Irene Villa consigue su sueño: espera su tercer hijo

Desde que Irene y Juan Pablo decidieron unir sus vidas, la casa de la periodista tiene un olor y una luz especial. El olor de sus hijos, Carlos y Pablo, recién salidos de la ducha y la luz de los ojos de Irene cuando les mira. Un regalo de la vida a una mujer que desde niña ha tratado de seguir adelante, sin odio, superando cada una de las barreras que ha encontrado en su camino, que han sido muchas y algunas muy dolorosas, pero que le han servido para fortalecer su personalidad. Irene ha hecho otro sueño realidad y ya espera su tercer retoño..

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Desde que Irene y Juan Pablo decidieron unir sus vidas, la casa de la periodista tiene un olor y una luz especial. El olor de sus hijos, Carlos y Pablo, recién salidos de la ducha y la luz de los ojos de Irene cuando les mira. Un regalo de la vida a una mujer que desde niña ha tratado de seguir adelante, sin odio, superando cada una de las barreras que ha encontrado en su camino, que han sido muchas y algunas muy dolorosas, pero que le han servido para fortalecer su personalidad. Irene ha hecho otro sueño realidad y ya espera su tercer retoño..

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''Siempre he querido una niña''

Objetivo cumplido. Irene Villa está esperando su tercer hijo. Junto a su marido, Pablo Lauro, quería formar una familia numerosa y ya está en camino: espera su tercer hijo. Su mayor deseo, que sea una niña.

-¿Carlos y Pablo son su mejor regalo de Reyes, Irene?
-Por supuesto, estoy agradecida, feliz, porque creo que la vida me ha compensado con creces con la llegada de mis hijos. He pasado por mucho dolor, no sólo por el atentado, sino por una operación que me hicieron para tener mejor calidad de vida y poder esquiar con mis piernas, lo que me ocasionó una infección que duró cuatro años.

-¿Cómo vive el presente?
-Estoy en una etapa muy espiritual porque después de mucho esfuerzo y compromiso, doy gracias a Dios por lo que me ha dado.

-Ahora que tiene dos chicos, ¿entiende el amor de madre?
-Totalmente, pero lo que yo pretendo es que quienes no puedan ser madres biológicas puedan adoptar.

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Mi hermana estuvo años intentando adoptar

-Tema que aborda en su último libro.
-Sí, porque conozco muchas mujeres que han adoptado y tienen una relación plena con sus hijos. No sin trabajo, porque un hijo es lo mejor pero exige mucho.

-¿Por qué el tema de la adopción?
-Porque mi hermana, que es tres años mayor que yo, estuvo muchos años intentando adoptar en China, hasta que de repente se paralizaron las adopciones y, como otras en su misma situación, sufrió mucho. Entonces me puse en su piel y quise contar su experiencia, y también borrar la mala imagen que tenemos de las casas de acogida.

-¿No son tan lúgubres como las describen?
-No digo que no haya algún caso de maltrato, y que en algunas no estén hacinados, pero lo que yo he visto es lo contrario. A esos niños les cuidan personas comprometidas que han estudiado Psicología, o trabajan en Servicios Sociales, que dan su vida por ellos. 

-¿Se magnifican los escándalos y minimizan las buenas obras?
-Justo he estado en Palma de Mallorca con el director de la Fundación Nazaret, que es la que me inspiró el libro, y me dijo que habían tenido una movida con un chico y lo que salió en Prensa fue una foto que nada tenía que ver con lo que había ocurrido.

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Juan Pablo llegó cuando menos lo esperaba

-¿De eso va su libro 'Como el sol para las flores'?
-Lo que pretendo es exaltar la dignidad humana, que nadie vulnere tus derechos, aunque seas un pobre muerto de hambre o tus padres se maten delante de ti.

-¿La maternidad exige un compromiso de los padres?
-Lo importante es no desesperarte si no puedes ser madre, y tampoco si el niño te sale guerrero, porque los niños tienen su personalidad. Y es entonces cuando tú tienes que ayudarles a solventar sus problemas, inculcándoles valores como el trabajo, la educación...

-¿En algún momento pensó que no podría tener hijos?
-Todas lo pensamos, pero como mi madre se ha pasado la vida diciéndonos a mi hermana y a mí que lo mejor de su vida éramos nosotras, qué otra cosa podía desear más que ser madre. Aunque tuve una etapa que como no tenía una relación sentimental estable, abandoné la idea.

-¿Para hacer qué?
-Había terminado mis tres carreras, empezado en el equipo de esquí, viajaba por todo el mundo, me sentía muy segura de mí misma, y no volví a pensar en ello.

-¿Fue entonces cuando apareció Juan Pablo?
-Sí, llegó cuando menos lo esperaba. Le conocí en Madrid, en un evento de deporte adaptado al que él fue con una amiga común que quería enseñarle cómo gente discapacitada hacía deporte. Y según dice, se quedó obnubilado con mi mirada faraónica.

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Flechazo en la segunda cita

-¿Fue el típico flechazo?
-Para él sí, para mí no, porque yo estaba en otra onda. Vi que me miraba y me pareció muy descarado por su parte, más habiendo ido con mi amiga.

-¿Qué pasó después?
-Me llamó por teléfono varias veces, hasta que nos volvimos a encontrar en otro evento, y ahí sí me cayó genial. Tanto, que estuvimos hablando toda la noche, riéndonos, y entonces empecé a mirarle con otros ojos, le vi más guapo, encantador, deportista...

-¿Ha pensado cómo contará a sus hijos el atentado que sufrió?
-Lo tenía clarísimo hasta que el otro día casi me toca contárselo. Cuando me preguntó por qué no tenía dedos, me quedé paralizada y sólo acerté a decirle que los tenía en casa, y ahí quedó la cosa.

-En algún momento tendrá que decirles la verdad...
-Mi temor es que como todos los días están poniendo en televisión escenas de muertos por atentado, es que vivan con miedo. También tengo la ventaja de que no ven odio en casa, ni resentimiento.

-¿Cuántas veces soñó con el fin de ETA?
-Imagínate, fue en octubre de 2011 cuando se cumplían 20 años del atentado, el mismo mes que me quedé embarazada de Carlos. Fue cerrar un círculo, una señal de Dios. Me dio igual que hubiera prescrito el delito, yo era feliz porque iba a tener un hijo.

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Me pidió matrimonio una noche de luna llena

-¿Cree en el destino?.
-Sí, prueba de ello es que mis hijos están aquí y todo es el resultado de aquel encuentro. A los siete meses de conocernos me llevó a Buenos Aires, y en Cabo Corrientes me pidió matrimonio, una noche de luna llena.

-¿Qué le aportan sus hijos?
-Todo, a veces cuando les miro me pongo a llorar, porque no se puede ser más feliz de lo que somos. Los hijos son una fuente de felicidad pero también de compromisos, de retos. La gente que se deprime, es porque le falta estímulos.

-¿Usted de dónde saca tanta fuerza?
-De ver la vida como un regalo, no como un castigo. En España somos muy de sentir fascinación por los fracasados y sospechamos del que tiene éxito. Nos gusta ir de víctimas y eso es lo que yo he desechado.

-Quizá no nos preparan para las dificultades.
-A veces el dinero no sólo no te da la felicidad sino que te destroza. Conozco casos de personas que han triunfado pero que no son felices. Y otros que sin tener tanto lo son mucho, porque lo más valioso está en nuestro interior, en nuestra sonrisa. Yo apuesto por contagiar el virus de la alegría a todos los que están a nuestro alrededor.

-¿Cómo va su Fundación?
-Muy bien, estamos en pleno proyecto de la Fundación Irene Villa en Oviedo y en Madrid. Sólo el año pasado vendimos 700 flores (dulces), que fueron a Dama Asturias y Alarde, con el fin de dar formación para personas con discapacidad intelectual.

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A mi padre siempre le he tenido en un pedestal

-¿Algún otro proyecto más?
-Hacer productos riquísimos en forma de flor, adornados y empaquetados por discapacitados intelectuales.

-¿Estas iniciativas deberían cubrirse con dinero público o privado?
-Se necesitan las dos cosas. En mi caso la iniciativa privada me ha ayudado mucho, porque me han enseñado a esquiar, a bucear... Son más eficaces.

-¿De dónde saca tiempo para atender tantos frentes?
-Es cuestión de organización. Normalmente, me levanto para arreglar a Carlos y llevarlo al autobús, después me pongo a escribir al tiempo que cuido del pequeño. Y por la tarde, si no tengo eventos, espero al mayor para jugar y bañarme con ellos.

-Escribir requiere silencio, concentración...
-Cosas que no tengo, porque no soy escritora, lo que sí logro es concentrarme para entregar los trabajos a tiempo.

-Decía Virginia Wolf que las mujeres necesitamos un lugar propio.
-En mi casa siempre hay gente, pero yo necesito ese espacio para mí sola, lo saben mi marido y madre.

-Nunca habla de su padre ¿por qué?
-A mi padre siempre le he tenido en un pedestal, de él he heredado su forma física y atlética, su pasión por el deporte, su físico, su risa y buen humor. Es una persona con sentido común y ganas de exprimir la vida.

-¿Y su hermana?
-Es diferente, ella se parece más a mi madre. De lo que estoy contenta es de la relación de mi padre con sus nietos, con los hijos de mi hermana y los míos. Le adoran porque juega mucho con ellos.

-¿A quién admira de tanta gente como ha conocido?
-A los Reyes, Felipe y Letizia, porque siempre que me ven, me demuestran cariño y admiración. Hay muy buena química, igual que la hay con la Reina Sofía.

(Entrevista realizada en casa de Irene Villa. vestido y collar, de Teria Yabar).

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Mi foto favorita

"Esta foto me gusta porque es la imagen de la felicidad. Estamos en Sierra Nevada, y nos la hizo el fotógrafo Javier Carrascosa", confiesa Irene Villa.

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Ficha y firma de Irene Villa

Nació En Madrid, el 21 de noviembre de 1978.
atentado A los 12 años sufrió un grave atentado de ETA junto a su madre. Hasta 2007 fue delegada en Madrid de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

Formación Licenciada en Periodismo por la Universidad Europea de Madrid. Tiene estudios de Psicología, Humanidades y Comunicación Audiovisual.
libros En su primer libro, “Saber que se puede”, contó su experiencia personal. En su último, “Cómo el sol para las flores”, de la editorial Espasa, reflexiona sobre las adopciones.

Trabajo: Actualmente es comentarista del programa “La Linterna”, de la Cadena Cope, y tiene su propio blog en la revista “Yo dona”. 
Ha sido galardonada con numerosos

Premios: Antena de Oro por su trabajo en la cadena 13TV; Premio Niños de Europa, y Micrófono de plata, entre otros. Fue candidata al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y Premios de la Victoria, en Estados Unidos.

Familia El 4 de junio del 2011 se casó con Juan Pablo Lauro. La pareja tiene dos hijos, Carlos y Pablo.

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