"Ojalá siga viva la curiosidad de la Reina Letizia, a pesar del protocolo", por Ángel Antonio Herrera

La Reina Letizia, que ha conquistado el corazón de millones de españoles, cumple 46 años. Ángel Antonio Herrera ha aprovechado para felicitarla por su cumpleaños en una época marcada por las luces y las sombras en la Familia Real

La reina de España se llama Letizia Ortiz Rocasolano, según pone en el “deneí”. Un día fue periodista, y luego ha vivido en Zarzuela, previa boda. Si nos ponemos licenciosos, diríamos que hay dos Letizias, la particular, hasta el matrimonio con Don Felipe, y luego la princesa, que ya es reina. Pero en rigor, sólo hay una, que cumple 46 años el 15 de septiembre.

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Uno, si hace balance, encuentra que se ha conseguido un consenso, en su oficio, con lo que ya no es Letizia, sino Doña Letizia, con reverencia de majestad. Quiero decir que se opina mucho sobre su figura, y no sólo a propósito del mayor o menor acierto indumentario, mientras ya no prospera tanto la censura urgente, y acaso maliciosa, como antaño. A Letizia le criticaban igual el abuso de los tacones como su ausencia. Igual el ánimo aupado que el más o menos convaleciente, aunque ella es de espíritu con tacones altos. Es un cruce, a veces, de curiosidad y protocolo. Y a veces puede más la curiosidad.

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Me consta que ha vivido con zozobra los episodios difíciles de la monarquía, desde el show de Urdangarin hasta los traspiés de Don Juan Carlos, pero ahí está, con empaque de mujer de carácter firme y forjado. Luego está la zona de “corte y confección”, claro, ese rato de escaparatismo que incluye su empleo, que no es un rato sino la vida entera. Por ahí, le han endosado a veces el afán de alumna del estilo de Rania de Jordania. No llegaría uno a decir tanto, pero tampoco toca hoy el discutir las semejanzas, que sospecho que no le hacen gracia. Hay quienes se ocupan en detallar biografías paralelas, que lo son y no lo son, según la urgencia con que se mire.

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Pero a lo que íbamos. Está a lo suyo y ha logrado una fina lámina, entre la distinción y el nervio, entre la joya justa y el color pastel o menta. Eso, y los modelazos rojos que a veces se ha marcado, con triunfos de apoteosis.

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