Javier Sardá: “El secreto para estar bien es no estar gordo, tener pelo y cerrar la boca”

El popular presentador nos habla de su nuevo libro, 'Adiós, muy buenas', y su regreso a TVE con 'Juego con niños'.

Javier Sardá
Fernando Roi

Si la cara es el espejo del alma, los ojos de Javier Sardá brillan con la ilusión de hace 30 años, cuando debutó en Televisión Española presentando 'Juego de Niños', un concurso que se basaba en las definiciones que hacían los pequeños de las cosas cotidianas. De eso hace tiempo, de ahí el interés que ha despertado su vuelta a TVE entre quienes lo recuerdan con nostalgia, aunque ya nada sea igual, ni siquiera los famosos que participan, algunos de los cuales no habían nacido y otros apenas levantaban un palmo del suelo como Elena Furiase, Marta Hazas, Ana Guerra o el actor Alejo Sauras.

Javier se presenta a nuestra cita en el Hotel Suecia de Madrid, con un nuevo libro: 'Adiós, muy buenas', en el que narra la vida cotidiana de un pequeño cementerio del litoral español.

¿Por qué ha elegido un cementerio y no un lugar más animado?

Porque hace tiempo que venía pensando que era una buena idea situar esta historia en un cementerio pequeño, cercano al mar, donde corre la brisa y hay cipreses. Un sitio lleno de erotismo, de vidas, con gentes tan reales como nosotros, en el que aparecen también las personas que les recuerdan. Son pequeñas narraciones en las que el lector sabe que alguno de los protagonistas acabará dentro, en el hoyo.

¿Tanto le atrae la muerte?

Es un tema atómico que me atrae desde pequeño porque es un tanto insólito. Yo todavía tengo estupefacción infantil.

¿Eso qué es?

Un sentimiento que me venía cuando estaba en la cama, que me producía vértigo y extrañeza de estar vivo, lo que no deja de ser un milagro. He intentando encontrar una respuesta lógica a la muerte y no la he encontrado.

¿Deberían enseñarnos a mirarla como algo natural?

Sin duda, porque la muerte es un drama para quien se queda pero no para quien se va, y es la razón por la que estoy cansado de que en Oriente nos tengan que enseñar tantas cosas, entre otras que la gente es feliz.

¿No lo son?

Yo he estado en la India, en Asia, y he podido constatar que la gente no sonríe tanto como dice, al contrario, hay unos dramas brutales, igual que los que hay en cualquier otra ciudad del mundo, o en África, sin ir más lejos. En estos asuntos nadie nos tiene que enseñar nada porque todos sabemos lo que significa que muera un ser querido.

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Un drama del que las religiones sacan pingües beneficios.

Por supuesto. Mira, si el Vaticano tiene razón en lo de la vida eterna, se pasarán toda la eternidad recordándonos lo gilipollas que hemos sido por no creerles. En cambio, quienes no creemos que haya otra vida, no podremos recriminarles nada, porque no hay nada.

¿Está convencido?

Totalmente. Y ahora te pregunto: ¿Qué había antes de nacer? Nada, pues allí es donde iremos todos, con una salvedad: no tendremos opción de nacer. ¿Tú sabes la de cosas que han tenido que pasar para que ese espermatozoide llegue donde tiene que llegar y que de ahí nazcas tú?

¿Está a favor o en contra de la eutanasia?

Yo estoy a favor de que quien no quiera morir y prefiera que se le apliquen todo tipo de terapias, lo firme. La diferencia entre Suecia y Dinamarca, respecto a la donación de órganos, por ejemplo, es que en Suecia es del 80% y en Dinamarca es del 20%.

¿Por qué esa diferencia?

Porque en Suecia, cuando te sacas el carnet de conducir te dicen: Si usted no quiere ser donante ponga una X y en Dinamarca es lo contrario: si quiere ser donante ponga la X. Tiene lógica: por eso en cuanto a la eutanasia, hay que aprobar una ley para todo el mundo en la que se explicite bien qué, y quien no quiera que se la apliquen, que lo firme.

¿Qué ha sentido al volver a TVE con “Juego de niños”, que presentó hace 30 años?

Estoy disfrutando muchísimo: no olvides que con este programa debuté en televisión, quizá por eso, a mi edad sólo podía volver a un plató con “Juego de niños”. Se trata de un programa blanco, familiar, con el que me lo paso muy bien, porque me ha retrotraído a 30 años atrás, toda una vida.

Con una experiencia que no tenía cuando comenzó.

Imagínate, cuando me propusieron hacerlo en 1998 dije que no porque yo venía de Radio Nacional de España, había ganado un Ondas y sabía, a través de Rosa María Sardá, mi hermana, y de José María, de La Trinca, lo que era ir a un restaurante y que te mirase todo el mundo. Y me daba vértigo, además pensaba que yo servía para la radio y no para televisión.

¿Qué diferencia hay entre los niños de entonces a los de ahora?

Ahora los niños son niños de pantalla. Les sientan con la tablet y saben cosas que ni tú ni yo sabemos. Saben mucho de lo virtual pero nada del mundo real, mientras que los niños de finales de los 90, veían los telediarios con sus padres, porque no había otra cosa. Por eso sabían cómo se llamaban los políticos del momento, o Sara Montiel. Ahora ven lo que quieren ver y se comunican entre ellos.

¿Hemos retrocedido?

No, retroceder nunca, en general no se retrocede, ahora los niños son la leche, su cerebro es brutal, a los pocos meses de nacer tocan la pantalla con sus deditos para moverla, eso supone una revolución brutal. ¿Tú te acuerdas cuando trabajábamos en la radio?

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Fernando Roi

Cómo no me voy a acordar, si lo pasábamos genial.

Nada que ver con las redacciones de ahora. Entonces el ruido era infernal, los teletipos echaban humo, ahora el silencio es casi absoluto, y no apagan la luz porque las redacciones están activas las 24 horas, ya que tienen que introducir en la web las noticias que llegan.

Qué triste ver a una pareja cada uno pendiente de su móvil.

Antes tampoco hablaban tanto, miraban al plato o la vela pero hablar, se hablaba poco.

Dicen las encuestas que ahora la soledad es mayor.

No estoy de acuerdo, ahora la tecnología nos ayuda a no estar solos. Tú y yo hoy no hemos hablado pero a través del móvil hemos quedado, cambiado la hora de la cita... Ahora es más fácil.

¿Nunca es tarde para incorporarse a las nuevas tecnologías?

Yo, al principio, cuando estaba en Radio Nacional, veía a mi equipo pasar de las máquinas de escribir eléctricas a los ordenadores pero sin Internet, porque no había. Me propuse aprender y les preguntaba cómo tenía que hacer, igual que hice después con los simuladores de vuelo.

¿Sigue pilotando?

Sí, tengo en casa un simulador de vuelo de La cena de los idiotas. Un Boing 737. En el libro hay una escena en la que la enana es la única que se salva.

Le ha echado mucha imaginación.

Quizá porque al trabajar siempre con equipos amplios, tantos años en la radio, en la tele, cuando escribo me gusta estar solo, y esos momentos son lo más parecido a lo que siente la gente que hace yoga. Yo sería incapaz de hacer yoga, pero sí de aislarme y escribir.

¿Maniático?

Escribo por la mañana una hora más o menos, eso al cabo del año es mucho tiempo, por eso este libro lo he disfrutado tanto.

¿Escribir le gusta más que hacer televisión?

Es diferente: escribiendo estoy solo; en televisión estás rodeado de gente. Ahora estoy con otro libro sobre soñadores anónimos porque me gusta la idea de esa gente que quiere tener sueños realistas lógicos.

¿No echa de menos la radio?

No, porque soy poco nostálgico, colaboro con Julia Otero pero nada más.

¿Pasa página fácilmente?

Sí, no me gusta recrearme en el pasado.

Y de la política, ¿qué le gusta?

Colaborar en La Sexta es un privilegio, me apasiona. Si vas a Grecia, a Barcelona, o a Canaletas, verás a viejos discutiendo de todo. Es algo muy mediterráneo.

Javier Sardá
Fernando Roi

¿Por qué estamos tan crispados?

Lo bueno de nuestra edad es que tenemos respuestas. Los portugueses se levantan por la mañana, van a trabajar, vuelven a casa, se acuestan siendo portugueses, nosotros no. Yo que soy y vivo en Barcelona veo que el frasco de las esencias se abre cada día, y unas veces somos catalanes, otras europeos, ahora del procés, ahora no.

¿Viven en continua esquizofrenia?

Claro, por eso envidio a los portugueses.

¿El problema catalán tiene arreglo?

Kissinger decía que hay problemas que no tienen solución. Se refería a la crisis árabe-israelí. Y lo decía Kissinger, con el poder que tenía. En el Reino Unido, Cameron, el peor presidente de la historia europea, casi pierde Escocia y luego convoca un referéndun que creía que iba a arrasar y pierde. El Brexit es un problema inventado que ya no tiene solución, pues con el tema catalán hemos llegado a un punto de difícil solución.

¿Tantos independentistas hay?

Sólo Junqueras ha sacado el 39% en las generales. Es un conflicto que no tiene solución, es más, creo que a nosotros nos llamará Nuestro Señor a la vida eterna y seguiremos con el procés.

¿Cómo es la convivencia entre unos y otros?

Entre dramatizar la convivencia y decir que no pasa nada, hay un trecho. Hay intimidación de los independentistas contra quienes no lo son. Unos se dan cuenta y otros no, pero existe. En Barcelona me han llamado de todo por no ser independentista, no todo el mundo, pero algunos sí: eso es intimidación. ¿Violencia?, no. ¿Un problema? Sí.

¿En las familias ocurre igual?

No se habla de según qué temas.

Visitó a Junqueras en la cárcel, ¿para qué?

Porque el proceso judicial contra los políticos independentistas lo es para los independentistas y para los que no lo somos, y para todos los españoles porque nos ha puesto en una situación grave. Está claro que los independentistas subvertieron las leyes, pero sin violencia, fue un inmenso error y así se lo dije a Junqueras. Espero por el bien del país y de la convivencia que las sentencias sean mínimas.

¿Corre riesgo la democracia?

Es indudable que estamos en el período más largo de democracia de la historia de España, pero también es verdad que estamos en plena crisis territorial, porque hay gente que dice que hay que romper con España. Pues háganlo, pero lo hicieron y les salió mal. Ningún Estado, ni Francia ni Alemania, ninguno te diría que muy bien.

¿La crisis aceleró los cambios que están teniendo lugar en España?

A Vox le ha ayudado el independentismo, y Rajoy creyó que no haciendo nada se solucionaban los problemas. La solución no es fácil, pero la inanición los agrava.

¿Habla catalán en la intimidad?

Sí. Cuando era pequeño, la profesora saludaba en catalán, y se despedía igual, pero la clase la daba en castellano porque estaba prohibido hablar en catalán, de manera que yo pensaba que en todos los idiomas se hablaba en catalán y castellano.

¿En su casa qué hablan?

Ana, mi mujer, es castellano parlante, porque sus padres eran andaluces, y mis hermanos y mis amigos hablan catalán. Unos son independentistas y otros no.

¿Qué busca en esta etapa de su vida?

Calma: ya no tengo ganas de empezar largos viajes, pero sí me interesa la calma porque es lo más parecido a la felicidad.

¿Es lo que le proporciona Ana?

Sí, sí, porque estamos muy bien juntos.

¿Dónde le gustaría perderse con ella?

En Canet de Mar, está cerca de Barcelona, desde donde se ve Ibiza. Canet de Mar es el sitio que más me gusta, y donde solemos pasar media semana.

¿Quién es Javier Sardá?

Javier Sardá
Fernando Roi

Nació en Barcelona, el 16 de abril de 1958.

Estudios: Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Trayectoria: Comenzó su andadura profesional como cronista musical en varios periódicos de Cataluña. A los 19 años obtuvo una beca en RNE, donde dio vida al señor Casamajor. Durante varios años presentó “La Bisagra”, en RNE y más tarde “La Ventana” en la Cadena Ser, programa que dejó para presentar “Crónicas Marcianas” en Tele 5, con el que obtuvo un Ondas y 10 TP de Oro, además de la Rosa de Plata del Festival de Montreaux y el Premio de la Academia de Televisión como Mejor Comunicador de programas de entretenimiento. Actualmente colabora en La Sexta. Ha escrito varios libros, el último “Adiós, muy buenas”, Ed. Espasa Calpe. Treinta años después de presentar en TVE “Juego de Niños”, ha retomado el famoso concurso en el que participan famosos y niños.

Familia Está casado con Ana Gutiérrez y tiene una hija de una relación anterior.

La foto favorita de Javier Sardá

Javier Sardá

“Esta nueva versión de 'Juego de Niños' me gusta, porque aunque nos hayamos hecho mayores, todos somos niños”.

Entrevista realizada en el Hotel NH Collection Madrid Suecia. C/ del Marqués de Casa Riera 4, Madrid.

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