Las hijas de Marisa Medina relatan sus últimos momentos

La presentadora falleció el 11 de abril a consecuencia de un cáncer de colon e hígado contra el que luchaba desde hace años. Sus hijas lloran su muerte, olvidadas ya las rencillas familiares y más unidas a su padre, Alfonso Santisteban.

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Laura, Silvia y Alejandra son las hijas de Marisa Medina y Alfonso Santisteban. Las tres han vivido muy unidas a su madre los últimos días de su vida, especialmente Alejandra, de 35 años, que nunca llegó a independizarse. Es ella quien nos habla de Marisa y comenta su decisión de donar su cuerpo a la investigación, última voluntad que recogió la presentadora en un comunicado.

-¿Qué llevó a tu madre a donar su cuerpo a la ciencia?
-Como sus órganos no los podía donar porque no estaban bien, quería hacer algo útil y ayudar a investigar en la lucha contra el cáncer. Además, ninguna de nosotras somos muy creyentes y creo que nos quiso ahorrar el funeral, la incineración… Lo ha hecho por nosotras.

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-¿Os pedía que no llorárais?
-No quería vernos sufrir y nos pidió que, cuando no estuviera, hiciéramos un brindis por ella, nada de llorar, que la recordásemos siempre feliz. Siempre tuvo una visión muy positiva. Tenía una fuerza y una entereza impresionantes. Era ella la que nos dába ánimos y nosotras intentábamos que no nos viera mal.

-¿Cómo fueron sus últimos meses?
-Se había quedado muy delgadita y eso impresionaba mucho. Debió perder unos 18 kilos en el último mes y medio y casi 30 desde que enfermó. Pero no estaba mal. La última semana empezó a perder movilidad y a necesitar ayuda para todo. Los días que ha estado consciente los vivió maravillosamente bien y, cuando ya empezó a encontrarse mal, le pusieron morfina y no ha sufrido.

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-¿Os unió su enfermedad? ¿Olvidásteis los malos momentos?
-Cuando pasa una cosa así, se olvida todo lo malo, como sus etapas de juego, drogas, lo que sea. Haces un borrón y te centras en quererla y cuidarla.

-¿Solucionásteis los problemas?
-Tuvimos nuestras peleas, como todas las familias, pero, a raíz de la enfermedad, nos unimos muchísimo y no la hicimos culpable de nada ni le guardamos ningún rencor nunca.

-¿Vuestro padre, Alfonso Santisteban, os ha estado apoyando?
-Sí, pero él también está bastante fastidiado de salud. No sabíamos cómo decírselo porque a él todo lo de mi madre le afecta mucho. Cuando vimos que era cuestión de horas, le avisamos para que decidiera si quería venir y vino. El golpe fue tremendo para él, que la recordaba guapa, fuerte, grande. Y la encontró escuálida, esquelética, con la cara amarilla, fría incluso. Lloramos más al verle llorar a él. Fue una agonía para nosotros, no para mi madre.

-¿Tanto impacto le causó?
-Mi madre estaba muy deteriorada y mi padre se vino abajo. Él guardaba los buenos momentos, aunque también los ha tenido malos, pero, al final, se ha quedado con los buenos, por nosotras.

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“Cuando se lea este comunicado, yo ya no estaré en este mundo. No habrá tanatorio, ni entierro, porque he cedido mi cuerpo para investigación de la ciencia a la Facultad de Medicina. Recordadme siempre viva, vital, positiva y libre. Os espero”, dejó escrito la presentadora.