Un hombretón para Dolores

Uno de los integrantes del circo que ha llegado al pueblo se siente atraído por la dueña del colmado. Antena 3. Del 18 al 22 de septiembre. 17.30h

 

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Mientras Prudencio sigue ganándose el aprecio de Julieta enseñándole a leer y escribir correctamente, Saúl cede a los deseos de Francisca para evitar que recaiga.

Ella es la culpable de que, horas después, no acuda a la cita con su amada, que teme haberse equivocado al quedarse en Puente Viejo por él.

Emilia y Marcela aprovechan para comentar lo extraña que es Venancia, la señora que se ha instalado en la casa de comidas y de la que solo conocen el nombre, cuando sale por Puente Viejo. Durante el paseo, la mujer se encuentra con Candela, acompañada de Severo y Carmelito.

Al ver a un niño que le recuerda a su nieto, Venancia se emociona pero Candela le prohíbe acercarse a él y se va con su familia. Luego, dice a su marido visiblemente aterrada que se trata de su exsuegra. Esta llega a la posada echa un mar de lágrimas y confiesa a la dueña quién es y el motivo de su aflicción.

Dispuestos a acabar con la Montenegro, Carmelo y Severo ultiman lo detalles de su guerra abierta. Francisca hace lo mismo con Saúl. 

 

Algo con lo que no está de acuerdo Mauricio pues cree que el muchacho se negará a poner explosivos en el ayuntamiento, pero se equivoca… “No quiero matar a nadie, solo paralizar las obras para que los trabajadores vuelvan con nosotros”, le ha asegurado la señora para convencerlo.

Venancia recurre a don Anselmo y don Berengario para que la ayuden con Candela. Tras hablar con ella, los curas le aconsejan desistir: “Váyase con la conciencia tranquila por intentarlo, pero no vemos reconciliación posible”.

Cuando todos los puentevejinos se encuentran en sus casas y comercios, un circo irrumpe de pronto en la plaza central.

Los payasos se hacen con el recinto y comienzan a correr por todo el pueblo llamando la atención de los presentes...

...y sacándoles una carcajada olvidando los problemas de su día a día.

Malabaristas, trapecistas y domadores de fieras acompañan al séquito que acaba de aterrizar en el pueblo.

Incluso un tragafuegos hace parte del espectáculo para atraer a todos a su circo.

También hay entre ellos un forzudo, Tiburcio, que se queda prendado de Dolores en cuanto la ve levantándola en varias ocasiones.

Pero a la señora parece no gustarle y no duda en humillarlo incluso después de recibir unas sinceras disculpas.

Tampoco Prudencio tiene suerte en asuntos del corazón. Creyendo que Julieta empieza a sentir algo por él, se atreve a besarla, pero ella se va corriendo.

En ese momento, Saúl se encuentra escondiendo unos explosivos en el bosque.

De camino al pueblo, la joven muchacha le sorprende sin que él pueda hacer nada.

Julieta le exige una rápida explicación. “¿Qué estás haciendo con todo esto?”, le pregunta enfadada. Saúl, no contento con el plan que le ha encomendado la patrona, se niega en un primer momento a hablar.

Los dos se enzarzan en una acalorada discusión en la que el joven aprieta sin darse cuenta el detonador...

Ambos salen ilesos de la explosión. “Nadie puede obligarte a delinquir, tú no eres así”, le dice la joven. Además, le confiesa que su hermano la ha besado. La conversación fortalece su amor y ambos deciden luchar por él.

De vuelta en La Casona, Saúl comparte con Francisca su cambio de planes: conseguirá jornaleros a su modo.

Cuando va despedirse de Candela, Venancia se desmaya. Severo insiste en que la examine Zabaleta y este les asegura que le queda poco tiempo de vida. Santacruz pide a su esposa que la cuide, pero ella se lo encarga a Marcela.

Asombrados con la fuerza de Tiburcio, Hipólito y Onésimo lo contratan para cargar barriles de vino. Dolores se enfada, pero cuando el hombre entra en el colmado y presenta de nuevo sus disculpas, incluso se ruboriza. Aunque hubiera querido que no se le notara, sus sentimientos hacia él han cambiado.

Durante un paseo, Julieta y Emilia escuchan extraños sollozos de una mujer en el bosque.

 

Se trata de Rosa, una vecina que está a punto de suicidarse tirándose por un barranco.

“¡No lo hagas!”, grita Julieta, quien consigue hacer recapacitar a la mujer y evitar que se matara.

Luego trata de devolverle las ganas de vivir consiguiéndole un techo donde cobijarse.

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