Mesía ha vuelto

Después de que Raimundo se reúna en secreto con Francisca, Fernando regresa al pueblo con un poder notarial de la señora para llevar todos sus  asuntos.Antena3. Del 21 al 25 de mayo. 17.30h

 

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Carmelo paga la fianza de Julieta con dinero que ella se negó a cobrar por su trabajo en el ayuntamiento y ella vuelve a casa.

Poco le dura la alegría, ya que el abogado Reneses le comunica que han encontrado una de sus horquillas en la tumba de su padre. “La coartada de que seguía vivo cuando usted se marchó ya no se sostiene”, le explica.

Además, Prudencio se niega a permitir que viva con Saúl.

La frustración por no hallar a doña Francisca no hace sino incrementar la ira del general Pérez de Ayala, que amenaza a Raimundo antes de dejar La Casona: “También está en mi punto de mira”.

Luego, el señor recibe una llamada de su esposa y se queda extrañado porque lo cita a solas en un sitio que no le concreta.

A la mañana siguiente y, aunque Prudencio y Mauricio insisten en acompañarlo, Ulloa va solo siguiendo las instrucciones de su mujer.

Una vez en el lugar acordado, se pone una venda en los ojos cuando llega un coche a recogerlo. Se la quita cuando lo deja en una casa con una puerta azul, llama y entra…

Mientras tanto, en Puente Viejo Irene habla con un desconocido en la plaza y Severo los ve. Al sentir que pierde a la periodista, vuelve a casa dispuesto a sincerarse.

Ella le aclara que el forastero no es ningún pretendiente, sino alguien que le ofrece trabajo y que ha aceptado. Aun así, desea quedarse y sueña que Santacruz le pide matrimonio.

 

Lejos de ocurrir eso, el hombre le hace un regalo de despedida: un brazalete con el nombre de Carmelito grabado.

La maldad de Pérez de Ayala no tiene límites y se mofa de Fe hasta el punto de dejarle claro que él mismo la colgó de la viga.

Ella no responde a sus provocaciones, como tampoco lo hace Alfonso cuando se encuentran en el campo. El general se burla, asegurándole que ya no es nadie sin su bastón de ciego e incluso provoca que se caiga.

Menos suerte tiene Mauricio, que recibe una paliza por parte de sus hombres cuando se enfrenta a él. Al menos, confirma que el militar está detrás de la desaparición de Nazaria.

Emilia recrimina a su marido no enfrentarse al general y él lamenta que ella se sienta sola.

Dispuesto a cambiar la situación, acecha a Pérez de Ayala para encontrar su punto débil, pero este lo humilla de nuevo: “No quiero matarte, sé como hacerte más daño”. Acto seguido, le relata las vejaciones a las que sometió a su mujer.

Roto de dolor, Alfonso busca a su esposa y le pide que se sincere sobre aquellos días. Así, recuperan la confianza y el amor perdidos y se unen para vengarse.

Tras sufrir un ataque de ciática, don Berengario apenas puede moverse y Tiburcio le ofrece su casa pero Dolores se resiste a cuidarlo.

A los pocos días, será el hombre quien se arrepienta de su
idea porque la convivencia con el cura resulta insoportable.

Don Anselmo va a visitar a su compañero y, después de recordarle que los Mirañar le están haciendo un favor, desvían la conversación hacia Isaac, el chico que dejó el pueblo hace años y que acaba de invitar a Matías a su boda.

De vuelta al pueblo, Raimundo dice a Mauricio y Prudencio que no le pregunten por su viaje.

Horas después, llega a La Casona un coche del que desciende el odiado Fernando Mesía, a quien todos daban creían loco y en la cárcel, que tanto daño infligió a María y cuya muerte ordenó Francisca.

El capataz se dispone a echarlo a patadas, pero Raimundo lo frena y el joven muestra unos poderes firmados por la mismísima Montenegro que le permiten actuar en su nombre como considere.

Todos están a su cargo y el primero con el que se sienta a hablar es Prudencio. “Quiero que me ponga al corriente del asunto de su mujer. Voy a ayudarlo igual que lo haría la señora”, le asegura.

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