Sila regresa a Estambul

Después de huir de Mardin, la joven se muestra muy cambiada y toma las riendas de la empresa Özdemir. Nova. Del 31 de diciembre al 4 de enero. 21.15h

Sila Cansu Dere
Ay yapim

Finalmente, Sila llega a Estambul en el avión privado de Emre y este la lleva a su mansión apartada y vigilada veinticuatro horas. “Ya nadie podrá hacerte daño”, asegura. Sin embargo, lejos de sentirse feliz, la joven no deja de llorar pues se siente de nuevo encerrada y culpable por haber abandonado a Boran. Azad y Narin, que la acompañan, tampoco se encuentran mejor. “No se detendrán hasta que estemos muertos”, piensan.

En Mardin, Celil y Bedar se angustian al no saber nada de ellos y sus peores presagios se cumplen cuando Azad le coge el teléfono. “Escapamos. Estamos en Estambul”, anuncia, y el anciano sufre un repentino desmayo.

Kevser maldice a los Sönmez

Esa misma noche, es Sila quien se comunica con su padre, ya recuperado. “Por favor, en cuanto podáis, venid a reuniros con nosotros. No tenía otra opción, me ahogaba allí”, se excusa. Celil intenta hacerla recapacitar y, como no lo consigue, le advierte del peligro que corre: “Si no vienes aquí enseguida, me obligarás a cumplir con la tradición y tendré que matarte yo mismo”.

Ajeno a esto, el líder de los Genco continúa deshaciéndose de todas los recuerdos de Yezda y acondicionando la habitación que fue suya con la ayuda de su inseparable Ayse. Gracias a uno de sus hombres, Cihan descubre que Sila huyó y no tarda en poner al corriente a Boran. Lleno de ira, este destroza toda el cuarto que había preparado para su esposa: “¿Cómo pudo hacerme esto? Le di mi confianza y fui en contra de todo por ella”, se desahoga con Abay.

La noticia se extiende rápidamente por el pueblo y la tribu, con Firuz a la cabeza, se reúne. Kevser, por su parte, visita a los padres de Sila y los maldice: “Ojalá los entierren vivos por el daño que han hecho a mis hijos”. Poco después, los Genco mandan llamar a Celil para comunicarle su veredicto: “Deberás cumplir con la tradición o te será imposible vivir con honor en Mardin. Tus hijos serán castigados. Por eso, irás a Estambul y no volverás hasta que hayas cumplido”. El anciano se derrumba, aunque no tiene más remedio que acatarlo.

Bedar espera a su esposo a la salida y rompe en llanto al conocer el veredicto. “Es tiempo de desobedecer. Pueden señalarme, dejar de saludarme, quitarme mis tierras… da igual, nada es más preciado que la vida de mis hijos”, declara. Además, le lanza una seria advertencia: “Si los apuntas con un arma, entonces puedes olvidarte de mí. Me iré lejos y me llevaré a Emir y Dilan”.

Entre tanto, en Estambul, Sila se presenta en la empresa y organiza una junta con los demás socios para ponerse al día. Emre la acompaña y se ofrece a hacer todas las gestiones por ella. “Si me quieres ayudar, apártate”, asevera ella enfadada. Además, se muestra reticente a retomar su relación amorosa.

Desconcertado con la actitud de la joven, Türkoğlu pide consejo a su padre. “Ha pasado por momentos difíciles y necesita tiempo. Mantente cerca para que entienda que eres el único hombre en quien puede confiar, pero no la presiones”, le aconseja.

En un intento desesperado por evitar el derramamiento de sangre, Bedar se presenta en casa de Kevser: “Las dos somos madres y estamos sufriendo. Unamos fuerzas y luchemos contra las reglas morales”. Sin embargo, la mujer de Firuz le da la espalda: “Cometieron un error y deben pagar”.

Sila se anima a llamar a Ayse para pedirle perdón, pero la criada se niega a escucharla y le avisa de que Boran está camino de Estambul: “Nos has humillado a todos y va a cumplir con la tradición”. Lo que no sabe es que también Celil, su propio padre, tiene el mismo objetivo.

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