Montse Alcoverro, de ‘Acacias 38’: “Me sorprende que me reconozcan tanto”

La actriz catalana se siente querida por la gente, que la para por la calle para hacerse fotos con ella y decirle lo simpática y divertida que es.

 

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Cuando no está haciendo de las suyas en Acacias 38, Montse Alcoverro viaja de Madrid a su Barcelona natal para estar con los suyos y disfrutar de lo que la relaja: la jardinería, la cocina y la costura. “Feminista y sindicalista”, lleva al teatro a través de su compañía, Arenal Teatre, historias de denuncia y compromiso social.

¿Qué te atrajo de Acacias 38?

Antes de llegar la conocía como espectadora ocasional, sabía de su aire costumbrista y que arrancaba a finales del siglo XIX. Me gusta la historia en general y la novelada más. En esta producción disfruto mucho las tramas que están enmarcadas en un contexto histórico.

¿Cómo te llevas con las novelas?

Muy bien, monté mi productora gracias a los cinco años que estuve grabando El corazón de la ciudad. Trabajar durante tanto tiempo en una serie diaria te permite ahorrar, y yo no cambio de coche ni me compro un piso.

¿Cuesta sacar proyectos propios?

Ya lo creo, incluso cuando te otorgan premios. Y aunque es verdad que con la crisis han surgido más ofertas, hay que plantearse a qué precio. Las condiciones de trabajo son cada vez más duras y difíciles. He estado años en la Asociación de Actores y Directores de Cataluña, donde nos dejamos la vida por negociar convenios y mejorar la situación. La dignidad de cualquier trabajador es que pueda ganarse el pan con su actividad.

¿De dónde te viene ese espíritu luchador y reivindicativo?

Lo mamé de niña y me impliqué desde joven en la vida sindical. Yo soy activista cultural, no solo actriz. Empecé a trabajar con 14 años porque en casa hacía falta dinero, estudié el bachiller por la noche. Mi primer sueldo fueron 3 500 pesetas, hacía fotocopias. Se lo entregué a mi madre para que lo suministrara. Con lo que me dio dejé de robarle tabaco a mi padre (risas).

En mayo cumplirás un año interpretando a Úrsula. ¿Contenta?

Mucho, aunque me costó porque me gusta preparar los personajes y apenas tuve tiempo. Me inspiré en el ama de llaves de la película Rebeca, en La Loba que interpretó Bette Davis y en la Bernarda Alba que escribió Lorca.

¿Qué tal con el equipo?

Estoy tremendamente agradecida con todos. Llevaban desde enero grabando y me recibieron con los brazos abiertos. Todos colaboraron para que pudiera hacer mis escenas en el menor tiempo posible y así estar más tiempo allí.

¿Tienes compañero favorito?

No, no. Sí diré que Sara Miquel [Cayetana], catalana y Leo como yo, es una de las actrices más generosas que conozco y no solo conmigo. Pero me llevo bien con todos, no es difícil porque es un equipo de primera haciendo un producto muy bueno.

¿Imaginabas que tu personaje iba a perdurar?

Esa era la apuesta de la productora, pero todo dependía de si funcionaba. Por suerte, ha sido así.

¿Han aumentado las miradas curiosas desde que encarnas a Úrsula?

Sí, la verdad es que me sorprende que me reconozcan tanto. Me miran y dicen: “¡Pero si es la de Acacias!”. Después me piden autógrafos y se hacen fotos conmigo mientras comentan que soy más joven que mi personaje, en realidad no es así porque Úrsula tiene 50 años y yo ya he cumplido 56. También dicen que soy muy buena actriz porque para nada me imaginan simpática y divertida. Resulta gratificante.

¿Va bien para el ego?

Quien necesite alimentar el ego debería hacérselo mirar.

La telenovela se graba en Madrid. ¿Te has instalado en la capital?

No, sigo viviendo en Barcelona, cojo el AVE todas las semanas. Se llega en dos horas y media, eso no tiene precio. Bueno, sí, es caro.

¿Quién te espera allí?

Mis dos hermanos, que son mayores que yo, y mi pareja. Llevamos más de tres años y es lo mejor que me ha pasado en la vida. Es un hombre al que amo y admiro profundamente y que no tiene nada que ver con el medio.

¿Tenéis alguna rutina?

Solemos ir los sábados al mercado a comprar productos frescos, me encanta la cocina y se me da bastante bien, lo heredé de mi madre. Vamos con tiempo y desayunamos mientras leemos la prensa. Adoro esos momentos.

¿Tu familia te sigue?

Ya lo creo, están enganchadísimos. El padre de mi pareja me llama doña Úlcera. 

¿Algún trabajo pendiente?

El estreno de Antonio cumple cincuenta años, una comedia surrealista que hemos financiado quienes participamos en ella. 

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