Padre Ángel: ''Isabel Preysler y su hija Ana están muy preocupadas por Filipinas''

La tragedia del tifón Yolanda en Filipinas ha impactado a todos, en especial a Isabel Preylser, muy preocupada con la situación de su país natal; también lo está su hija Ana. Nos lo cuenta el Padre Ángel, de 'Mensajeros de la Paz', volcado con las víctimas. Con él viajamos al interior del desastre.

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La tragedia del tifón Yolanda en Filipinas ha impactado a todos, en especial a Isabel Preylser, muy preocupada con la situación de su país natal; también lo está su hija Ana. Nos lo cuenta el Padre Ángel, de 'Mensajeros de la Paz', volcado con las víctimas. Con él viajamos al interior del desastre.

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Más de seis millones de niños siguen sufriendo las consecuencias del tifón

En medio de la tragedia y la devastación, hay lugar para la esperanza, el optimismo, la lucha y la fortaleza. Son cualidades que representa el Padre Ángel, de Mensajeros de la Paz, que se ha volcado con las víctimas del tifón Yolanda, que arrasó Filipinas el mes pasado. Un mes después más de seis millones de niños sufren sus terribles consecuencias.

La periodista Diana G. Marugán acompaña al Padre Ángel al interior del desastre, en Cebú, donde el paisaje es más destructivo y desolador. El sacerdote se lamenta de la brutal paliza con la que la naturaleza les ha golpeado, pero no se resigna, y durante las más de 5 horas de trayecto, dedica su tiempo para preparar un plan de ayuda inmediato, e implicar a sus amigos y fieles.

Luchador y muy activo, el padre Ángel no descansa, ayudando en todo lo que puede y organizando acciones solidarias para recaudar dinero para los millones de necesitados. De eso, de organizar una acción solidaria en España, ha hablado ya con Ana Boyer, muy preocupada, como su madre, por la situación del país.

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''Yolanda ha venido a hacer más grande la pobreza de Filipinas''

-Padre, ¿qué le ha hecho venir a Filipinas?
-El dolor y la necesidad, la posibilidad de paliar ese sufrimiento, sus necesidades y sobre todo poder hacerlo gracias a la solidaridad de los españoles.

-¿Qué es lo que ha visto?
-He visto desolación, sufrimiento, el vacío que dejan las grandes pérdidas humanas y materiales. He visto también pobreza, falta de lo más básico. Una pobreza que ya existía antes del tifón y que Yolanda ha venido a hacer más grande aún. Creo que si la pobreza no hubiera existido previamente, la situación de ahora no sería tan dolorosa. Quizá por eso he visto también desesperanza.

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''Los niños huérfanos se han quedado sin nadie, sin amparo, sin amor''

-¿Cómo se consuela a una madre que ha perdido a sus hijos o a las familias que tienen que dormir en la calle porque sus hogares volaron tras el tifón?
-A veces no hay palabras para esa intensidad de dolor. En ciertas circunstancias una caricia o la simple presencia es todo lo que uno puede dar. Es bien poco, y uno se siente impotente. Hay momentos que sólo queda rezar, y acompañar.

-¿Qué le gustaría destacar de este viaje?
-En Filipinas he visto menos ayuda internacional que en otras catástrofes recientes, menos donaciones, menos cooperantes. La crisis de Europa está haciendo más larga y dolorosa la destrucción del tifón. No obstante hay que decir que si Europa no ha quedado a la altura que se esperaba, EE.UU. se está volcando y lo está haciendo muy bien, con efectividad y muchos medios humanos y materiales. Aunque en otras ocasiones he criticado las acciones internacionales americanas, en esta ocasión debo decirles “chapeau”.

-¿Qué es lo que más le preocupa?
-Sobre todo los niños huérfanos, los que se han quedado sin nadie, sin amparo, sin amor… Es lo más terrible, porque son los más indefensos, los más vulnerables, los más inocentes.  También, en sentido general, me preocupa el futuro de todos los damnificados. Ahora se empiezan a escuchar promesas de reconstrucción, de ayuda… Me preocupa que todo eso se quede sólo en palabras.

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''No te puedes hacer inmune al dolor''

-¿De dónde saca la fuerza para seguir luchando?
-Gracias a Dios el cuerpo me responde al esfuerzo que a veces le impongo, pero no es ningún mérito, ni nada extraordinario. Sería absurdo preguntarle a una madre si se cansa de querer o de cuidar a sus hijos… El amor de las madres no se agota nunca, a ninguna le vence el sueño cuando su hijo llora. Es algo natural. Salvando las distancias, porque el amor de una madre es algo sagrado, creo que a mí me pasa un poco igual.

-Usted que ha visto tanto, ¿se ha hecho inmune al dolor o cómo lo puede canalizar?
-No, nunca. Y no quisiera acostumbrarme. Cada muerto es distinto; cada tragedia es única. Los buenos médicos nunca se resignan cuando pierden a un paciente. He visto a sacerdotes que se acostumbran a enterrar a muertos y hacen homilías fúnebres como si fueran ordinarias. Yo no puedo, ni quiero.

-Cuando escucha que ciertas personas hacen referencia a castigos divinos, ¿qué siente?
-Las catástrofes no son un castigo de Dios, sino más bien un fallo de los hombres. Las muertes y todo el dolor que Yolanda ha causado en Filipinas, como en otros lugares, podrían haberse evitado casi totalmente si las casas donde la gente vivía hubieran sido mejores, si hubieran tenido un plan de evacuación, mejores transportes, un sistema de protección civil, buenos refugios, o atención sanitaria eficaz… No es la naturaleza, es la injusticia y la pobreza. No obstante, en Mensajeros de la Paz decimos que seguimos creyendo en Dios y en los hombres.

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''De Isabel me impresiona su dulzura, sonrisa y hospitalidad''

-Además de la tragedia, es admirable cómo los filipinos han remontado y el modo en que han surgido cientos de iniciativas y voluntarios para ayudarse entre ellos. ¿Qué le ha llamado más la atención?
-Eso es algo que me ha impresionado de verdad. La solidaridad de los filipinos. En Manila he visto una nave enorme llena de miles de jóvenes haciendo paquetes de comida a la salida del colegio. Hacía mucho calor, no paraban de trabajar, y lo más sorprendente es que no dejaban de sonreír. He visto también cuando llegaban los aviones militares con los desplazados, la gente que estaba allí les recibía con un aplauso emocionante… La solidaridad de los filipinos está compensando la falta de ayuda internacional. Pero creo que ellos solos no pueden. Filipinas sigue necesitando ayuda, y lo va a seguir necesitando por mucho tiempo. No podemos dejarles en la estacada.

-Usted tiene muchos amigos y amigas conocidos e importantes, ¿cómo consigue que se impliquen siempre en sus causas?
-Hay mucha gente buena, muchísima. Mucha más que mala. También entre las personas famosas las hay, aunque a veces aparezcan con una imagen más frívola. Ellas son conscientes de su capacidad de influir en otras, ponen a nuestra disposición sus contactos y amigos. Es una maravilla contar con su apoyo. A veces no les conocemos, pero les llamamos para apoyar un acto o visitar a alguien que lo está pasando mal y quiere conocerles, y enseguida responden. Igual que las personas anónimas. Sin los unos y sin los otros no podríamos seguir adelante.

-Sabemos que Isabel Preysler está muy afectada por lo sucedido y le he visto coger el teléfono y hablar con ella durante el camino. ¿Cómo ha reaccionado?

-De Isabel Preysler siempre me impresiona su dulzura, la elegancia de su sonrisa, su exquisita hospitalidad. Sé de su preocupación por su país natal; he hablado con su hija Ana también, y hemos quedado en encontrarnos en estos días, para organizar en España alguna acción solidaria a favor de Filipinas.

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''La crisis occidental va a hacer la reconstrucción más larga y penosa''

-También ha estado con el Embajador, Jorge Domecq y con algunos españoles que se encuentran en Filipinas, ¿cómo es la respuesta de la colonia española ante este drama?
-El embajador de España me ha causado una gran impresión. Más que preocuparse por la política o por la diplomacia, se ve que lo que le mueve son las personas. No olvidaré su emoción cuando nos dio la noticia de que acababan de localizar a los últimos tres españoles que estaban desaparecidos… Y no solo le preocupan los españoles, sino también los filipinos, como al resto de nuestra colonia. Sólo he hecho un par de llamadas desde España comentando nuestro viaje a algunos españoles que conocía que vivían en Filipinas, y cuando hemos llegado nos hemos encontrado todas las puertas abiertas, las de su casa, las de su corazón y las de su tiempo, amistades y contactos. He encontrado a gente maravillosa, como el Hermano Luis Ortiz, o el periodista José Rodríguez o como tú misma (entrevista realizada por Diana G. Marugán, en la imagen). Nuestro trabajo aquí está siendo más fácil y mucho más efectivo gracias a estos españoles por el mundo del dolor que es ahora Filipinas.

-¿Cuánto tiempo llevará reconstruir?
-Me da mucho miedo pensar que hasta ahora nadie se atreve a hablar de reconstrucción en Filipinas. Creo que la crisis occidental la va a hacer más larga y más penosa. Estamos a tiempo de evitarlo, y aprovechar el desastre para hacerlo todo mejor, aprender de la experiencia, proteger más a la población, poner medios para que la próxima vez el coste humano y material no sea tan grande.

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''Recibimos donaciones de gente que seguro que tiene dificultades''

-Tras su viaje, ¿qué decisiones o planes de ayuda tienen?
-Además de la ayuda que desde Mensajeros de la Paz ya hemos llevado, y que ha consistido principalmente en donaciones económicas, y tenemos en proyecto ayudar en la reconstrucción y rehabilitación de un orfanato en Cebú, ya hemos establecido los contactos y confío en que tengamos la ayuda de Dios y de los hombres para sacar el proyecto adelante.

-¿Cómo podemos sentir el dolor filipino desde tan lejos?
-Yo creo que la distancia no tiene nada que ver con el corazón, ni con la solidaridad; el dolor de los filipinos los sienten muy cercano los españoles, igual que lo sienten todos los hombres y mujeres de buena voluntad en cualquier sitio del mundo. En Mensajeros de la Paz somos testigos privilegiados de esos sentimientos, de esa generosidad. Recibimos pequeñas donaciones de gente que seguro que tiene dificultades pero que de alguna manera entiende que si ellos lo pasan mal, hay otras personas que lo están pasando peor. Eso es maravilloso.

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''En España pediremos apoyos y ayudas''

-¿Cómo organiza la gestión de ayuda?
-Además de los cooperantes que tenemos allí, y de los que probablemente irán en las próximas semanas, en Filipinas tenemos muy buenos contactos y colaboradores que trabajan con nosotros, entre ellos el Hermano Luis Ortiz, un misionero español que lleva casi treinta años en Filipinas y que dirige en Manila una obra maravillosa: el Hogar de la Amistad Luis Amigó, que da apoyo social, afectivo y material a más de 100 niños en riesgo social. En España pediremos apoyos y ayudas. Estoy seguro de que entre todos vamos a hacer posible una aportación a la vida y al futuro de los niños de las zonas más afectadas por el tifón en Filipinas.

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