Almudena Cid: ''Mi marido, Christian, tiene una mente privilegiada"

La ex gimnasta se adentra en el mundo de la interpretación y la literatura infantil habla sobre sus nuevos proyectos en una entrevista a Rosa Villacastín.

Almudena Cid y Rosa Villacastín

La ex gimnasta, que se adentra en el mundo de la interpretación a las ordenes de Peris-Mencheta y da sus primeros pasos en la literatura infantil, habla sobre sus nuevos proyectos en una entrevista a Rosa Villacastín.

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Almudena no tiene miedo de experimentar

Si tuviera que definir en pocas palabras a Almudena Cid diría que es un torbellino que irradia energía y felicidad. Una mujer que disfruta con lo que hace, ya sean grandes proyectos o interpretaciones en las que no siendo la protagonista consigue que el público, sus compañeros de reparto, y el propio director de la obra la respeten y admiren por sus ganas de experimentar, por su humildad, siendo como es una triunfadora, capaz de abandonar la gimnasia rítmica, donde brilló con luz propia, para adentrarse en el difícil mundo de la interpretación y la literatura infantil.

Casada con el presentador y escritor Christian Gálvez, juntos forman una de las parejas más atractivas y queridas del panorama mediático español.

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"Me han criticado por la oportunidad que me han dado"

¿Trabajar junto a Peris-Mencheta es un regalo que le ha hecho la vida?

Sobre todo porque nunca pensé que me iba a dar esta oportunidad un director del que he visto todas sus obras por la manera tan original que tiene de plasmar situaciones.

¿Le llamó él, se presentó a un casting, cómo fue el encuentro?

Me llamó al móvil, yo iba conduciendo, de la emoción tuve que parar. Me preguntó si tenía libre unas determinadas fechas. Le dije que sí y fue cuando me comentó que me enviaría el guión de "La cocina", porque quería que interpretara a Molly. Si te soy sincera no me he atrevido a preguntarle qué vio en mí.

¿Qué tiene en común con usted?

Muchas cosas porque ambas pasamos de un extremo al otro para olvidarnos de los problemas. Para mí es más fácil darle vida cuando es feliz que cuando llora y se desespera. Pero ha sido muy bonito interpretarla, porque el publico se emocionaba y reía cuando ella peor lo estaba pasando.

¿Ha descubierto algo de usted que no supiera?

Ha sido importante ser valiente cuando no lo soy. Evadirme para estar centrada en mi papel, algo que aprendí con el deporte, donde en 90 segundos me lo jugaba todo, tenía que defender mi trabajo y estaba sola. En el teatro todo es más placentero.

¿Los aplausos suenan diferentes?

Cuando competíamos teníamos la mala y la buena suerte de que la gente se desahogaba mientras nos estaba viendo. Si te ibas a lanzar gritaban, y eso te enseña a aislarte del sonido exterior para que sólo te puedas concentrar en la música, en lo que estás haciendo. Una herramienta que practico es que he aprendido a protegerme.

¿De qué o de quien?

De la crítica, porque es un deporte que se supone que tienes que dejar a los 20 años. Yo conseguí no dejarme llevar por los comentarios para poder seguir haciendo lo que era mi vida, y eso que en aquella época no había tanta actividad en las redes sociales. Ahora todo te llega al instante, es por lo que intento protegerme.

¿Lo ha conseguido?

Sí. Hay gente que lleva muchos años en la profesión y yo, que apenas llevo ocho, ya he aterrizado en el Centro Dramático Nacional. La oportunidad me la han dado, no lo he decidido yo, lo que provoca críticas, algunas duras, pero es algo con lo que hay que acostumbrarse a vivir.

¿Diría que esta obra le ha marcado?

Mucho, y por eso me da pena la cantidad de gente que se ha quedado sin verla. Gente de la profesión que no ha podido disfrutar de lo que hemos creado, incluso profesionales de la hostelería con el rifirrafe que se organizaba en esa gran cocina. Ha sido mi estreno en teatro y estoy muy orgullosa.

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"Ángela Molina o Lola Herrera son un referente para mí"

¿La disciplina del deporte le sirve como actriz?

-Por supuesto, Peris-Mencheta sabía que yo no le iba a fallar, ni a nivel físico ni a nivel profesional. Tenía que sacar 7 comandas y eso para alguien sin experiencia en la restauración es un gran esfuerzo y luego tenía que bailar también, todo un récord.

Dejó la gimnasia rítmica cuando estaba en lo más alto.

Así fue, por eso te decía que gracias al deporte he podido afrontar este reto de forma tan repentina, si no, hubiera sido imposible. Piensa que yo estoy acostumbrada a salir ante 8.000 espectadores, si a eso sumas los que me veían desde su casa, las sesiones de maquillaje y peluquería, de vestuario, la diferencia no es tan grande.

¿Qué ha aprendido fuera de las competiciones de élite?

Muchas cosas, todas gracias a los compañeros, a su capacidad de análisis, a las notas que tomaba Pepe Lorente para ver después dónde estaban los fallos y cómo corregirlos, un actor que además de tener al grupo en alerta es un crack. Es en ese tipo de gente en los que yo me fijo.

Me sorprende su humildad.

¿Por qué, por reconocer que tengo que prepararme, estudiar, para seguir en este oficio? Es lo normal, lo que haría cualquiera que se encontrase en mi misma situación. Estoy acostumbrada a luchar, a entrenamientos duros, no creo que esta obra vaya a ser la panacea para seguir trabajando pero sí que como grupo hemos sorprendido a mucha gente.

Transmite vitalidad y positivismo, ¿cómo lo consigue?

Yo creo en el movimiento, no me gusta estar parada. De hecho, cuando dejé la gimnasia lo pasé fatal porque pasé por un estado de mucha soledad, no porque no tuviera gente, mi familia me apoyaba, pero me faltaba lo más importante, la gimnasia. Un agujero difícil de llenar.

¿A qué se aferró en esos momentos de cambio?

A la suerte que tenía por todo lo que me había dado el deporte, que me permitió conocerme a mí misma, saber cuál es el umbral del dolor, mi propio umbral de exigencia... Es por lo que estoy agradecida a los 21 años que pasé haciendo deporte. Razón por la que me aventuré a comenzar una nueva etapa convencida de que tenía la energía y el bagaje para ser actriz.

¿No había nada que le inquietase?

Inquietarme no, al contrario, me tranquilizaba ver a mujeres, tanto en televisión como en cine o teatro con arrugas, algo que en la alta competición es imposible ver.

Me sorprende porque si algo penaliza son las arrugas y la experiencia.

Es cierto, pero hay actrices como Ángela Molina o Lola Herrera, que son un referente, un halo de esperanza para quienes empezamos. Es la razón por la que aprendí esgrima, a montar a caballo, y la única manera de seguir avanzando.

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"Debería haber disfrutado más de mi carrera"

¿La razón por la que escribe cuentos?

Para escribir los nueve cuentos sobre "Olympia" he tenido que sacar todo lo que aprendí, están basados en mi propia experiencia. Ahora preparo una trilogía en la que las protagonistas son súper heroínas de la gimnasia rítmica, guardianas cuya misión es luchar contra la corrupción de las jueces.

¿También contra el dopaje?

En nuestro deporte no existe el dopaje, nuestro dopaje es que una juez no sepa ver el trabajo real que has hecho.

¿Por qué cuentos y no novela?

Porque es una forma de que las niñas acepten algo que es muy duro de asumir: que te juzguen. Yo quiero que se queden con lo importante que, no sólo es la nota, sino lo que tú hagas.

¿Olympia es usted?

Sí, claro. Lo bueno de Olympia es que ella resuelve sus problemas muy rápido, y a mí me costó cuatro años, y vive aventuras que yo no viví, lo que me ha permitido volver al inicio de mi carrera y comprobar que debía haberlo disfrutado más.

Su propia vida es un cuento pero, ¿qué me dice de los momentos malos?

Fue duro comprobar que después de tantos años y premios no tenía paro porque nadie cotiza por nosotras, me hice autónoma por consejo de mi madre, pensando en la jubilación. Me sentí muy desamparada y lo más terrible fue ver a mi marido intentando ayudarme y tener que decirle que no podía hacer nada.

¿Por qué razón?

Porque necesitaba curarme de mí misma, saber que él estaba ahí a mi lado, pero también necesitaba dejar de creer que ya no servía para nada. Y que tenía que salir adelante por mi propio impulso.

¿Cómo aprendió a no tener miedo?

Hay una parte de mi carácter que pasa de estar mal a estar a cien para salir reforzada. Y eso es lo que me ha permitido afrontar las dificultades para potenciar la creatividad, algo que me ha acompañado en toda mi carrera deportiva.

Sólo habla de trabajo, ¿tan poco espacio deja a su vida personal?

No creas, nosotros viajamos siempre que podemos a Italia, donde pasamos dos o tres semanas, y donde somos muy felices porque dedicamos mucho tiempo a pasear, a hablar, a estar con los amigos.

¿Las dificultades fortalecen las relaciones?

En nuestro caso ha conseguido que nos admiremos más. Christian ha pasado por momentos difíciles de salud, y profesionalmente cuando le quitaron "Pasapalabra", pero siempre le he dado el mismo consejo: paciencia, ya habrá momento de demostrar tu capacidad. Y hoy todos reconocen que es un gran comunicador.

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"A Christian y a mí estar juntos es lo que más felices nos hace"

¿Qué es lo que más admira de su marido?

La cultura que tiene, con él puedes hablar todo, de música, de teatro, de historia antigua, actual, por eso cuando estoy con él pienso en todo lo que me queda por leer y por aprender. Christian tiene una mente privilegiada.

¿Tienen alguna pasión extra cultural?

Los fines de semana vienen amigos a casa o nos vamos a cenar a algún sitio que nos guste. Estar juntos es una necesidad para nosotros y lo que más feliz nos hace. En eso nos parecemos mucho.

¿La amistad es básica para que la relación funcione?

Es una obligación. Cuando yo dejé la rítmica mi miedo era que Christian me dejara. Él me conoció en el mejor momento de mi carrera, y de pronto lo dejé y no sabía qué iba a ocurrir. Fue en gran parte por lo que me vino el bajón. Quería volver a ser la chica alegre y vital que él había conocido.

Lo consiguió.

Me fui a Barcelona para volver a reencontrarme conmigo misma y lo conseguí. Escribir también me cuesta mucho pero es mi legado para quienes decidan dedicarse a la gimnasia rítmica.

Hay una parte del deporte que se intenta ocultar, ¿por qué?

Es el peligro que vivimos los deportistas sobre todo cuando empiezas tan joven, pero no pasa nada que no pase en otros ámbitos de la vida. Lo que ocurre es que en el deporte todo se concentra más, lo bueno y lo malo, por eso es un gran aprendizaje de la vida.

¿A los triunfadores se les idealiza demasiado?

Demasiado, por eso yo diría a la gente que además del talento, a los deportistas hay que enseñarles que la vida está llena de cosas con las que poder empezar de nuevo cuando se retiren.

¿Eso no es también responsabilidad de los padres?

Recuerdo que cuando me fui al equipo de la Selección nacional con 13 años, sentí que no encajaba, dejar de ver a mis padres me costó mucho. A ellos nunca les contaba lo triste que estaba, pero es lo que me hizo más fuerte.

Si un día un hijo quiere seguir sus pasos, ¿qué le diría?

Si me baso en mi experiencia le diría que sí, porque a mí me lo ha dado todo, ahora bien, le explicaría los inconvenientes con los que va a encontrarse. No me gustan esos padres que les exigen cosas que los hijos no pueden hacer o no están capacitados, porque eso no puede traer más que cosas malas.

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Almudena Cid en pocas palabras

¿Su programa favorito?

"Cuarto Milenio", de Iker Jiménez.

¿Dónde le gustaría perderse con su marido?

En Japón, donde he estado muchas veces, pero quiero volver.

¿Su comida favorita?

Crema de setas con castañas y pimientos rellenos de jamón.

No engorda porque...

Me cuido, hago deporte, relajación y duermo bien.

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¿Quién es Almudena Cid?

Nació en Vitoria el 15 de junio de 1980.

Inicios:  Comenzó a practicar gimnasia rítmica a los 7 años en el Arantzabela Ikastola. Posteriormente pasó al Club Arabatxo y más tarde al Beti Aurrera de Vitoria.

Competiciones: Con 13 años, en mayo de 1994, disputó su primera competición internacional en Chipre, donde obtuvo el oro en pelota y el bronce en la general y por equipos. Meses más tarde fue reclamada para entrar en la Selección Nacional de gimnasia rítmica individual, lo que le exigía entrenar 8 horas diarias. Participó en los Juegos Olímpicos de Atlanta, Sidney, Atenas y Pekín. Tras 21 años de exitosa carrera abandonó la gimnasia el 23 de agosto de 2008.

Literatura: Se ha volcado en la literatura infantil, en la que a través de una serie de cuentos da vida a Olympia, que narra su vida deportiva.

Interpretación: Su último trabajo ha sido la obra "La cocina", a las ordenes de Peris-Mencheta. Tiene pendiente el rodaje de su primer largometraje, un pequeño papel en la ó pera prima de Pablo Urkijo.

Familia: Está casada con el presentador y escritor Christían Galvez.

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Mi foto favorita

"Lo que estoy viviendo es una transformación porque puedo decir que soy actriz. Molly será mi primer personaje para el resto de mi vida".

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