Julieta, detenida

Melitón encuentra a la chica en la estación y se la lleva acusada de matar a su padre. Saúl se desespera al regresar al lugar y no encontrarla. Antena3. Del 7 al 11 de mayo 17.30h

 

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El desasosiego de Francisca tras recibir una foto de Raimundo con los ojos quemados por un cigarro no deja de aumentar y la señora deja el pueblo sin comunicarlo a nadie.

Al día siguiente, su marido se preocupa porque no ha pasado la noche en casa y reúne a los jornaleros para que lo ayuden a buscarla.

Prudencio también se inquieta, pero hay otro asunto que requiere su atención: se ha citado con un hombre a quien le entrega una considerable cantidad de dinero.

Para entonces, Julieta y Saúl ya se han despedido de Consuelo y han emprendido su marcha.

A pesar de las dudas por las represalias que la huida pueda acarrear en su amada, Saúl está feliz de poder por fin iniciar un nuevo futuro juntos.

“Todo saldrá bien”, se prometen cuando al fin se ven libres en medio del bosque con solo su maleta a cuestas.

Mientras ellos se dirigen andando y felices a la estación de autobuses, Melitón se presenta en casa de la señora en busca de su nieta.

Aunque el alguacil se va sin ella y sin que le revelen su paradero, poco después lo descubre.

Mientras espera a Saúl, que ha ido a por comida, Julieta es asaltada por el alguacil que la lleva a un sitio apartado para poder hablar con ella. Muy a su pesar, la arresta. “Ha sido acusada del asesinato de su padre”, le informa.

En ese momento, un funcionario comunica a Julieta que han hallado el cadáver. Ella, que se derrumba porque se sabe descubierta unque fue un accidente, se pregunta quién la ha delatado.

Al regresar y no encontrarla, Saúl se pone nervioso y, como nadie puede explicarle lo sucedido, vuelve a Puente Viejo. Creyendo que Prudencio está detrás del asunto, lo interroga pero éste le asegura que no sabe de qué le habla aunque se le nota feliz.

Desolado, el joven va a casa de Consuelo, que le habla de la visita de Melitón: “Me temo que mi nieta está en la cárcel por la muerte de Ignacio porque el alguacil me aseguró que no era por adulterio”.

 

Francisca regresa al pueblo tan misteriosa como se fue y promete a Raimundo ayudarlo a acabar con el general Pérez de Ayala.

Para entonces, Fe ha regresado a la bodega tras dejar La Casona y agradecer a Mauricio sus cuidados, además de desearle que encuentre pronto a Nazaria.

La mujer quiere volver a su negocio pero aún se encuentra débil. Los Mirañar, en cambio, sí pueden reabrir el colmado y lo celebran con una fiesta en la plaza.

Emilia finalmente no reveló los abusos que sufrió durante su cautiverio a Alfonso para no hacerle daño y este, que sigue sin recuperar la vista, descarga su ira contra Matías. Después de que el chico logra tranquilizarlo, él le comenta el extraño comportamiento de su madre.

Poco después, descubre que lleva los cuchillos de Tiburcio en el zurrón con el que sale cada mañana.

Cuando decide exigir una explicación a su mujer, llega el general dispuesto a ejecutarlos como escarmiento por la burla de la que ha sido víctima, pues no ha encontrado a Nicolás.

Pero en ese momento, aparece un sargento de la guardia civil a quien Raimundo ha contado los atropellos del militar y lo detiene. El hombre no opone resistencia cuando le muestra la orden de arresto.

Saúl se desespera porque se ha decretado el secreto de sumario y nadie en comisaría le informa del motivo de la detención de su amada.

Mientras Carmelo se compromete a ayudarlo, Julieta exige a gritos que le permitan ver a su familia y a un abogado, pero lo único que consigue es que Melitón se cuele en la celda y le pida paciencia.

Ajeno a esto, Severo sigue rehuyendo a Irene, que lamenta su distanciamiento. No es la única inquietud de la periodista.

Tras pensarlo mucho, ha decidido dar una respuesta al misterioso hombre que la ha llamado insistentemente por teléfono.

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