Cristiano Ronaldo, de las lágrimas de dolor a las de alegría

El delantero madridista, a pesar de retirarse lesionado de la final a los 20 minutos de partido y tras haber intentado continuar en varias ocasiones, levantó la Eurocopa como capitán de Portugal cumpliendo así uno de sus grandes sueños.

Lo más popular

El delantero portugués Cristiano Ronaldo tenía apuntado este domingo 10 de julio en el calendario como un día en el que poder cumplir el sueño que le faltaba: ser campeón con su país. Y el sueño se hizo realidad, no sin antes mucho sufrimiento.

A los 7 minutos de dar comienzo la final, el luso recibía un golpe del francés Payet que le dejaba K.O. Los gestos de dolor del portugués hacían pensar lo peor: Portugal, el menos favorito de los dos finalistas, se queda sin su estrella y goleador. 

Publicidad

El delantero, en varias ocasiones, intentó volver al terreno de juego para seguir disputando su segunda final con Portugal; sin embargo, tras varios intentos y entre lágrimas de impotencia, se vio obligado a pedir el campo.

Cristiano vio los 90 minutos de partido, sin goles, dentro del vestuario de Portugal, para salir al término del partido y animar uno a uno a sus compañeros, que tenían una prórroga por delante para hacer historia ganando a Francia una Eurocopa en su casa.

Lo más popular

Los portugueses contaron con una afición entregada aunque en clara minoría con respecto a los franceses. Y Cristiano, en particular, tuvo a su familia y amigos en el estadio parisino.

Su hijo, Cristiano Jr., no perdió detalle del partido aunque papá había tenido que salir en camilla del campo. Todo Saint-Denis aplaudía al delantero en ese momento, mientras su madre, Dolores Aveiro, comentaba en sus redes que la imagen de su hijo llorando le había roto el corazón.

Fan número 1 de su padre, el pequeño Cristiano después pudo ver a su padre llorar de alegría. Un gol de Éder en la segunda parte de la prórroga obraba el milagro. Portugal ha entrado en el selecto grupo de selecciones campeonas de Europa, y Cristiano, visiblemente cojo y con el brazalete de capitán de nuevo en su brazo, alzaba la copa al cielo de París.

Las lágrimas de Cristiano tornaron de dolor e impotencia por no seguir jugando uno de los partidos más importantes de su carrera deportiva, a alegría y felicidad tras verse campeón.

En 2004, en Portugal, la selección lusa perdía la primera final que disputaba, con un jovencísimo Cristiano Ronaldo sobre el césped. Doce años después, la misma historia, pero al revés, se repetía, saliendo derrotada Francia en su propia casa con un equipo que no parecía hacerle sombra.