Eugenia Martínez de Irujo, los motivos de su extrema delgadez

Muy seria, con aire ausente y bastantes kilos menos, la duquesa de Montoro no logra superar la muerte de su madre. A su pérdida se suman los problemas de sus hermanos, los temas de la herencia y las presiones de su exmarido, Francisco Rivera, por la custodia de su hija. Con esta complicada situación, antes de Semana Santa, se escapó unos días a Miami.

Muy seria, con aire ausente y bastantes kilos menos, la duquesa de Montoro no logra superar la muerte de su madre. A su pérdida se suman los problemas de sus hermanos, los temas de la herencia y las presiones de su exmarido, Francisco Rivera, por la custodia de su hija. Con esta complicada situación, antes de Semana Santa, se escapó unos días a Miami.

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Eugenia no sonríe ni estando con sus amigas de vacaciones

No hay consuelo para ella. Cuatro meses después del fallecimiento de su madre (el pasado 20 de noviembre), Eugenia está muy afectada, triste y bastante más delgada. A la ausencia de Cayetana de Alba se suman otros problemas familiares como las desavenencias entre sus hermanos o la presión de su exmarido, Francisco Rivera, que sigue reivindicando la custodia compartida.

Todo ello hace que Eugenia, la benjamina de la Casa de Alba y única chica de la familia, no consiga salir adelante y hacer frente a sus problemas. Para poner tierra de por medio y buscando unos días de tranquilidad, viajó hace unos días a Miami. La intención era relajarse con unas amigas –entre las que estaba Mariola Orellana–, tomar el sol y descansar; sin embargo, la tristeza es tan evidente que ni siquiera logra esbozar una sonrisa.

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Se siente en medio de los enfrentamientos de sus hermanos

Vestida con una camiseta de tirantes y un pantalón de chándal, se hace evidente que ha perdido mucho peso. Se puede apreciar que tiene las piernas y los brazos bastante más delgados y que incluso se le marcan algunos huesos.

Eugenia estaba muy unida a su madre, más aún a raíz de su separación, y ahora no encuentra ese apoyo en nadie. Sus hermanos están pendientes de ella por ser la más pequeña y porque saben que estaba muy apegada a la duquesa de Alba, pero la división entre ellos ha terminado por hacer mella en Eugenia, que estaría entre dos bandos. Por un lado, Carlos y Alfonso; y por otro, Fernando y Cayetano, mientras que Jacobo es más independiente, aunque apoyaría al nuevo duque.

Eugenia, que ve cómo se desmorona su familia, ni siquiera estuvo en una reciente reunión que algunos de los hermanos tuvieron con Alfonso Díez. Pese a que en los últimos tiempos valoraba la dedicación que él tuvo con su madre, ahora no se ven.

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Habla Carmen Tello

La postura del viudo, que espera recibir el 26% de lo que le corresponde legalmente del 10% de la fortuna personal de Cayetana que quedaba por repartir, tampoco acerca a los hermanos.

Aunque públicamente los Alba evitan que se conozcan sus enfrentamientos, la cordialidad entre ellos no es tal en la intimidad. Así lo ha dejado entrever también Carmen Tello, íntima amiga de la duquesa, a “La Razón”, donde se muestra “algo sorprendida” con las actuaciones de los hijos y apunta a que “todavía podemos llevarnos más sorpresas” con ellos. Hasta ahora, el heredero y nuevo duque de Alba, Carlos, ha dejado claro que cada uno de ellos tiene que ser independiente, vivir de sus ingresos y olvidarse de privilegios anteriores a la muerte de Cayetana (ella colaboraba con sus economías e incluso pagaba gastos de sus hijos).

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Fuera de la casa familiar

El duque les ha dicho que el Palacio de Liria, en Madrid, ya no es la casa familiar y no quiere que sus hermanos se refugien en ella como hizo Cayetano tras su separación, por lo que ha tenido que volver a la vivienda que tiene en La Finca, Madrid, y que hasta ahora había alquilado.

Quien sí seguirá viviendo allí es Fernando, al ser soltero y no tener hijos, como estipuló su madre. Hace poco se le vio muy enfadado mientras hablaba de Carlos como “el señor duque”, pero luego ha dicho que “no tengo ningún problema con mi hermano” y achacó el mal humor a la presión.

Eugenia, a quien le afecta todo esto porque se siente en medio, vive en un piso de unos 400 metros cuadrados que linda con el palacio y que pertenece ahora a Carlos, pero no se vería perjudicada. Su hermano, según Paloma Barrientos, no tiene intención de echarla de esta casa. La protege y se preocupa mucho por ella.

Sus palabras las ha corroborado la propia Eugenia, que asegura no tener ningún problema con sus hermanos.

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Le afecta que su ex reivindique la custodia compartida

En cambio, lo que sí le habría enfadado a Eugenia es que Carlos es reacio a que su hija Tana herede un piso de 150 metros por la misma zona, donde los Alba poseen numerosos inmuebles, cumpliendo el deseo de la fallecida. Carlos pondría obstáculos, al menos, hasta que se zanje el tema de la herencia.

Precisamente, es en su hija, que en octubre cumplirá 16 años, en quien se ha refugiado. La adolescente ha demostrado una gran madurez, como se vio cuando abrazaba y consolaba a su madre en el funeral por la duquesa. Pero a Eugenia le trae de cabeza la actitud de su exmarido, Francisco Rivera, que aprovecha cualquier oportunidad para reivindicar la custodia compartida. Pese a que el torero inició los trámites legales al respecto, no lo consiguió ya que una sentencia contra la que no cabía recurso le entregaba la guardia y custodia de la niña a Eugenia. Sin embargo, sigue reivindicando que no le parece justo.

La única felicidad es que su hija esté con ella y que se encuentre bien. Al menos ve que Cayetana ha recibido de maravilla la noticia de que su padre va a tener otra hija con Lourdes Montes y con eso tiene bastante. No cree que ese nacimiento perjudique a Tana.

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Arropada por amigos

Estos días están siendo especialmente difíciles para Eugenia, ya que el 28 de marzo su madre habría cumplido 89 años. La aristócrata, que después de Miami ha viajado a Marbella, donde pasa la Semana Santa, también ha encontrado consuelo en los Tous, en los que ha encontrado no sólo unos jefes sino unos buenos amigos.

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Un triste horizonte

Eugenia mira al horizonte sin mucho ánimo. La tristeza es evidente en su rostro y en su aspecto general.

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Problemas de herencia

El hecho de que Carlos sea duque de Alba ha cambiado las costumbres familiares. Los hermanos se han dividido porque el nuevo jefe de la Casa exige que cada uno haga frente a sus gastos sin contar con el sustento que antes les ofrecía la duquesa. Además, hay distintas posturas a la hora de tratar con el viudo, Alfonso Díez. La herencia se había repartido en vida de Cayetana, a excepción de un 10%, que es, sobre todo, legado artístico. De esa parte, tendrán que entregar un 26% al viudo, como marca la ley. Carlos, agradecido por el trato que dio a su madre, no quiere que le falte de nada.

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Sus refugios

Eugenia se ha refugiado en el trabajo para superar este mal momento. A finales de febrero, apareció en un acto público, por primera vez tras perder a su madre, arropando a la Fundación Pequeño Deseo (derecha). Sus amigos también están a su lado, como el actor Fernando Tejero, que ha sido su confidente en estos meses. Con él, pasó los últimos días del año en Cartagena de Indias en un viaje en el que la acompañó también su hija, Tana (izquierda).

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Sus cambios físicos

Eugenia es una mujer menuda pero podía presumir de tener buena silueta y unas curvas muy proporcionadas, como podíamos comprobar cuando se ponía biquini o disfrutaba de sus vacaciones. Ahora, al haber perdido peso, su cuerpo está muy cambiado.

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Una Semana Santa intensa

Tras sus días en Miami, la hija de la fallecida Duquesa de Alba viajó a Málaga, donde suele pasar parte de sus vacaciones. Allí fue invitada al balcón de Antonio Banderas para ver las procesiones de Semana Santa junto a la nueva novia del actor. En él se la vio sonreír por primera y única vez tras la muerte de su madre.

 

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Junto a su hermano

Tras ser la invitada más especial de Antonio Banderas en Málaga, Eugenia Martínez de Irujo pasó unos días junto a su familia en Sevilla.

En la capital hispalense le vimos junto a su hermano, Carlos Fitz-James Stuart, ver pasar la procesión de la Cofradía de los Gitanos ante las puertas del palacio de Dueñas.

Junto a ellos también estaban Tana y Fernando, el hijo mayor del duque de Huéscar, así como Melani Costa, novia de Cayetano Martínez de Irujo.

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