Cómo evitar que el bebé se sobresalte

En el mundo al que acaba de llegar, todo es nuevo para él. Actúa así para conseguir que se sienta seguro.

Cómo ayudar al recién nacido a acostumbrarse al mundo sin sobresaltos
ShestockGetty Images

Cuando un bebé nace, todo le resulta extraño. Y es que ha pasado 9 meses en el interior de su madre, donde todos los sonidos y sensaciones eran diferentes.

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Midsection of father carrying newborn son while standing by window at hospital
Cavan ImagesGetty Images

Es lógico que al principio el bebé se asuste

Cuando el bebé abandona el cuerpo de su madre, deja de sentir los límites del lugar donde se encuentra y esto le produce una desagradable sensación de inseguridad, de que “se va a caer” (por eso da respingos a menudo, sobre todo mientras duerme). Además, le molestan la luz y los sonidos a los que todavía no está habituado y el cambio de temperatura entre el organismo materno (36 ºC) y el exterior (unos 24 ºC) le hace sentirse muy vulnerable y desprotegido.

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A todo ello se suman las maniobras del médico, el contacto de su piel con la ropa, el traslado de una sala a otra, la sensación de hambre, que no conoce... Con este cúmulo de sensaciones nuevas, lo raro sería que el recién nacido no se sobresaltara a menudo.

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Medidas para que el bebé esté tranquilo

Por todo ello, durante los tres primeros meses de tu hijo (es lo que suelen tardar los bebés en sentirse plenamente a gusto en el mundo exterior), debes cuidarle con especial delicadeza. Esto no significa que le metas en una burbuja de cristal, pero sí que tomes ciertas precauciones en tu trato habitual con él:

- Cógele y déjale en el moisés o en el cochecito con movimientos suaves. Si lo haces muy deprisa, tendrá sensación de vacío y se asustará mucho.
- Dale la toma en cuanto la reclame, para que no se ponga ansioso. A partir de los 3 o 4 meses podrás habituarle a un horario menos agobiante, pero de momento es él quien manda.
- No le pases rápidamente de un cuarto oscuro a otro que tenga mucha luz.
- Evita también los cambios bruscos de temperatura y las corrientes de aire.
- No pongas la tele demasiado alta cuando él esté en el salón.
- Vístele con ropa de tejidos naturales, como el algodón, que no le rocen ni le opriman y le permitan moverse a gusto.
- Acuéstale en un moisés o en una minicuna, en lugar de hacerlo en una cuna grande. Al ser un espacio más reducido, se sentirá más seguro.
- No dejes que la gente le despierte para ver el color de sus ojos ni permitas que se lo pasen de unos a otros.

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Tus brazos reconfortan al bebé

Hasta que tu hijo controle mejor su cuerpo, necesita refugiarse en tus brazos, que contrarrestan los efectos de la gravedad y le ofrecen cariño y protección (si haces amago de soltarlo, abrirá los brazos y las piernas en un intento de agarrarse a ti para no caerse; es el denominado reflejo de Moro). También le gusta mucho que le mezas, porque el vaivén le recuerda a su vida intrauterina, cuando era acunado constantemente por tus movimientos, y además le ayuda a desarrollar el sentido del equilibrio, que aún tiene muy inmaduro. Si le acurrucas contra tu hombro izquierdo, mejor, porque sentir los latidos de tu corazón, que le resultan familiares, le da calma y seguridad.

coger al bebé recién nacido
Nick StevensGetty Images

Por todo ello, coge a tu hijo tanto como te apetezca (hasta después del primer año no hay riesgo de malcriarle), pero eso sí, cuando estés tranquila. La piel es el órgano más importante en la transmisión y en la recepción de las emociones y si el pequeño nota que tú estás a gusto, no tardará en sentirse como tú: relajado, feliz y ajeno a los sustos.

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