Envenenada

Victoria se debate entre la vida y la muerte después de que Milagros atente contra ella. Canal Sur. Miércoles 26 de octubre. 22.20 h.

Durante el funeral de Rosita y en presencia de Victoria, un destrozado Tomás acusa a Miguel de ser el responsable de la muerte de su hija por haberle dado falsas esperanzas de un futuro en común y utilizarla como un “juguete amoroso más”. “Comprendo tu dolor, pero no voy a aceptar que me eches la culpa ni me señales”, responde el joven. De vuelta a la casa, Nicolás se excusa con su prometida por haber presenciado tan desagradable enfrentamiento.

Las consecuencias de las muertes indiscriminadas de esclavos no se hacen esperar y en la ciudad algunos negros se dedican a tirar tomates y piedras a los hacendados. Para evitar que la situación se descontrole, el general Márquez decreta el toque de queda entre las seis de la tarde y las seis de la mañana y, molesto por las constantes indirectas que se lanzan Alonso y Granados, les llama la atención y les pide que dejen a un lado sus diferencias: “Ahora, más que nunca, es momento de estar unidos”.

Tras aceptar la explicación de Miguel, quien le asegura que solo le unía a Rosita una inocente amistad, Victoria sigue adelante con los preparativos de la fuga y, como parte del plan, exige varios requisitos: “El día de mi boda quiero un séquito formado por una esclava que será Milagros, alguien que me ayude con la estructura metálica del vestido y que podría ser Tomás y una carroza conducida por Miguel”. Lejos de sospechar lo que planea, Nicolás accede.

Entre tanto, Milagros, sedienta de venganza, consigue algunas hierbas para elaborar un brebaje letal que luego vierte en el té de la futura esposa del patrón.

Llegado el gran día y pese a sentirse indispuesta, Quintero reúne a su comitiva y, durante el trayecto a la iglesia, les desvela su verdadera identidad y su intención de huir con ellos. Tomás, emocionado, la abraza mientras su hija los mira a ambos con gesto desencajado.

De pronto, la joven empieza toser sangre y la esclava acaba confesando la verdad: “La envenené pensando que era la marquesa”. Así, mientras Victoria se debate entre la vida y la muerte, el resto de sus acompañantes se esfuerzan en hallar un antídoto.

Isabelita, incapaz de aceptar la pérdida de Rosita y la boda de su padre, siente que no le importa a nadie y escapa de El Edén.

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