Carlos Sobera: "Mi mujer y yo hablamos demasiado de trabajo, pero nos llevamos muy bien"

El presentador abre su corazón y sus vivencias a Rosa Villacastín.

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Guillermo Jiménez

Si el mundo es de los valientes, a Carlos Sobera le pertenece un trocito de esa tarta por su arrojo en un momento tan crítico como el que estamos pasando y que ha obligado a muchos de sus compañeros de profesión a tirar la toalla ante las dificultades que entraña dedicarse hoy a la interpretación. Una situación a la que él planta cara comprando el Teatro Reina Victoria. Es uno de los más castizos de Madrid, con cien años de antigüedad, situado en un lugar privilegiado, junto al Congreso de los Diputados, y por el que han pasado los más grandes de la escena española.

"Solo quería gestionar el tearo, pero la mejor manera de hacerlo era comprándolo"

Dígame, ¿hay que ser muy valiente o muy osado para adquirir un teatro en los tiempos que corren?
Las dos cosas, ya que a veces en la vida no te queda otra alternativa que seguir adelante. En mi caso, he tenido que pedir un crédito para meterme en esta aventura, porque la realidad es que yo no quería comprar, quería gestionar el teatro, hasta que descubrí que la mejor manera de hacerlo era comprándolo y es lo que hice.

¿Lo pensó mucho antes de tomar la decisión?
Si me he metido en esta aventura es para tener un lugar donde trabajar y no andar siempre a la búsqueda de un teatro, y de paso para dar la oportunidad a muchas compañías que no tienen fácil acceso a las salas en Madrid, así puedan trabajar.

¿Es rentable un negocio de este tipo?
He hecho números por activa y pasiva, con IVA y sin IVA, pero lo principal en esto, como en todo en la vida, es tener suerte, montar buenas funciones, que la gente lo llene, y si todo va bien, poder rentabilizarlo. Para conseguirlo hay que hacer una función principal, además de monólogos, programas infantiles los fines de semana, doble programación en verano, tanto a las 8 como a las 10... No hay otra manera porque con una única función no lo rentabilizaría nunca.

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"Empecé a interesarme por la interpretación en el colegio"

¿Una sala así exige buenas obras?
Exige mucha responsabilidad, precisamente porque tiene un gran patrimonio artístico y la historia pesa mucho. Por aquí han pasado los grandes dramaturgos del Siglo XX de nuestro país y eso nos obliga a hacer buenos montajes, lo que no siempre es fácil.

¿Empezar con Lola Herrera es sinónimo de éxito?
Cuando empecé a preparar la programación no tuve duda de que tenía que hacerlo con ella. Coincidía todo, que se celebraban los 50 años de 'Cinco horas con Mario', la obra de Delibes, que ella había cumplido los 80 años en el escenario... Eran muchas circunstancias las que se daban para que todo marchase sobre ruedas. Es tanto el éxito, que ya le he dicho que no se puede marchar.

¿Ha hecho realidad el sueño de su vida?
Todos los actores soñamos con esto, pero lo cierto es que cuando vives el día a día no se te ocurre pensar en comprar un teatro. Yo, al menos, no lo hice. Igual que puede ser un éxito, se puede convertir en una pesadilla.

¿Qué tiene el teatro para que imponga tanto respeto?
El contacto directo con el público es mágico. La gente lo sabe y lo vive de una manera distinta a cómo ver la televisión. Es la esencia de todas las artes, donde un artista se puede sentir Dios durante una hora y media.

¿Lo dice por propia experiencia?
Yo empecé a interesarme por la interpretación en el colegio. Al llegar a la Universidad formé mi propio grupo. Siempre me ha interesado el teatro.

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"No tengo valor para participar en un reality"

Pero el éxito le llega con la televisión...
Porque el éxito en la televisión es inmediato, tiene una espontaneidad y una frescura que no tienen ni el cine ni el teatro.

¿El público qué demanda?
En general prefiere la comedia, porque es la manera que tienen de hacer catarsis, de distraerse de sus problemas, pero si le ofreces un buen drama, lo disfrutan mucho.

¿Qué tal se le da hacer de celestino en 'First Dates', en Cuatro?
En esta profesión hay que reinventarse continuamente, y era el momento adecuado para salir de los concursos. El cambio ha sido de 180 grados y lo estoy disfrutando mucho. Lo peor que le puede pasar a un actor es morir de éxito, de ahí la importancia de variar, de probar otros registros...


¿Ha sentido ese miedo escénico del que tanto habla Valdano?
No, para mí era importante salir de mi zona de confort y enfrentarme a nuevos retos porque eso me estimula. Es la única forma de crecer profesionalmente.

¿Participaría en un reality?
No tengo valor. A mí no me cuesta exhibirme, la cámara es como mi hermana... pero participar en un reality, no. La gente que va, se desnuda emocionalmente, algo que yo no sería capaz de hacer.

¿Es parte del éxito?
Viendo un programa así aprendes a comportarte, porque lo que hace la gente es un reflejo de lo que es este país.

¿Qué le ha sorprendido más de los concursantes?
Unos me sorprenden por torpes y otros por hábiles, pero en general hay cosas que se repiten: las primeras preguntas son si estudias o trabajas, la edad y dónde vives. Me llama la atención que hablen de sus ex pero que no escuchen al contrario.

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¿Las cámaras no les condicionan?
Se comportan como si nada, ni siquiera cuando están en el cuarto de baño y empiezan a besarse.

¿Eso sólo a los jóvenes?
Todos. Están llegando parejas maduras y hacen lo mismo, aunque quizá se cortan un poco más.

¿Qué lectura saca de todo esto?
Que en las relaciones humanas tienes que aprender a ser honesto y sincero porque las mentiras se vuelven contra ti.

¿Siempre quiso ser actor?
Estudié Derecho porque mis padres querían que hiciera una carrera y era la que menos me disgustaba. No me arrepiento, pero a los cinco años hablé con los curas para leer una frase en la misa. No sé de dónde me viene la afición.

¿Las cosas eran más fáciles?
Ni mucho menos. Cuando empecé no había escuelas de teatro y entrar en los circuitos era casi imposible porque no había las redes públicas de teatro. En cambio, ahora cualquiera puede hacer publicidad, televisión, cine, teatro... todo es más fácil.

¿Cómo era el Madrid de entonces?
Vine ya de mayor. Tuve la fortuna de que trabajando en la televisión vasca se interesasen por mí Antonio Cuadri y César Benito para hacer "Al salir de clase".

¿La suerte hay que trabajársela?
Las dos cosas, porque ésta es una profesión para todos los días.

No todo han sido éxitos...
Como todos, he tenido fracasos. En televisión el tópico "el éxito tiene mil padres y el fracaso ninguno" se cumple.

¿Y se le da demasiada importancia?
De los fracasos hay que recuperarse.

¿El éxito se le ha subido a la cabeza?
No. Supongo que porque esto es una noria que igual que subes, bajas. Los éxitos son muy relativos, por eso lo importante es cómo te sientes contigo mismo.

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"Cuando mi hija hace pucheros se me parte el corazón"

¿Es un disfrutón?
Un poco sí, no sólo porque es una forma de ganarme la vida, también porque es una forma de vivir la vida.

Madrid, Bilbao y Barcelona...
Vivo entre las tres y no me he vuelto loco. Es lo que hay. Donde me encuentro mejor es donde están mis raíces, mi familia, mis amigos...

¿Qué le falta cuando viaja?
Nada, la sensación de familia la llevo siempre conmigo, aunque esté en una tienda de campaña en mitad del campo.

¿Qué sabores y olores no ha olvidado de su infancia?
El pan con miel, nueces y azúcar que me preparaba mi madre. Tampoco el olor a puchero cuando estaba en el colegio.

¿Qué tal se le da la cocina?
Como buen vasco, fatal. Soy la excepción que confirma la regla. Prefiero disfrutar de la comida a hacerla.

Que Patricia, su mujer, trabaje con usted, ¿facilita la relación?
Facilita que nos entendamos en cuestiones de trabajo, aunque a veces perjudica porque hablamos demasiado de trabajo. Pero nos llevamos muy bien.

¿Qué le gustaría dejar a su hija Natalia en herencia?
Valores, que aprenda a ser trabajadora, generosa, empática, solidaria, a trabajar en equipo y sobre todo que estudie para que tenga las suficientes herramientas para afrontar la vida.

¿Sabe ya lo que quiere ser?
Es bastante actriz, es muy extrovertida. Físicamente se parece a su madre porque es la guapa. De carácter, a mí.

¿La protege demasiado?
No. Por razones de trabajo no la veo lo que me gustaría, pero cuando estoy con ella tiendo a no protegerla mucho. No me gusta que sea ñoña y que consiga las cosas por conseguirlas, procuro que sea natural.

¿Qué es más importante, la calidad o el tiempo que se dedica a los hijos?
La calidad. El tiempo que les dediques, que se lo dediques plenamente, porque es muy enriquecedor. Cuando tienen 5 o 6 años, desean tenerte al completo y cuando te vas de viaje, como es mi caso, es un poco traumático. Pero a medida que van creciendo van disfrutándote más porque forma parte de la vida que sus papás trabajen.

¿Tiene sentimiento de culpa por no estar más a su lado?
Lo tendría si no la hiciera caso, si no la quisiera, si cuando hace pucheros no se me partiera el corazón. Pero eso no ocurre.

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En pocas palabras

¿Se cuida?
No lo que debiera, ya que soy diabético tipo 2.

¿Donde te perderías?
En Perú o México, mis dos lugares favoritos.

¿Aventurero?
Tengo el espíritu, pero no cuerpo de aventurero.

Tiene casa en Marbella...
En Benahavís, donde cargo las pilas.

¿Cómo liberas tensiones?
Oyendo música clásica o a los Beatles.

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La firma

Nació en Baracaldo, provincia de Vizcaya, el 11 de agosto de 1960.

Estudios Se licenció en Derecho por la Universidad de Deusto.

Trabajo Ejerció como profesor de Publicidad de la Universidad del País Vasco hasta 1997. Entonces, junto al crítico teatral Pedro Barea, fundó el "Aula de Teatro", donde realizaba labores de interpretación, dirección y producción. En 1994 empieza a trabajar en "Euskal Telebista" como guionista de "Boulevard".

Fama Se hace famoso cuando conduce en Telecinco el concurso "50 por 15. ¿Quiere ser millonario?"

Televisión Aterriza en Antena 3 en 2004 con "¿Hay trato?". Cuatro años después ficha por TVE para conducir "Los mejores años de nuestra vida".

Actualidad Presenta en Cuatro "First Dates".

Cine Se estrena con "Rigor Mortis", de Koldo Azkarreta.

Libro Ha escrito "Los mil errores más comunes del lenguaje".

Familia Desde 2006 mantiene una relación estable con Patricia Santamaría, con la que tiene una hija.

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Mi foto favorita

"El plácido sueño de mi hija", comenta Carlos sobre esta imagen. Se llama Natalia y nació fruto de su relación con Patricia en abril de 2008.

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