Sin esperanza

Saúl se derrumba cuando Prudencio le comunica que la única persona que podriá salvarlo con su testimonio ha muerto. Antena 3. Del 16 al 20 de septiembre. 17.30h

 

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Prudencio cuenta a Francisca y a Raimundo que a Saúl se le acusa de la muerte de un hombre cuando eran universitarios.

Pero les asegura que es inocente y que hará lo que sea por demostrarlo. Lo mismo revela a Julieta, que está destrozada.

En casa de los Santacruz comienza un nuevo día y Candela despierta con ganas de abrazar a su hijo, pero pone el grito en el cielo porque no lo encuentra y halla a Venancia inconsciente y ensangrentada.

Severo llama a Zabaleta para que atienda a la anciana y se pone a buscar a Carmelito por todo el pueblo con ayuda de los vecinos, pero no hay rastro del pequeño.

Dolores recibe otra carta de Pedro con los papeles de divorcio y esta vez no duda en firmarlos. Desde ese momento, se muestra muy cariñosa con Tiburcio, algo que le recrimina don Berengario.

“Seré discreta, pero en mi casa haré lo que me venga en gana”, responde ella ofendida. 

Carmelito no aparece y Candela culpa a Severo por acoger a Venancia, que sigue sin reaccionar. Él y Carmelo sospechan que Francisca está detrás del asunto y deciden interrogarla.

De camino a La Casona se topan con Raimundo, que les asegura que la señora no sabe nada y les pide que no vayan a verla. La preocupación de Ulloa es que su amada se altere aún más.

Y es que la terrateniente ha discutido con Prudencio a causa de Saúl: “No pienso pagar su defensa mientras siga con Julieta”. Además se encargará de que nadie lo haga.

Tras la confesión de Mauricio sobre Fe, Nazaria no levanta cabeza. Don Anselmo se da cuenta y le aconseja ir a la iglesia en busca de consuelo. La criada acepta y su cambio de ánimo no se hace esperar pues en pocos días establece buena relación con varias vecinas.

El capataz se alegra por su esposa y así se lo dice. Sin embargo, Nazaria le responde con ironía y más tarde se pone nerviosa cuando recibe una carta cuyo contenido se niega a revelar.

Julieta se plantea dejar el trabajo en el ayuntamieno porque sospecha que Carmelo denunció a Saúl y, aunque Emilia y Alfonso lo descartan, necesita escucharlo de boca del alcalde. Desiste de su idea cuando él lo confirma.

En la cárcel, Prudencio comunica a su hermano que no cuentan con el apoyo de Francisca y le revela que irá a Madrid para reunirse con la única persona que puede declarar a su favor.

Carmelo se convence de que ha encontrado al alguacil perfecto cuando ve cómo se desenvuelve Melitón y lo contrata.

Hipólito, que ya se veía en el puesto, se enfada al conocer el nombramiento y Gracia trata de calmarlo.

También la Montenegro se altera al conocer el plan de Prudencio y trata de boicotearlo, pero acaba dándole permiso para realizar el viaje porque cuenta con el beneplácito de Raimundo.

Empeñada en salirse con la suya, la señora visita a Saúl para explicarle que solo hará uso de sus influencias para conseguir su libertad si deja a Julieta. “Jamás renunciaré a ella”, le asegura convencido de que será absuelto.

Fuera de sí, Francisca se hace la encontradiza con la muchacha y la culpa de la situación de Saúl. Movida por un insoportable sentimiento de culpa, Julieta va a ver a su amado y le propone alejarse de él para no perjudicarlo.

Él la tranquiliza: “Prudencio va a sacarme de aquí”. Sin embargo, unas horas después el muchacho llega de con malas noticias: “El testigo está muerto”.

La angustia en el hogar de los Santacruz aumenta: no hay noticias de Carmelito y Venancia no despierta. Convencida de que la Montenegro tiene a su hijo, Candela va a su encuentro. Mientras, Severo se derrumba delante de don Anselmo.

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