Una sorpresa para Candela

Severo muestra a su esposa la casa que ha comprado y ella se enfada porque lo que desea es marcharse. Antena 3. Del 4 al 8 de septiembre. 17.30h

 

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Carmelo está tan feliz con Adela que desea pedirle matrimonio, pero no se atreve a hacerlo por temor a que lo rechace. 

Ajena a las diatribas de su enamorado, en un momento de confidencias la profesora asegura a Marcela que si no se ha casado es porque el abogado no se lo ha propuesto. 

Pasan los días y Francisca no mejora tras el infarto. Prudencio aprovecha la situación para hacer sentir culpable a Saúl, que se da cuenta de lo mucho que afecta a la patrona su relación con Julieta. 

Esta también se siente mal y no ve claro su futuro cuando su enamorado va a verla. Ambos perciben que se han distanciado después de lo sucedido. 

Severo y Leal dejan a un lado sus reticencias y deciden luchar contra la Montenegro pese a su delicado estado de salud, ya que están seguros de que ella habría actuado de la misma forma. 

Aquilino se niega a admitir el poder para gestionar las ganancias de Los Manantiales que le muestra Adela, pero Carmelo le asegura que está obligado porque es válido.

Aun así, la maestra no cree que el hombre ceda y lo chantajea: si impide que prevalezca la voluntad de Hernando, aireará la inapropiada relación que mantuvo con Beatriz.

A La Casona llegan muchos vecinos para interesarse por la terrateniente, entre ellos, Julieta. Raimundo se atreve a comentarle que la patrona no la aprecia porque le recuerda a la rebelde Pepa.

Así es como la chica descubre que el odio de la señora va más allá de lo racional y que debe tener mucho cuidado con ella. Luego le invaden las dudas sobre su relación con Saúl.

Este, mientras tanto, mantiene una complicada conversación con Francisca, que ha insistido en verlo pese a la recomendación de reposo de Zabaleta.

Al salir, se sincera con su hermano, que está molesto porque la Montenegro no ha querido hablar con él. “Me ha pedido que deje a Julieta”, le revela pálido y con el corazón roto. 

Enterada del encuentro, Julieta se queda extrañada cuando su novio no va a verla para revelarle los detalles. Tampoco la visita al día siguiente.

La joven intenta aplacar su tristeza convenciendo a las mujeres del pueblo para que vayan a la escuela. Para entonces, el chico habla con los abogados de Francisca, que insisten en despachar con él hasta que la señora se recupere. 

Justo cuando está confesando a Candela que se siente mal por el chantaje a Aquilino, Adela se entera de que el empresario se ha ido del pueblo. La confitera la felicita y le comenta que esa es la prueba de que su proceder fue correcto. 

Lo confirmará cuando a la mañana siguiente reciba por escrito el compromiso de pago a los empleados de Los Manantiales. “¡Se ha rendido, hemos ganado!”, grita emocionada ante sus amigos.

Santacruz lleva varios días comportándose de un modo extraño y Candela, angustiada, le exige una explicación. Él le pide sonriente que confíe.

Más tarde, le tapa los ojos mientras la dirige a un lugar que no le revela. Poco después, le retira el pañuelo para que se fije en la vivienda que le señala. 

La mujer se altera cuando su marido le dice que la ha comprado y se marcha en dirección a la casa de comidas, donde realiza una llamada de teléfono. 

Luego, pide a Emilia que no cuente a Severo que ha estado allí. Más tarde, Candela insiste a su esposo en que lo único que la haría feliz es irse de Puente Viejo. 

Tampoco tiene suerte Carmelo con Adela. Cuando por fin le pide que sea su esposa, ella cree que se trata de una broma y lo rechaza. Así todo acaba en una especie de juego del que ya no vuelven a hablar. 

Ese día la profesora tiene otro motivo que intensifica los latidos de su corazón: la llegada de una carta de Ulpiano. 

Nicolás decide irse unos días del pueblo y así se lo comunica a Alfonso en la posada, adonde ha vuelto Candela a llamar por teléfono después de discutir de nuevo con Severo. 

Julieta y Saúl ponen fin a su relación con una acalorada discusión en la plaza. El chico llega a La Casona tan alterado que no es capaz de decir a su hermano qué ha pasado, será Consuelo quien se lo diga. 

Prudencio, entonces, visita a la chica y le ofrece su ayuda con el fin de acercarse a ella. 

Lo que ignora es que ambos están más unidos que nunca y que han fingido la ruptura para poder vivir su amor aunque sea en secreto.   

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