"Después del fallecimiento de Rocío estuve psicológicamente muerto"
Nació: En Cartagena (Murcia), el 23 de diciembre de 1953, aunque desde muy niño vivió en San Sebastián de los Reyes (Madrid).
Familia: Se casó con Rocío Jurado el 17 de febrero de 1995. Enviudó de la cantante el 1 de junio de 2006. Ella aportó al matrimonio a Rocío Carrasco. Luego adoptaron a José Fernando y Gloria Camila.
Profesión: Debutó como torero en la plaza madrileña de Vistalegre. Tomó la alternativa en Zaragoza en 1974. Retirado de los toros en la actualidad, quiere volver en 2009.
Aficiones: Le gusta mucho el cante flamenco. En la actualidad concursa en el programa “¡Mira quién baila!”, que se emite los lunes por la noche en TVE.
Residencia: Se ha mudado a la finca “Yerbabuena”, situada en el pueblo sevillano de Castiblanco de los Arroyos. Aquí tiene su ganadería y ha destinado una zona dedicada a salones para celebraciones. También quiere construir un hotel.
No es ningún secreto que la muerte de Rocío Jurado sumió a su marido, José Ortega Cano, en una profunda crisis. Una pena que no sabía cómo combatir porque los recuerdos se hacían más vivos a medida que pasaba el tiempo. Dejar la casa de La Moraleja, donde vivió la pareja desde que contrajo matrimonio, acrecentó su tristeza. Sólo en sus dos hijos, Fernando José y Gloria Camila, ha encontrado consuelo el diestro de Cartagena.
El dolor desesperante de los primeros tiempos ha dado paso a una cierta tranquilidad de espíritu. Él mismo me lo cuenta en su finca “Yerbabuena”, Sevilla, donde vive con sus hijos.
-José, lo veo como si hubiera recuperado las ganas de vivir.
-Sí, porque después de la muerte de Rocío estuve psicológicamente muerto. Físicamente también he tenido mis problemillas, porque te descuidas, te abandonas.
-¿Cómo recuerda a Rocío ahora que ya ha pasado un tiempo prudencial desde su muerte?
-La recuerdo viva, como era antes de la enfermedad. Debe de ser que, desde donde se encuentra, me está ayudando.
-¿Concursar en “¡Mira quién baila!”, le ha ayudado?
-Me ha ayudado a salir del pozo en el que estaba. Me lo pensé mucho antes de aceptar porque ante todo soy un torero respetado por los toreros y por los aficionados, pero mi hermana Carmen y mi cuñada Gloria me animaron mucho. Me decían que era un programa muy bonito y acerté, porque todo el elenco me quiere.
-¿Ha descubierto algo que no supiera de usted?
-Que soy un poco payaso y bastante alegre. Recuerdo lo que un día me dijo una gitana: “Ahí va el torero de los ojos tristes”. Es cierto que lo soy, pero porque la vida me ha zurrado mucho.
-¿Que otras cosas le gustaría hacer?
-Un “sketch” imitando a Charles Chaplin, porque creo que lo haría bien.
-¿Sabe que es más difícil hacer reír que llorar?
-¡Si lo sabré yo! Pero bailar todas las semanas me ha ayudado mentalmente y ha mejorado mi condición física. De hecho, estoy pensando en torear el año que viene.
-¿No le preocupa competir con toreros más jóvenes?
-No. Ahora hay toreros buenísimos y diferentes. Ahí están José Tomás, Manzanares, Cayetano y Morante, pero estoy seguro de que también a ellos les gustaría torear con un veterano como yo. Eso lo hablábamos Rocío y yo porque los dos hemos tenido la suerte de conocer tres décadas del toreo y tres generaciones del cante.
-Para muchos, usted sigue siendo “el maestro”.
-Eso me gratifica, me enorgullece y me da ánimos.
-¿Ha recobrado la seguridad en sí mismo?
-Sí, aunque sé que no soy más que uno de los muchos que pasan por momentos difíciles y duros. Yo he tenido la inmensa suerte de estar quince años con una gran mujer, que me dio la vida, que cuando faltó sentí que yo moría también con ella.
-¿Tanto se amaron?
-Nos hemos amado profundamente. No está bien que lo diga yo, pero te voy a contar un detalle: hacer la última gala para TVE le costó mucho trabajo. Hubo un momento en que estaba abatida y yo no sabía cómo animarla. Le pedí a Mónica Naranjo que fuera a hablar con Rocío. A los dos meses de su fallecimiento me llamó para decirme: “Mira José, te llamo para que sepas que aquel día, Rocío me estuvo hablando todo el tiempo de ti y de lo que te quería”.
-¿La admiración es la antesala del amor?
-La nuestra fue mutua y eso acrecentaba el amor; coincidíamos en la forma de ser, de reírnos, también tuvimos nuestros enfados, pero se nos pasaba enseguida.
-Ella decía que usted era como el Ave Fénix.
-Lo soy. También soy frágil en muchas cosas, pero fuerte en otras.
-¿Sigue durmiendo en la cama de matrimonio?
-Lo hice el mismo día que enterramos a Rocío y estuve cerca de dos meses sin abrir la ventana del dormitorio porque no quería que se fuera su olor, era un olor muy especial, a manzana, que me recordaba a ella.
-¿Cómo llevan sus hijos la muerte de su madre?
-Veo muchas cosas de Rocío en mi niña Gloria. También a ella le gustan los limones recién cortados del árbol. Continuamente hablamos de su madre.
-¿Es difícil hacer de padre y de madre de dos adolescentes?
-Sí. Sé que no puedo ocupar el lugar de su madre, pero mi cuñada Gloria me ayuda con los niños. Siempre está pendiente de los estudios de José Fernando y de Gloria Camila. La verdad es que a las cosas que no llego me ayuda toda la familia.
-Respecto a sus hijos, los problemas que atraviesa la juventud son un añadido más.
-Ése es uno de los motivos por los que nos vinimos a vivir al campo. Aquí vienen los amigos los fines semana; nos vamos al cine, de compras. Mis hijos tienen una vida muy sana, de mente y espíritu.
-¿Por qué tenía tantas ganas de tener hijos si Rocío ya era abuela?
-Porque yo no los tenía y a Rocío le habría gustado tener un hijo mío, y a mí de ella. Hubo un momento en que tuve que decir a José Fernando y Gloria Camila que eran adoptados, pero ellos saben perfectamente que los quiero como si fueran biológicos.
-¿Le gustaría tener algún hijo más?
-Ya no estoy en edad de repetir una experiencia de este tipo, pues voy a cumplir 55 años, pero trato de mantener el espíritu de una persona joven.
-¿Qué sintió cuando tuvo que abandonar la casa de La Moraleja?
-Fue un momento muy duro, pero estaba deseando hacerlo. ¿Qué hacía yo allí no estando Rocío? Era un paso que tenía que dar por una serie de razones y lo di.
-¿Por qué vive en “Yerbabuena” y no en un piso en Sevilla?
-Porque adoro el campo, la naturaleza. Aquí encuentro paz y tengo una buena convivencia con la gente que trabaja en la finca. Somos una gran familia y eso me satisface.
-En la finca hay una zona destinada a las grandes celebraciones.
-Es una forma de rentabilizar los gastos. Tengo muchos proyectos, entre otros, construir un hotel.
-Se juega la vida por dinero y lo pierde en fincas y ganaderías. ¿No es un contrasentido?
-El campo no es un negocio, pero disfruto criando caballos y toros. No es muy rentable, pero me gustaría que mis hijos lo conservaran.
-¿Cómo es su relación con Rocío Carrasco?
-No hay la misma relación que antes porque Rocío, mi mujer, era como un pavo real. Ahora cada uno vive su vida. Ellos están en Madrid. Nos vemos menos, pero los niños hablan mucho con Rocío Carrasco. Tratamos de que los lazos no se rompan.
-¿Han solucionado ya los problemas de la herencia de Rocío?
-Con la herencia se ha hecho lo que Rocío quería. Yo ahora sólo me preocupo de si alguien de la familia está mal, porque siempre tendrán mi llamada y mi cariño.
-Después de Rocío, perdió a su madre.
-Sí, fue otro duro golpe. Viví con ella muchos años. Hasta que me casé. Fue una gran mujer, aún conservo la casa de Fuente el Fresno, en la que estoy haciendo mejoras, porque voy a menudo a Madrid y quiero conservarla para mí y para mis hijos.
-¿Volverá a los ruedos en 2009?
-Sí, estoy ilusionado con volver y me encuentro muy bien de salud. He encontrado a dos personas muy serias que me apoyan: Pedro Chicote y José María Garzón, que están enamorados de mi toreo.
-¿No le da miedo, teniendo como tiene, el cuerpo cosido a cornadas?
-Me da miedo, pero si lo pongo en la balanza, puede el disfrute. Tengo muchas cornadas y por dos de ellas estuve a punto de morir. Por eso creo que a mí ya no va a pasarme nada.
-¿Creyente o supersticioso?
-Pese a todo lo que me ha ocurrido en la vida sigo creyendo. Hubo algunos momentos en que la fe se me tambaleaba, pero después veía a Rocío, con una valentía tremenda y tan difícil de tumbar, que la recobraba.
-De aquellos meses, ¿cuál es la imagen más triste que conserva?
-Lo cansada que la vi un día de San Isidro. Le había preparado una pantalla de televisión gigante para que viera la feria, que tanto le gustaba. Iluso de mí. Creí que podría, pero me dijo que no tenía ganas de nada, que prefería que la llevara de nuevo a la cama. Fue la única vez que la vi cansada, porque nunca se quejó.
-¿Cómo va a pasar las Navidades??
-Voy a quedarme aquí. Haremos lo mismo que cuando vivía Rocío. Aunque a mí no me apetezcan las celebraciones están mis hijos.
-¿Si pudiera, qué borraría de su vida?
-Nada, tenemos que acomodarnos con lo que Dios nos asigna. Para mí, los quince años que he vivido con Rocío han sido una maravilla. Y eso que mi vida no ha sido un camino de rosas, porque me ha costado mucho conseguir las cosas. He tenido subidas y bajadas anímicas. Ahora es cuando yo veo que estoy resurgiendo.
-¿En qué piensa cuando se levanta por la mañana?
-En vivir; en seguir viviendo día a día. Me gusta ver amanecer.
-¿Ha pensado en volver a compartir su vida con una nueva pareja?
-De momento estoy bien con la gente que tengo conmigo. Es lo que a Rocío le gustaría: verme contento, haciendo feliz a mis hijos y que la casa no esté llena de oscuridad, sino de luz.
-Usted ha ganado algunas batallas, ¿cree que ganará la guerra?
-No lo dude. Ahora es cuando estoy viendo la gran fuerza que hay dentro de mí. Hace apenas unos meses no tenía ganas de moverme, ni de ver a nadie. Ahora estoy deseando bailar, ir de aquí para allá, viajar, torear. Aunque he vivido momentos muy duros, voy recobrando la calma y las ganas de vivir poco a poco.