Adriana Barraza es Trini en ‘Silvana sin lana’: “El mundo necesita más tolerancia”

A esta artista mexicana le preocupan las medidas migratorias del presidente de Estados Unidos, donde vive desde hace más de una década

 

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Lleva cuatro décadas impartiendo clases de interpretación. Por su escuela, la Adriana Barraza Acting Studio, han pasado Juan Soler, Kate del Castillo, Patricia Manterola... También ha dirigido y como actriz ha recibido numerosos premios, incluso una nominación al Oscar. Se trata de una de las artistas más reconocidas y queridas de México.

¿Qué recuerdos te dejó Silvana sin lana?

Los mejores, me divertí tanto... Fue fantástico trabajar con Carlos Ponce [Manuel] y Maritza Rodríguez [Chivis]. Las que hacen de mis nietas [Thali García y Marcela Guiraldo] todavía me llaman abu. Lo pasamos bien porque hubo respeto y alegría.

Lo destacas como si fuera raro...

Los protagonitas, que marcan el ritmo de la novela, no siempre llegan de buen humor y con ganas de seguir el guión. A veces no se respetan y eso puede hacer que los demás también se tomen licencias... Pero en este caso, todos fuimos compañeros en el amplio sentido de la palabra.

¿Quizá imponga compartir elenco con alguien con tu trayectoria?

Carlos le dijo a mi marido [Arnaldo Pipke] en las grabaciones: “La maestra nos hace ir en fila”. Pero yo solo hago mi trabajo (risas).

¿No te sientes rara recibiendo órdenes cuando tú también las das?

¡Benditos directores! No hay actor que no los necesite, no importa la edad que tenga. Lo peor que le puede ocurrir a un artista con más de sesenta años como yo y cuarenta y tantos de profesión es pensar que ya lo sabe todo. Eso es falso. A mí Luis Manzo me ayudó mucho.

¿De qué modo?

Me dijo que Trini era como una niña, que no podía ser más adulta porque sino el público la odiaría por las barbaridades que hace. Creo que es de mis personajes estrella, uno de los más divertidos.

¿Si encarnas a un personaje alegre te notas también tú más feliz?

Siempre estoy de buen humor, en eso nos parecemos mi marido y yo, que se despierta cantando y gastando bromas. Y menos mal porque estamos todo el día juntos. Trabajamos en la escuela y compartimos proyectos, tenemos tres películas por estrenar: Ley primera, Volar y Perros.

¿Siempre quisiste dar clases?

No, soñaba con ser actriz, pero fui madre soltera, tuve una hija muy joven [la actriz Ana Carolina Valsagna] y había que darle de comer. Cuando me ofrecieron dar clases de expresión corporal gracias a mi preparación en ballet clásico no lo dudé, porque durante quince años no cobré por ninguno de mis personajes.

¿Qué otros trabajos has hecho?

Vendí libros, trabajé en un hospital, en una guardería, en un salón de belleza... Pero seguí con la actuación y como no me pagaban no podían echarme. Nunca me planteé si valía o no.

¿Te gusta echar la vista atrás?

Solo para reír. No sirve de nada vivir de las glorias pasadas ni los sufrimientos. Mi responsabilidad es hacer bien el trabajo hoy.

¿Qué son las novelas para alguien que ha trabajado en Hollywood?

Muchos las consideran un género menor, pero a mí me encantan porque te permiten llegar de una manera noble a todo el mundo. Y como espectadora, si son buenas me atrapan enseguida.

Llevas más de una década en Miami. ¿Por qué dejaste México?

Me fui de Toluca porque no encajaba en aquel pueblo lleno de prejuicios. Los Barraza, que eran una familia de postín, fueron muy duros conmigo cuando me quedé embarazada. No quisieron saber nada de mí. Pero uno debe reconciliarse con sus orígenes para poder seguir adelante y eso hice cuando cumplí 50 años. Al regresar me di cuenta de que aquello había cmabiado, ¡tengo hasta una calle!

¿Fuiste directamente a Estados Unidos?

Viví primero en Chihuahua, una ciudad fronteriza, durante siete años. Estaba feliz porque allí los mexicanos son abiertos y francos. Después fui a Argentina, donde conocí a mi marido y nos instalamos en Miami.

Como mexicana, ¿qué opinas de Donald Trump, el presidente?

Ha dividido al país y lo está poniendo en una situación peligrosa. Por suerte, muchas personalidades apoyan a los inmigrantes. Insto a los latinos a que sigan demostrando que no somos escoria, la criminalidad no tiene nacionalidad. El mundo está revuelto y contaminado con tanta violencia, necesita más tolerancia.

¿Os habéis planteado tu marido y tú marcharos del país?

No, estamos legalmente y hemos contribuido a su desarrollo con nuestros impuestos...

Arnaldo en tu vida es...

Mi gran compañero de viaje, lo conocí con 47 años, el tenía 45. Es cariñoso, comprensivo... Cuando me diagnosticaron cáncer de pecho en 2015 lo vivió conmigo, supo dejarme el espacio que necesitaba y acomodarse a la nueva situación. Desde mi enfermedad cada uno va a un psicólogo porque este tipo de baches suelen acabar con los matrimonios.

¿Te ha cambiado la enfermedad?

No sé cómo sonará pero agradezco a Dios esta experiencia y haberla superado de momento, espero pasar de los cien años. Este episodio me ha hecho reflexionar sobre quién soy, sobre lo que me gusta y lo que no de mi vida y hacia dónde dirigía.

¿Estabas equivocándote?

Tenía partes desatendidas. Ahora pienso menos en el trabajo y más en ir a la playa y meter los pies en el agua, leer un libro, comer rico, acompañar a mi nieto de 10 años al colegio, estar con mi hija en su jardín hablando con las plantas...

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