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Una vida sin estrés

Irritabilidad, problemas de sueño, dolores de cabeza, tristeza... Si sientes que el estrés está minándote, ponle freno antes de que la situación empeore.

El estrés laboral afecta en España a más del 40 % de las personas asalariadas y al 50 % de los empresarios. Es la segunda causa de incapacidad temporal.

El trabajo no es la única causa de estrés: relaciones tensas, conflictos familiares, perder un ser querido, una ruptura, tener nuevas responsabilidades como casarse o tener un hijo, deudas, un despido o una enfermedad también son motivo de estrés.

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Todas las personas padecen estrés en algún momento de su vida, el problema es cuando se vuelve crónico, lo que acarrea enfermedades o empeora las ya existentes.

Los síntomas varían en función de las personas: desde ansiedad, tristeza, problemas de sueño, irritabilidad o confusión hasta problemas estomacales y en la piel o dolores de cabeza. También hay quien se excede con la comida, bebida, tabaco u otras drogas.

Cómo combatirlo 

Aunque el estrés puede ser bueno en momentos puntuales (por ejemplo, tienes una prueba importante y te motivas más para prepararte mejor), hay que aprender a controlarlo. Para ello, te recomendamos:

-No quieras llegar a todo. En esta sociedad  tendemos a sobrecargarnos de obligaciones.

-Duerme bien: El cuerpo y la mente necesitan descansar siete u ocho horas diarias. Levántate con tiempo para no empezar el día corriendo y planifica la jornada.

-Cuídate: Además de cuidar tu alimentación y evitar alcohol, tabaco y cafeína, haz deporte, ríete y mímate, haciendo vida social y dedicándote tiempo para ti.

-Relájate: practica yoga, escucha música, cuida tu respiración... Necesitas, al menos, tres respiraciones profundas al día.

-Resuelve los problemas cuando surjan y recuerda que las derrotas son momentáneas.

-Pide consejo. Si ves que el estrés te come, pide ayuda. Más inf. en dkvseguros.com

Los niños también se estresan

Como los adultos, los niños también padecen estrés. Los pequeños se enfrentan a las transiciones de una etapa de su vida a otra; además, les afectan, como a los mayores, los problemas familiares o en el colegio, el ritmo acelerado del día a día o, como en esta época del año, enfrentarse a nuevos cambios.

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Los síntomas pueden ser físicos o psíquicos: dolores de cabeza o estómago, problemas para dormir, especial sensibilidad, tristeza, indiferencia, despiste, irritabilidad, miedos recurrentes... Para combartir el estrés, hay un trabajo tanto como por tu parte como por la suya. Hazle sentir seguro y querido en casa; sé empático, escúchale, entiéndelo y sé tolerante; has de estar atento a sus signos de estrés y proporciónale las herramientas para solucionar sus problemas. Además, ayúdale a abrirse a los demás y a relacionarse; a practicar deporte y a aprender a quererse.

En ellos, como en los adultos, la alimentación saludable y variada y un buen descanso son fundamentales.

La comida, una aliada

La alimentación es uno de los pilares contra el estrés. Haz dieta mediterránea y tómate tu tiempo para comer, masticando despacio.

Además, hay ciertos alimentos que te ayudarán a mitigar el estrés. Incorpora a tu día a día frutas y verduras ricas en vitamina B y C (espinacas, brócoli, tomates, naranja, kiwis...); lácteos, carnes magras, pescados azules, cereales y pan integrales y perejil como condimento.

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