Trabajo, de 57 años, que le ha devuelto la ilusión y ha confesado estar enamorado de ella desde hace más de 30 años.

 

La pareja ha vivido unos días muy intensos, recuperando el tiempo perdido, pues hacía tiempo que no se veía. La cita de enamorados comenzó el miércoles 1 de octubre por la tarde, cuando Alfonso Díez llegó a la estación del AVE de Sevilla. Llevaba una bolsa de viaje, lo que daba a entender sus intenciones de pasar unos días en la ciudad. En Santa Justa lo esperaba Manolo, el chófer y hombre de confianza de la duquesa de Alba.

 

Por la puerta principal de Dueñas
Poco después, por la puerta principal y en el asiento trasero del coche de su novia, Alfonso hacía su entrada en el Palacio de Las Dueñas de la capital hispalense, en el que la duquesa lleva instalada los últimos meses. El funcionario, que había pedido una semana de vacaciones, entró en el Palacio de Las Dueñas a paso ligero y seguro de sí mismo. Esa noche, Cayetana y su enamorado cenaron en la intimidad. Al parecer, la sobremesa se alargó hasta casi la madrugada. Al día siguiente les esperaba una jornada muy ajetreada, pues la duquesa quería enseñarle a su amor los lugares de Sevilla a los que ella les tiene tanto cariño.

 

En la mañana del jueves, la duquesa dio orden de que no le pasaran llamadas. Al parecer deseaba compartir esas horas con Alfonso sin interrupciones y planear la que sería su primera aparición pública. Horas después, vestida con juveniles tonos, salió a dar un paseo en coche con su amor. Visitaron La Cartuja, rodearon la glorieta que lleva el nombre de la duquesa y terminaron parando en la capilla del Cristo de los Gitanos de Triana, que la propia Cayetana ha ayudado a restaurar y donde entraron a petición del público.

 

La jornada concluyó con una cena íntima
Allí, rezaron juntos ante la imagen y Alfonso estuvo charlando con los miembros de la hermandad. De repente se produjo un momento de confusión cuando al parecer alguien echó de la capilla al público y el chófer de la duquesa llamó a sus hijos asustado por si estuvieran casándose en ese instante. El jueves finalizó con una cena íntima en Las Dueñas en la que, al parecer, degustaron a solas empanadillas y leche frita.

 

El viernes, la pareja viajó hasta la finca que la duquesa tiene en el término cordobés de El Carpio, una de las 17 que posee, donde pasaron la jornada. De vuelta a Sevilla, volvieron a cenar en la intimidad y pasaron juntos la mañana del sábado. Encargaron pescados y marisco para comer y, a las cinco de la tarde, la duquesa acompañó a su amor a la estación de Santa Justa. Alfonso regresó a Madrid.

 

El domingo por la mañana, la duquesa recibió la visita de su hijo Cayetano y del sacerdote Ignacio Jiménez, que ofició misa en la capilla del palacio. Ella les explicó lo feliz que se siente y la compañía que le hace Alfonso, aunque, según sus íntimas, aún no hay fecha de boda.

 

Tras la misa, madre e hijo fueron a La Pizana, la finca que le regaló a Eugenia cuando se casó con Fran, y por la tarde, Cayetana, a quien el amor parece haberle devuelto las fuerzas, se fue al cine con unas amigas. El día 16, tomará un té con la Reina, como suele hacer un par de veces al año, y quizá también le confiese sus sueños de volver a pasar por el altar.


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