Enrique Ponce deja los ruedos por el escenario

Enrique Ponce se ha unido a una buena causa y ha cambiado por un día el albero por los escenarios del Teatro María Guerrero para recaudar dinero y destinarlo a la ONG Caídos del Cielo, que tienen como objetivo representar de cerca las personas que sufren, tanto física como psicológica o espiritualmente. Acompañado de su familia, el diestro dio lo mejor de sí mismo e interpretó una lectura dramatizada de ''La Argentinita''.

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El torero Enrique Ponce ha cambiado el albero por el teatro, pero todo por una buena causa. No es la primera vez que el diestro muestra una gran solidaridad con las buenas causas y, esta vez, no iba a ser menos.

Ponce se subió al escenario del Teatro María Guerrero, de Madrid, donde interpretó una lectura de la obra “La Argentinita: el 27 y los toros”, escrita por Diana de Paco Serrano y Javier Villán y dirigida por Santiago Sánchez. El beneficio recaudado con esta representación está destinado a la ONG Caídos del Cielo, quienes quieren transformar la vida a través del teatro, pues su principal objetivo es estar cerca de los que sufren, tanto física como psicológica o espiritualmente.

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El empresario Victoriano Valencia, suegro de Ponce; la esposa de éste, Paloma, y la primogénita del torero y Paloma Cuevas, de nombre Paloma también, de seis años, no quisieron perderse la representación del diestro. Su esposa no pudo asistir, ya que se quedó en casa cuidando a la benjamina de la familia, la pequeña Bianca, de dos añitos.

Ponce posó en la puerta del teatro junto a su compañero de profesión, Luis Francisco Espla. Ambos se han soltado en el escenario, por primera vez, para unirse a esta buena causa.

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El traumatólogo Ángel Manuel Villamor, quien ha operado al Rey en varias ocasiones, también tomó parte en esta lectura. En total fueron doce personas las que participaron en esta iniciativa, en la que se ha tratado la vida de la artista española la Argentinita, Encarnación López Júlvez, nacida a finales del siglo XIX en Buenos Aires, quien debutó a los seis años en San Sebastián y falleció en Nueva York en 1945 a los 50 años.