"Ojalá nunca decaigan sus rubias ambiciones", por Ángel Antonio Herrera

La reina del pop cumple 60 años el 16 agosto. Una carrera como la suya es digna de homenajear y por eso nuestro colaborador le dedica estas líneas por su sexagésimo cumpleaños.

Madonna se ha ido haciendo rubia conforme se hacía famosa. Hoy es la rubísima primera del pop, que es como decir que es la fama misma, pero la fama con bragas o a veces sin ellas. Ha sido siempre mucha Madonna, la rubia ambición. Cumple 60 años, el día 16, que en su caso es cumplir la juventud de la veteranía. Cuando era menos rubia, o no tan rubia, empezaba a escandalizar al Vaticano con sus videoclips adornados de crucifijo de escaparate y lencería de gobernanta. Madonna lo ha sido todo. Lo es. En los ochenta, cuando dio el estirón de archifamosa, y a principios de los noventa, era garantía de provocación y escándalo. Es obstinada en dar el último susto, siempre con corpiño que se desabrocha, una musa a la que besa en el escenario, con un mulato de tanga, a la izquierda de la artista, según miras en el escenario o en una foto.

Cumple sesenta, con talle de atleta, pero lleva décadas como la copa planetaria del gran cabaret del sexypop, jugando al escándalo de escaparate. Es como Michael Jackson, pero en versión sexual, y por la otra acera. Una gira, ya casi remota, la bautizó “rubia ambición”, título alzado y pujante, o sea, casi priápico. Madonna siempre cumple. Lo suyo es un rollo provocador y devorador que va y viene desde la procacidad verbal a la desinhibición gestual, apuntalado todo por una indumentaria futurista, invención de Jean Paul Gaultier, por lo general.

A España vino un día y quiso ligar con Antonio Banderas. Lleva siglos como la reina máxima del sexypop, como la Marilyn de la música, que es como decir la fama misma. Nadie como ella ha logrado el vídeo de autopromoción bajo coreografía de poca ropa. Nunca defraudó su propuesta, un cruce de vampiresa de gimnasio y pornomística de estrategia. No defrauda, aún. Eso es triunfar: cambiar para que nada cambie. Eso es una estrella.

La Rosa

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No tiene familia, en rigor, sino que reúne una tribu. En su ultimo cumpleaños reunió a todos los hijos: Lola León, Rocco Ritchie, David Banda, Mercy James y las gemelas Stelle y Estere.

El látigo

Agencias

Es lo suyo la provocación, con liguero por encima del pantalón negro, corpiño en punta y alrededor unos bailarines altos, negros, en puro tanga, esclavos de sus coreografías, que son un kamasutra sin kamasutra.

D.M
Ángel Antonio Herrera, periodista y escritor

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