¡Por fin, boda!

Tras una falsa ceremonia y un atentado, que a punto estuvo de costarles la vida, Francisca y Raimundo consiguen convertirse en marido y mujer. Antena 3. Del 20 al 24 de noviembre. 17.30h

 

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Candela encuentra entre las pertenencias de Venancia unas prendas que encajan con la descripción del testigo que vio a una mujer saliendo del pueblo con un niño.

Sin perder tiempo, la confitera y su marido se dirigen a poner una denuncia.

Tras la pelea con su hermano, Saúl intenta quitarse a Julieta de la cabeza sin conseguirlo.

Francisca, consciente del sufrimiento de su protegido, se muestra solícita con él y le ofrece toda suerte de gratificaciones laborales con intención de animarlo.

La nieta de Consuelo tampoco puede dejar de pensar en el joven, pero sigue adelante con su sacrificio y hace pública su relación con Prudencio.

Tampoco Nazaria atraviesa su mejor momento. Consciente de que tiene que hacer algún movimiento para satisfacer a Vicente y evitar que haga daño a su hijo, al fin le muestra dónde está la caja fuerte. “Ahora solo falta que le quites la llave a Mauricio”, le indica él.

En ese preciso instante, muy lejos de Puente Viejo, Fe, que está trabajando de camarera mientras recaba información sobre su rival, entabla amistad con una joven llamada Magdalena.

 

Cuando esta escucha la descripción que su nueva amiga le hace de la persona que busca, enseguida se muestra interesada. “Es posible que la conozca”, comenta.

La incertidumbre y la falta de noticias tienen hundida a Candela y tanto Emilia como Adela se esfuerzan por distraerla.

Sin embargo, la confitera se pone más nerviosa todavía cuando recibe una carta de Venancia…

Después de varios días evitando a Raimundo, Francisca pide a Saúl y a Prudencio que lo mantengan alejado de La Casona. Unas horas después, cuando regresan, Ulloa se queda sin habla al ver la vivienda ricamente decorada.

“¿Quieres casarte conmigo?”, le pregunta la Montenegro antes de que pueda reaccionar. Tras la respuesta afirmativa del hombre, ambos se disponen a vestirse para la ocasión por separado.

Es entonces cuando Severo, ajeno a los preparativos, aparece por sorpresa para enfrentarse a su eterna enemiga: “Solo he venido para manifestarte todo mi desprecio y decirte que no voy a dejarte tranquila hasta que pagues por el daño que me has hecho”.

Una vez que Santacruz se ha marchado, la hacendada se dirige a la iglesia.

Del brazo de su amado Raimundo por fin le coloca la alianza de casado.

Él hace lo propio con la Doña.

Ambos, rezando porque la ceremonia no se vuelva a malograr, se dan enamorados el "sí, quiero".

Es entonces cuando la pareja se besa tras el beneplácito de los sacerdotes y la gran ovación de los asistentes.

Todos celebran que, por fin, Francisca y Raimundo son marido y mujer.

La dicha de los recién casados contrasta, sin embargo, con el semblante serio de Saúl, que a duras penas puede disimular su enfado y su dolor al ver llegar a Prudencio junto a Julieta.

Finalizada la ceremonia, los invitados se dirigen a La Casona para disfrutar de una agradable velada.

Los anfitriones aprovechan cualquier momento para demostrarse el inmenso amor que se profesan.

Esa noche, Nazaria fracasa en su intento de arrebatar la llave de la caja fuerte a Mauricio y Vicente tiene que improvisar un plan para quitársela.

Inasequibles al desaliento, Severo y su mujer consiguen involucrar a Dolores en la búsqueda de su hijo y, de vuelta a casa, se concentran en analizar la misiva de Venancia en busca de alguna pista.

De pronto, cuando están a punto de rendirse, la confitera observa que los detalles especificados en la carta dan a entender que la mujer no está muy lejos

Al día siguiente, Candela vuelve a tener noticias de ella cuando recibe una llamada suya. Una vez que ha informado a Severo y a Carmelo, los tres deciden centrar su búsqueda en los alrededores de La Puebla.

La actitud y el humor de Saúl empeoran y Francisca, con intención de hacerle reaccionar, le espeta: “Si eres tan infeliz, quizás te venga bien marcharte de aquí”.

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