¡Francisca y Raimundo se casan! "A la tercera va la vencida"

Superadas numerosas vicisitudes, Francisca y Raimundo por fin se casan. Te contamos qué sintieron los actores en el rodaje.

 

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¡Por fin hay boda!

Ramón Ibarra: Sí, a la tercera va la vencida. Esta vez el cura es de verdad, Raimundo es él, nadie le ha suplantado…

María Bouzas: Y no tienes noticias de que la iglesia se vaya a derrumbar, ¿ verdad? (risas). Esta es la definitiva.

¿Qué pensasteis cuando os comunicaron que llegaba el momento?

R. I.: Bromeamos con que se casarían otros que se harían pasar por nosotros, que no llegaríamos a la iglesia… Pero tenía que ocurrir.

M. B.: Claro, llevamos una época muy felices, aunque la Paquita anda siempre con sus cosas. Pero ahora está más moderada.

R. I.: Además, a Raimundo le hace mucha ilusión.

M. B.: Y a Francisca, que lleva enamorada de este hombre desde que llevaba calcetines, pero no quiere que se le note. Como actriz, me alegro de que haya llegado este momento.

¿Vosotros también lo habríais intentado tantas veces?

M. B.: Sí, por alguien como Raimundo, que es honesto, liberal, buena persona y transparente.

R. I.: Totalmente de acuerdo. Aunque he de confesar que me sorprende que sienta la necesidad de casarse a su edad, con lo que lleva vivido… Bueno, ya lo dice el refrán, a la vejez viruelas.

M. B.: Pienso igual, hemos avanzado mucho en ese sentido, el compromiso es entre las personas. Francisca es católica, pero Raimundo no y se casa por ella. Eso es amor.

¿Habéis pasado por el altar en la vida real?

R. I.: Sí, coincidiendo con una de las bodas frustradas de mi personaje, pero me daba la risa. No entendía muy bien por qué debía hacerlo, para mí el compromiso es personal, nunca he necesitado el parabién de la Iglesia o de la Administración. Nadie tiene que bendecirnos. En cambio, antes era complicado quedarse fuera.

Saúl (Rubén Bernal) y Emilia (Sandra Cervera) son los padrinos. ¿Quién los ha elegido?

R. I.: Raimundo y Francisca se pusieron de acuerdo, era la elección más lógica, ya que ambos suplen de algún modo las ausencias de los que ya no están. Hay mucho muerto en Puente Viejo. En este momento, los más cercanos a sus corazones son ellos.

Lo prefieren a él en vez de a su hermano Prudencio (José Milán)

R. I.: Eso parece, es que les recuerda mucho a su hijo Tristán.

M. B.: Sí, y a Emilia llegamos después de hablarlo mucho.

Sorprende que Julieta (Claudia Galán) también asista.

M. B.: Ya lo creo, hasta a la Montenegro le choca porque, por supuesto, no contaba con ella en su boda. Se trata de una maniobra de Prudencio, que está convirtiéndose en digno heredero de la peor parte de Francisca.

R. I.: Sí, y lo hace bien (risas).

M. B.: Muchos asuntos los manejan entre los dos, pero este día la prioridad de ella es su amor y no está dispuesta a que nada empañe el momento.

¿Pagará su atrevimiento?

M. B.: Francisca siempre está maquinando algo, no sabe vivir de otra manera. Todo su pasado le ha dejado esa impronta, en lugar de salir sana del maltrato,  lamentablemente lo ha hecho suyo. Pero hoy solo piensa en su marido, mañana ya se verá.

¿A quién echan de menos en este día tan importante?

R. I.: A nuestros hijos, Tristán y Sebastián, por supuesto.

M. B.: Sí, es inevitable.

¿Os gustan los trajes que os han diseñado para la ocasión?

R. I.: Son correctos, nada ostentosos para no llamar la atención.
M. B.: Bueno, yo llevo un tocado porque tiene que notarse que pertenezco a la clase alta. Además, le da más elegancia al atuendo.
R. I.: Yo la veo guapísima y discreta, salvo por esas plumas.

¿Os pidieron opinión?

M. B.: No es necesario, confiamos plenamente en cada departamento, saben lo que hacen. Estoy encantada.

R. I.: Y yo, se trabaja lo mejor que se puede teniendo en cuenta que se trata de una serie diaria.

¿Qué importancia tiene para vuestros personajes la iglesia donde se dan el “sí, quiero”?

R. I.: Es un lugar especial que les trae muchos recuerdos, ha habido bodas frustradas, aunque las dos nuestras no fueron aquí. Además, también se han producido hechos nefastos, como la muerte de Tristán.

M. B.: Francisca se siente unida a esta iglesia, tenía que ser aquí. Si no, habría elegido el campo porque le encanta.

¿Qué os gustaría que ocurriera a partir de ahora?

R. I.: Raimundo podría pasarse al lado oscuro porque le sienta bien la pinta de mafioso que le da el traje de la boda. Todo se pega.

M. B.: Es verdad, parece un capo. Yo lo veo muy bien.

¿Juntos hasta el final?

M. B.: Claro, no puedo pensar que sucediera algo que los separara. Sería complicado y desacertado, aunque con los guionistas nunca se sabe, no estoy en su cabeza.

R. I.: Es cierto, ha pasado de todo en Puente Viejo.

¿Es complicado un rodaje donde hay tantos actores?

R. I.: Todos lo son, y a veces resultan pesados porque casi siempre hay que repetir pero conseguimos que haya buen ambiente y nos lo pasamos muy bien. Así es como merece la pena hacer este trabajo. Además, hoy hemos tenido mucha suerte porque el entorno es maravilloso y hace un día espléndido.

M. B.: Este oficio es creación y si empiezas sufriendo no puedes hacerlo. Las secuencias corales requieren mayor esfuerzo, pero estamos todos juntos y surgen más momentos para reírse.

¿Alguna anécdota que queráis compartir de las grabaciones?

R. I.: Hemos visto un amanecer precioso. Con las antenas del centro de comunicación de la NASA a lo lejos, ha sido como colarse en la película de Spielberg Encuentros en la tercera fase. Estaría bien ver el atardecer haciendo una ruta de las muchas que hay por aquí.

M. B.: Tenemos mucha complicidad, no dejamos de reírnos casi por cualquier cosa.

Algunas fotografías del making off
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