Ana Harlen Mosquera, conocida gracias a ‘La esclava blanca’: “Yo he sido una mujer maltratada”

Luchadora como su personaje, sigue intentando que el exnovio que casi acaba con su vida hace una década salde cuentas con la justicia.

 

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Las novelas de época han marcado la carrera de esta artista colombiana de 30 años. Hace siete dejó a un lado la profesión de modelo para meterse en la piel de una princesa esclavizada en La Pola. Hoy, gracias a La esclava blanca, su trabajo se conoce en medio mundo.

¿Cómo llegaste a la actuación?
Siempre me había interesado y un día una amiga me dijo que me presentara al casting de La Pola. Estaba convencida de que no me cogerían porque no era actriz, pero fui y me eligieron. Era la primera vez que me ponía delante de una cámara y estaba muy nerviosa. Sentí como un flechazo y lo hice lo mejor que supe, después estudié y empezaron a llegarme proyectos.

¿Qué te atrajo de La esclava…?
Que recreaba la cruel realidad que vivieron nuestros antepasados. Es importante darla a conocer y recordar de dónde venimos. Fue doloroso grabar las escenas de castigo.

 

¿Alguna que aún recuerdes?
Muchas, pero quizá me quede con la secuencia en la que me encuentro a mi hermana Rosita (Alejandra Taborda) muerta, colgada de un árbol. Lloro cada vez que la veo. Es muy duro saber que eso ocurría, pero me siento orgullosa de haberlo mostrado.

¿Cómo te preparaste para meterte en la piel de tu personaje?
Me gustó que fuera curandera y que supiera tanto de hierbas. Como solo conozco los beneficios de la manzanilla (risas), me puse a investigar. Me asesoraron mi madre y varios sanadores de Chocó, mi tierra, donde se recurre a las plantas con frecuencia.

El reparto era internacional. ¿Con qué compañero te llevaste mejor?
Estábamos todos unidos, quizá por la dureza de la historia, por las largas jornadas de trabajo… Pero Nerea Camacho (Victoria), Paola Moreno (Remedios) y yo nos hicimos muy amigas.

¿En qué proyecto te embarcaste después de la novela?
En No olvidarás mi nombre. Se trata de una idea original de Fernando Gaitán (Yo soy Betty, la fea), que refleja la realidad de Colombia después del conflicto con la guerrilla que ha durado cincuenta años. Es un trabajo muy bello porque se toca el tema desde el lado de las víctimas.

¿A quién interpretas?
A una mujer que fue vendida como prostituta cuando era adolescente y que tuvo una hija. La niña muere en la guerra y ella debe huir. Luego regresa al pueblo para luchar contra los culpables.

Parece que te persiguen los papeles de mujeres que sufren…
Sí, pero me gusta interpretarlos, son muy enriquecedores.


¿Qué aprendiste de Milagros?
Me dejó huella porque es una mujer luchadora y noble que sabe salir adelante. Me identifico mucho con ella. Yo fui maltratada, algo que me marcó y me hizo cambiar. Ya no dejo que esas situaciones me impidan crecer.

¿Qué ocurrió?
Tuve un novio con el que rompí, no lo aceptó y me hirió con una navaja en los brazos, las piernas y la cara. Casi me mata. Fue duro verme con cicatrices, no encontraba trabajo de modelo y caí en una depresión. Me llevó años salir del hoyo y varias operaciones, aún me quedan marcas pero ahora entiendo que forman parte de mi vida.  

¿Contarlo te ha ayudado a superarlo?
Sí, y a que otras mujeres sepan que se puede luchar contra el maltrato. Hay que denunciar. Yo sigo pidiendo justicia porque el hombre que me hizo daño aún sigue libre, lo condenaron a cinco años y seis meses de prisión y a una indemnización, pero apeló.

¿Tienes pareja?
No, pero no por esa experiencia, no he permitido que me afecte. Espero al hombre adecuado.

Tu tiempo libre es para…
Pintar, viajar y estar con mi familia, que es la tía que me crió a quien considero mi madre porque me quedé huérfana de padres muy pronto y mis dieciséis primas.

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