El dilema de Severo

Santacruz se debate entre aceptar la oferta de Molero por sus tierras o rechazarla para no dejar a sus habitantes desamparados ante el pérfido empresario. Antena3. Del 26 al 30 de noviembre. 17.30h

 

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Antolina utiliza al marqués de Laso para que Isaac no esté en casa cuando ella suministre a Elsa una sustancia que le anule la voluntad.

Como el carpintero desconfía, pide a Matías y a Marcela que la protejan.

Sin embargo, será Consuelo quien la salve en el último momento. “Sé qué pretendes y no voy a permitirlo”, amenaza a la antigua doncella pese a carecer de pruebas.

A su regreso de Madrid, Fernando es acorralado por María, Raimundo y Mauricio, que están dispuestos a plantarle cara.

De pronto, la mujer pide a su abuelo y al capataz que los dejen solos.

Luego, reconoce a Mesía que le han mentido y, tras confesarle que no ha roto con Gonzalo y que sus hijos están vivos, le pide que él se sincere pero no lo hace y se marcha.

El teléfono del colmado suena para dar la mejor de las noticias: Gracia ha dado a luz y se encuentra bien. “¡Ya soy abuela!”, grita emocionada Dolores, que no deja de repetir la frase por el pueblo.

No todo son alegrías para la señora: su sobrino Onésimo y Paco, el molinero, son arrestados por la guardia civil acusados de falsificar billetes en la funeraria.

A duras penas, Consuelo logra llevar a Elsa a la casa de comidas, donde asegura a Matías y su mujer que Antolina quiere matar a la muchacha. Inquietos, llaman al doctor Zabaleta, que le realiza varias pruebas cuando le dicen que quizá están envenenándola.

Severo, Carmelo, Saúl y, en especial, Julieta se alegran cuando las últimas personas reticentes a firmar en contra del empresario Eustaquio Molero deciden hacerlo.

Con la documentación en sus manos, se presentan en los juzgados, donde la demanda es admitida.

“Debemos tener cuidado, ese señor es muy peligroso y no aceptará un veredicto desfavorable para él”, advierte Saúl.

El resultado de los análisis realizados a Esla no deja lugar a dudas: no hay rastro de veneno en su cuerpo. Antolina se jacta de su inocencia y acusa a su antigua señora de fingir malestar para destruirla.

Isaac, entonces, visita a su amada y, tras reproducir las palabras de su esposa, le reconoce que empieza a creerla y ella se derrumba ante la pérdida de confianza del carpintero.

Raimundo irrumpe en el despacho cuando se da cuenta de que María y Fernando están discutiendo y consigue calmar los ánimos.

Al quedarse a solas con su nieta, la previene sobre su plan, pero como se niega a escucharlo se enfrenta a Mesía: “No voy a permitir que la lastimes, ni se te ocurra tocarla”.

Incapaz de controlar su ira, Fernando estalla: “No me hable así, yo he hecho mucho por esta familia. Si pierdo el control, las consecuencias serán terribles, y no para mí”.

Tampoco Irene aguanta más a don Anacleto y escribe un reportaje con doble sentido para vengarse de él. “Me da igual que me despida”, dice para sí.

Antolina invita a cenar a Marcela y Matías y, delante de Isaac, les dice a los tres que Elsa los ha predispuesto en su contra. Además, asegura que está loca y que tiene pruebas de ello.

Severo contrata a unos hombres para que hagan guardia en Las Lagunas. A los pocos días, Molero llega a Puente Viejo con varios escoltas y cara de pocos amigos.

El marido de Irene se pone en alerta pues todo parece indicar que quiere arreglar el conflicto de la mina a golpes, pero se equivoca.

Cuando se ven, el hombre le propone comprarle las tierras a precio de oro. “No puedo abandonar a los laguneros, pero ese dinero sería el fin de mis problemas”, medita en la soledad de su despacho.

Siguiendo con su plan, María fuerza a Fernando a sincerarse: “Ya no te oculto nada, ahora dime tú hasta qué punto estás implicado en el secuestro de mis padres”.

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