“Tengo que irme”, en ‘Erkenci Kus’

Deniz le cuenta a Sanem que debe marcharse para cuidar de su padre enfermo.

Erkenci Kus - Pajaro soñador

Después de un mes postrado en una cama debido al accidente automovilístico que sufrió, Can ha perdido parte de su memoria. Reconoce a sus padres y a su hermano, pero no a su amada. “El paciente no recuerda nada de lo que ha pasado los últimos años. Es algo muy común en personas que han recibido un golpe tan fuerte en la cabeza”, explican los doctores a la familia. La novia del enfermo, que también está presente, queda destrozada al comprender que se ha convertido en una completa extraña para el amor de su vida. Minutos más tarde, entra en la habitación de su pareja y le explica quién es y cómo se conocieron. Además, le pone al tanto de los recientes acontecimientos: “Íbamos a dar la vuelta al mundo por un tiempo cuando ese camión nos embistió y tú te quedaste así”. El fotógrafo se siente mal, pues no recuerda lo que está contándole: “Quizá poco a poco me recupere, pero no puedo prometer nada”.

Ceycey y Muzzafer cierran un acuerdo millonario

Por otro lado, Deniz tiene una mala noticia para Sanem. La chica le comenta que debe marcharse por una temporada: “Mi padre está enfermo y debo ayudar a mi madre con sus cuidados. Ellos me necesitan, así que no tengo más remedio que acudir a su llamada”. La publicista se pone muy triste, ya que a esta partida se suma también la de Bulut. Aunque entiende sus motivos y le desea toda la suerte del mundo.

Cerca de allí, Ceycey y Muzzafer cierran un acuerdo millonario con un empresario que está interesado en comprar las cremas que hace Aydin. Esta accede a venderlas con una condición: su agencia de publicidad será quien haga la campaña de promoción de los productos. “Nosotros conocemos cada detalle de estos cosméticos, así que somos los indicados para crear una historia que facilite su venta. Haremos algo que encantará al público”, afirma. El hombre acepta ilusionado y con el adelanto que les da a sus nuevos socios, estos consiguen recuperar las oficinas de su empresa, Frikik-Harika.

En su casa, Mebkive sigue luchando contra Nihat, que se niega a reconocer su diabetes y continua comiendo chocolatinas y dulces a sus espaldas. Ni siquiera la intervención de Leyla surte efecto. “Va a terminar matándome de un disgusto, no logro hacerme con él. Se comporta como si fuera un niño pequeño”, piensa.

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