Eugenia Silva, embarazada, y su colega, Esther Cañadas, se va a casar

Esther Cañadas y Eugenia Silva siguen siendo noticia fuera de las pasarelas. La primera se acaba de prometer con un millonario empresario americano que le pedía matrimonio hace unos días en la catedral de San Patricio, en Nueva York. La segunda está esperando, a sus 37 años, su primer hijo, tras retomar este verano su relación sentimental con Alfonso de Borbón.

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Esther Cañadas, en busca del amor de su vida, ha decidido casarse con el millonario empresario americano, de origen indio, Vikram Chatwal. La pedida de mano, de lo más inesperada y romántica, tuvo lugar en la neoyorquina catedral de San Patricio.

Lo que en principio iba a ser una visita de la pareja al templo católico de Estados Unidos terminó en planes de boda. El adinerado empresario le pidió matrimonio y, ante el altar mayor de la catedral, la maniquí no pudo decir que no. La joven salió luciendo una sonrisa y un anillo con un diamante de 8,5 quilates.

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Al parecer, Cañadas y su prometido, que tiene una cadena hotelera de lujo, ya están volcados en los preparativos de la boda. Será el tercer matrimonio para Esther después de Sete Gibernau y Mark Vanderloo.

Eugenia Silva, por su parte, no piensa en boda, pero sí en pañales. La modelo, que a principios de este verano retomaba su relación sentimental con Alfonso de Borbón tras dos años distanciados, está embarazada. Eugenia y Alfonso esperan, de esta manera, su primer hijo. Sin duda, la mejor guinda posible tras su reconciliación.

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Es una de nuestras 'tops' más activas y así seguirá siendo. Mientras se lo permita su estado, la joven, que a sus 37 años se va a estrenar como madre, quiere continuar con su siempre ajetreada actividad profesional.

Conocemos el embarazo de Eugenia poco después del de su amiga, Amaia Salamaca. La modelo y la actriz compartieron este verano vacaciones en Bali junto a sus respectivas parejas, Alfonso de Borbón y Rosauro Varo. A su vuelta, ambas han regresado con un bebé bajo el brazo. Y es que las buenas noticias nunca vienen solas.