Elio González, Mariano en ‘Amar es para siempre’: “Para ser actor hay que tener un plan B”

Con gafas y chaleco es difícil recnoocer en la serie a este actor nacido en Suiza, popular desde ‘Aquí no hay quien viva’. Años después, sigue en la interpretación aunque también se ha hecho emprendedor

 

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El personaje de Elio González es un científico bonachón que se instala en Madrid para dar clases. Pero a la plaza de los Frutos nadie llega con una misión tan sencilla… Mientras que varios países se interesan por su trabajo, él sentirá por primera vez lo que significa estar enamorado. Eso lo cambiará todo.

Mariano Lasalle es peculiar.

Es superdotado, un genio de la ciencia, experto en energía nuclear, que ha salido de la Universidad Complutense con la nota más alta y al que requieren para intereses políticos.

Una mente brillante, pero torpe en las relaciones personales…

Sí, es totalmente inexperto en estos temas, tanto en la amistad como en el amor. Pero ahora ha sentido un flechazo con Carmen [Bárbara Mestanza] y cuando la ve se queda hipnotizado y no puede evitar acercarse a ella. Menos mal que Benigna [Anabel Alonso] le ayuda a abrir un poco el camino.

¿Cómo te llegó el personaje?

Había trabajado antes con la productora Diagonal, pero hice casting. Me llevé una gran alegría cuando me llamaron de Amar… porque es toda una institución de la televisión. El equipo está muy asentado y, sin embargo, arropan a los nuevos. 
Lo ponen muy fácil.

Tus tramas suelen desarrollarse 
en la pensión de Benigna. ¿Qué tal con Anabel Alonso?

Muy bien. Para mí ha sido un descubrimiento. Es muy resolutiva y un huracán de energía. Es imposible aburrirse compartiendo secuencias con ella.

¿La última vez que te vimos fue en Gran Reserva. El origen?

Que se haya emitido, sí. También grabé La República, pero no la han puesto. Antes estuve en Doctor Mateo. En el cine he hecho Dioses y perros.

¿Te siguen reconociendo por la serie Aquí no hay quien viva?

Alguna vez sí que escucho por la calle: “Anda, si es el hijo de La Hierbas”. Todavía me hace ilusión, aunque me extraña un poco porque he cambiado mucho físicamente desde entonces.

¿Has tenido muchos parones?

He aprendido que en esta profesión se debe buscar el equilibrio, ya que es probable que no te llamen o que lo hagan para papeles que no te llenan. Para ser actor hay que tener un plan B.

¿Cuál es el tuyo?

Llevo un año dedicado a un proyecto personal en el ámbito del comercio. El problema es que ser autónomo en este país resulta muy complicado. Otros compañeros prefieren dedicarse a hacer teatro alternativo para ganarse el sueldo del mes.

¿Estar en una serie de éxito como Amar… es un buen escaparate?

Ni me lo planteo y me da igual. Yo me centro en el trabajo y no pienso en más. La vida da muchas vueltas y a veces las oportunidades surgen de casualidades.

¿Veías la novela?

No, pero antes de empezar a grabar me puse al día.

Has dirigido el corto Muertos de hambre. ¿Qué tal la experiencia?

Muy gratificante. Se basa en un texto de Rubén Tejerina, mi socio creativo, y es un manifiesto a favor del mundo artístico. Hicimos un vídeo sobre cómo podríamos vivir sin actores, baile, pintura, poesía, cine… y, sin esperarlo, se hizo viral y recibimos unos comentarios muy bonitos.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Desde que estoy en una serie diaria no sé lo que es eso (risas). Cuando puedo, practico boxeo con Jero García [coach del programa Hermano mayor].

¡Con un deportista profesional!

Lo conocí en el rodaje de la película Dioses y perros, donde entrenaba a Hugo Silva. Nos hemos hecho muy amigos y para mí se ha convertido en una especie de guía. Yo entreno para soltar tensiones y canalizar la ansiedad y la energía.

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