Las claves del inquietante crimen de Asunta

Asunta habría cumplido 13 años este 30 de septiembre. En esta jornada sus amigas y compañeras han recordado a la niña lista, sonriente y feliz cuya vida le arrebataron presuntamente sus padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra, ya en prisión. El padre ha confesado que echó pastillas (Orfidal) en la comida de su hija el día de su asesinato. Pero, según el juez en el auto de prisión, cree que se encontraba con su madre cuando murió.

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Rosario Porto y Alfonso Basterra, los padres adoptivos de Asunta Basterra, la niña de 12 años de origen chino que fue hallada asesinada por asfixia y sin oponer resistencia, según la autopsia, en la madrugada del domingo 22 de septiembre en un camino rural de Teo (A Coruña), se encuentran en prisión comunicada y sin fianza en la prisión de Teixeiro. Allí esperan a que el juez instructor José Antonio Vázquez Taín decida, en función de los resultados del informe toxicológico sobre la víctima, si cambia la imputación de ambos por un presunto delito de homicidio a otro de asesinato.

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La diferencia en la imputación supone que en el futuro juicio ambos se enfrenten a una pena de un año a 15 de prisión por homicidio (muerte de otra persona voluntaria o involuntaria sin alevosía, ensañamiento y concurrencia de precio) o a una superior de 15 a 25 años por asesinato (muerte con algunos de los agravantes anteriores). Los análisis determinarán si la muerte por asfixia de la cría fue premeditada, ya que en la orina se detectó presencia del sedante Diazepán, el mismo principio activo que consumía Porto por sus episodios de ansiedad y con el que la niña podría haber sido sedada para facilitar su asesinato.

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El padre ha confesado ya que disolvió Orfidal en las albóndigas con champiñones que puso de comer a su hija el día de su asesinato. Sin embargo, el juez cree que Asunta se encontraba con su madre cuando murió, según el auto de presión.

La nueva versión de la madre

El magistrado decretó prisión comunicada y sin fianza para ambos después de escuchar cómo la madre, la abogada Rosario Porto, y después el padre, el periodista Alfonso Basterra, se declaraban inocentes del delito de homicidio. Porto, en concreto, además de negar haber matado a su hija, entró en contradicción con el relato de los hechos que ella misma hizo ante la policía cuando denunció la desaparición de la menor.

La madre acudió a las diez y media de la noche del pasado sábado 21 de septiembre a la comisaría para denunciar la desaparición de su hija, a la que había dejado haciendo los deberes escolares en el piso de Santiago mientras ella se ausentaba de 19 a 21:30 horas para hacer compras y recoger unos bañadores en su chalé de Teo. En su denuncia también habló de un "hombre extraño" que en julio entró en su domicilio para tratar de asfixiar a Asunta, lo cual no comunicó en aquel momento a las autoridades.

El viernes 27 de septiembre, después de que el juez le mostró imágenes de las cámaras urbanas, pasadas las ocho de la tarde, en su coche con la niña en dirección a Teo, Porto rectificicó y dijo que se había llevado a la niña con ella y que cuando en realidad perdió su rastro fue a su regreso a Santiago. La imputada aseguró que dejó a Asunta en la plaza del Doutor Puente Castro, el cruce en el que confluyen las dos calles donde vivían la pequeña con su madre, por un lado, y el padre, por otro, tras separarse hace un año.

Según la nueva versión de la imputada, ahí perdió la pista a la niña hasta que su cadáver fue localizado con signos de violencia en un camino a cinco kilómetros del chalé familiar. La declaración de la madre choca también con la versión de un vecino de la casa de campo, que dijo haberse encontrado a la mujer saliendo en coche del chalé sola de Teo y muy apresurada: “Tengo prisa, voy a recoger a la niña”, le dijo sobre “las nueve menos cuarto y las nueve menos diez” de la noche. Ya había oscurecido y por eso aconsejó a Rosario Porto que “encendiera las luces del coche, porque las llevaba apagadas”.

Su declaración ante el juez duró tres horas y las cámaras de los fotógrafos y de vídeo pudieron captarla desde el exterior ante el micrófono gesticulando, compungida y contestando a las preguntas del juez hasta que alguien se percató de que las cortinas de la ventana de la sala estaban abiertas. Su exmarido compareció ante el juez durante una hora.

En la imagen, ambos tras su declaración.

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La confesión de la niña en verano: ''Mi madre me quiere matar''

La investigación sigue centrada en reunir pruebas que demuestren el grado de implicación de los padres de Asunta en el homicidio, mientras que el móvil ha pasado a un segundo plano, una vez que ha quedado aparcada la teoría de que la niña era la heredera del testamento de su abuelo, quien, incluso, podría haber sido asesinado por Porto y Basterra. Se sigue barajando, no obstante, el móvil económico ya que la madre tendría problemas monetarios. De hecho, hace nueve meses puso en venta la impresionante finca cerca de la que apareció muerta la niña. Poco después, retiró el cartel.

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En concreto, las pruebas se centran en testimonios de testigos, como los de dos profesoras de la academia privada de música a la que acudía la niña que han declarado ante la Policía que el 16 de julio Asunta llegó muy aturdida a clase y, cuando le preguntaron qué le ocurría, les desveló que su madre le había dado pastillas y les confesó que “mi madre me quiere matar”. Como nunca habían apreciado nada raro en la niña, a la que califican de alegre y aplicada, decidieron contárselo solo a los padres. Alfonso Basterra era quien siempre la llevaba y traía de clase.

Pocos días después del 16 de julio, su madre ingresó en el hospital para recibir tratamiento, según contó a sus amistades, de un agravamiento del reúma que sufre. Posteriormente, en el velatorio de la niña, relató a sus amigos presentes que “desde que salí del hospital, hace tres meses, estoy hundida en la depresión”.

(Sobre estas líneas, una imagen de Asunta en su blog)

Otro testimonio es el de la profesora de ballet de Asunta, quien el miércoles pasado recibió en su móvil un mensaje de Rosario diciéndole que la niña no podía asistir a clase porque había tomado muchas pastillas y estaba indispuesta.

Otras pruebas que se barajan en la investigación es la coincidencia entre un trozo de cuerda anaranjada que se encontró en las inmediaciones del cadáver y una bobina del mismo color que se ha encontrado en la casa de campo.

Rosario, una abogada muy conocida

La madre, una abogada muy conocida en Santiago que se formó en París y Londres ante de ir a la universidad en la capital gallega, es hija del reputado letrado Francisco Porto, que falleció en julio del año pasado y que fue durante décadas cónsul de Francia en la capital compostelana (ella le tomó el relevo desde 1997 a 2006), y de Socorro Ortega, catedrática de Historia del Arte y miembro de la Real Academia Gallega de Bellas Artes, que murió en 2011. Ambos legaron a Rosario una importante fortuna.

Tras la detención de Rosario, un día después llegaba la del padre, un periodista nacido en Bilbao que desarrolló parte de su carrera en Santiago y trabaja como freelance especializado en turismo. Alfonso Basterra se llevaba bien con todos sus compañeros, estaba muy pendiente siempre de la niña a la que llevaba y recogía en el colegio, y era muy apreciado. Los conocidos de la pareja coincidía en que tenía una gran dependencia de su exmujer, que tendría mucho carácter. ''Sospecho que pudo encubrir a su esposa'', confesaba el padre de Alfonso día atrás.

''Adoptar es para toda la vida'', decían

En el municipio nadie puede creerse lo sucedido. Era habitual ver pasear a los padres con su hija por Santiago de Compostela. Hace años, el entonces matrimonio, el primero en adoptar a una niña china en Galicia, dio una entrevista en televisión. Rosario y Alfonso se presentaban como un matrimonio volcado en la educación de su hija, que iba a baile y música; contaban emocionados las dificultades y beneficios de traer a su hija a España y recordaban que ''adoptar es para toda la vida''.

La niña, que habría cumplido 13 años este 30 de septiembre, era un cría feliz y aplicada, que iba un curso por delante del que correspondía y hablaba varios idiomas. Muy madura, también tenía un blog, que empezó a escribir tras la muerte de su abuelo, a quien estaba muy unida, y en el que escribía una historia de asesinatos. En su cumpleaños, la pequeña ha sido recordada por sus amigas con flores.