Malas noticias

El médico comunica a Adela que tiene un trozo de metal en la cabeza imposible de extraer. Antena3. Del 20 al 24 de agosto. 17.30h

 

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Desde que la encontró, Raimundo no deja ni un segundo sola a doña Francisca, protegiéndola de cualquier peligro y como si intuyera que algo grave va a suceder. 


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Fuera de la sala donde están ellos, Fernando habla por teléfono sobre sus “invitados” y asegura que, de momento, “hay que tratarlos bien”. 


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Por su parte, Isaac evita tener cualquier contacto íntimo con Antolina hasta la boda, algo que a ella no le molesta pues realmente ha conseguido su objetivo de alejarlo de Elsa. 


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Consuelo y Marcela son testigos de las humillaciones de la envidiosa doncella a su rival. 


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La abuela de Julieta desconfía de la participación de su nieta en el negocio de Fe cuando, casi por casualidad, la ve hablando con Saúl. En ese instante, alguien irrumpe en la bodega, quedando en evidencia lo que pasa. 


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La demencia de Magdalena avanza rápido y Gracia habla seriamente con don Berengario. “Debemos localizar a sus familiares. Se me ocurre poner un anuncio en el periódico”, plantea. Esa misma tarde, Onésimo hace una foto a la anciana para publicarla.

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Adela está convencida de que está recuperada del disparo, pero nada más lejos de la realidad... Además, esa tarde, Severo e Irene van a recoger sus cosas al hospital y leen una amenazante pintada.

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Preocupados por el paradero de la dueña de La Casona, Mauricio y otros vecinos deciden investigar por su cuenta: “Hay que ir con cuidado. Cualquiera puede estar involucrado en su desaparición”.

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Isaac está preocupado por cómo estará Elsa, pero ella no quiere recibirlo. “Vete. Ya he sufrido demasiado”, asegura.

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Ajena a esto, Antolina pide a Marcela y Matías que preparen un presupuesto para el banquete de su boda: “Quiero que los invitados disfruten tanto como yo”.

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Con la ayuda de Severo, Irene escribe una nota haciéndose pasar por Adela e invitando a Basilio a ir a visitarla.“Tengo ganas de que veas lo recuperada que estoy”, puede leerse.

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En el sanatorio, unos celadores se presentan con la intención de llevarse a doña Francisca. “No se va de aquí sin mí”, asegura Raimundo con la mirada fija en su mujer, que parece ausente de todo. Mientras, en el despacho, Fernando está reunido con Fulgencio Montenegro, el ‘jefe’...

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Tras haber quedado en evidencia, Antolina se disculpa falsamente con Elsa, que la perdona y, luego, finalmente, se reúne con Isaac. Aunque el amor entre ellos es evidente, son conscientes de que el enlace debe producirse.

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Medio delirando, doña Magdalena sorprende a don Berengario al recrear emocionada cómo conoció a Armando: “En un día sabíamos que éramos el uno para el otro”. A la mañana siguiente, esta desaparece y nadie se explica cómo ha podido marcharse.

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Los médicos estudian el caso de Adela y optan por darle el alta, ya que no pueden hacer nada más. “Traigo malas noticias, todavía tienes un trozo de metal en la cabeza pero es demasiado peligroso extraerlo. Las consecuencias serían fatales”, le comunica el doctor.

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Ella, desolada, se rompe: “Le pido, por favor, que no se lo cuente a mi marido”.

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Esa noche, Elsa comparte con Consuelo su sospecha sobre Antolina: “Creo que le une a mi hermano una relación más allá de la amistad”.

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La conversación acaba con la llegada de don Amancio. “¿Eres tú? ¡Padre! He soñado tantas veces con abrazarte”, exclama la chica entre lágrimas.

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Tal y como supuestamente le pedía Adela, Basilio acude a verla con un ramo de flores.

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Pero quien lo espera es Carmelo, desesperado. “Tú disparaste a mi esposa”, dice fuera de sí.

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Al mismo tiempo, Mauricio cubre a Julieta mientras ella registra las pertenencias de Fernando. Sin tener que mirar mucho, descubren el portafolios con una nota que les deja impactados: “Yo soy Fernando Mesía”.

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Una vez dadas las explicaciones sobre su huida, Elsa perdona a su padre y lo presenta en la casa de comidas. Quien se muestra especialmente agradable con el recién llegado es Antolina, que le pone al día de su enlace.

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Fernando desconcierta a Raimundo actuando como su salvador y no como su verdugo.

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Ajena al enfrentamiento de Basilio con su marido, que ha dejado malherido al hombre, Adela regresa a casa y se muestra tranquila. También Carmelo parece sereno, pues tiene una buena coartada gracias a Irene y Severo.

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