Ana Obregón sufre una falsa gastroenteritis en el estreno de 'Ven a cenar conmigo: Gourmet Edition'

Desde que entró por la puerta de la casa de Lucía Etxebarría hasta el final de la velada, Anita la lió parda unas cuantas veces... ¿pero y lo bien que nos lo pasamos qué?

Si nos llegan a asegurar que nos íbamos a reír tanto con 'Ven a cenar conmigo: Gourmet Edition', quizá no nos lo hubiéramos creído, y es que el estreno del programa en su edición VIP ¡ha dado momentazos para recordar desde el comienzo hasta el final! En especial la gran Ana Obregón, que allá donde va, triunfa...

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La noche, sin embargo, empezaba algo tensa con Lucía Etxebarría como anfitriona y estresada a más no poder: "Que vengan a cenar a casa me estresa. Si tuviera espíritu de 'coach' me lo tomaría como un reto, pero no es el caso. No estoy yo para aguantar tonterías", señalaba antes de que llegaran sus invitados. "Cocinar bajo presión es como estar en Guantánamo y sé que mi casa no les va a gustar. Todo el mundo me dice que está desordenada y es un caos, pero yo aquí encuentro la inspiración, me genera creatividad", añadía Lucía.

Cuando empezaron a llegar todos, los roces comenzaron a surgir, sobre todo con Anita, a la que parece que Lucía no le sonaba demasiado: "Estuviste firmando a mi lado en Sant Jordi", le recordó Lucía, aunque luego, en las entrevistas personales, ahondó en el tema: "Fue la experiencia más humillante de mi vida porque ella firmó muchos más ejemplares que yo". ¡Cuánto resquemor!

Además, lo mejor de la noche fue cuando Ana aquejó una reciente gastroenteritis ("Estuve ayer ingresada") que le impedía comer nada, una historia que nadie se creyó, y que luego ella explicó muy pícara: "Había un montón de platos, pero no te sabría decir ninguno, eran indescriptibles", decía a cámara. "La pinta era rara, no sé el sabor, no me he atrevido", explicaba.

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De hecho, a ninguno de los comensales les hizo demasiada gracia la comida, y hasta Lucía acabó reconociendo que todo había sido un desastre. Un menú con reminiscencias árabes que consistió en tabulé, hummus de harina de garbanzo y ensalada de quinoa como entrantes, y falso quiche, además de tajín de palo (con falsa carne de soja) acompañado de arroz con curry y espinacas. ¡Qué manjar...!

Tampoco faltó un postre (del que Ana tampoco probó bocado): tarta de galletas "de toda la vida de Dios", apostilló Lucía.

Los momentazos que dio Ana pasaron desde comentar que no tenía saldo en el móvil (¡saldo! ¡En 2018!), poner mala cara al llegar los platos o tirarse toda la noche cambiándole el nombre a Víctor Janeiro por el de su hermano, Jesús, hasta que Rappel le indicó, ya harto, cual era el verdadero nombre del torero.

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Eso sí, lejos de ponerse roja como un tomate (algo que haría cualquier hijo de vecino), ella se echó unas risas y se quedó más ancha que larga. ¡Por algo la apodan 'Anita la Fantástica'!

Otro de los momentos cumbre de la noche llegó con la gran idea de Ana de cotillearle la casa a Lucía mientras ella daba los últimos toques a la cena en la cocina. ¡Menuda es! Ese, o intentar liar a Víctor con la anfitriona, cuando él ya está felizmente casado con Beatriz Trapote. ¡Mira que no investigar un poquito de cada uno antes de llegar al programa...!

Al final, sin embargo, todo salió estupendo a pesar de los roces y los momentos incómodos... pero esto no ha acabado aquí, porque en el siguiente programa ¡será Rappel el anfitrión en su inmenso ático en el centro de Madrid!

¿Cómo reaccionará Lucía al casoplón, que nada más empezar ya auguró que a sus invitados no les iba a gustar su casa? ¿Comerá algo esta vez Ana Obregón o se "inventará" una embolia?

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