“¡Estás viva!”

Ernestina se emociona al encontrarse de nuevo con Ana Lucía, su nieta. Nova. del 26 al 30 de diciembre. 21.30 h.

Julieta encuentra a Sandro besándose con otra mujer y comienzan una acalorada discusión. “Denisse es la nueva dueña de mis bienes. Llevamos juntos varios años y si no lo había hecho público era por respeto a Daniel”, afirma él. El enfrentamiento va a más cuando queda al descubierto el pasado de la mujer: “Tadeo Nájera fue tu marido y tuviste dos hijos a quienes abandonaste sin ningún remordimiento. Eres el peor error de mi vida y quiero que te vayas ahora mismo de mi casa como llegaste, sin nada”.

Tras observar el comportamiento de Ana Leticia con Mariano, Viridiana está convencida de que está enamorada de él. “Te cela como mujer y no como sobrina”, comenta a su novio, pero él no le cree. Ajena a esto, la pérfida trilliza visita a Ernestina, que todavía está delicada de salud, y malmete contra su hermana. “Marcelo y yo vamos a divorciarnos porque tiene una amante. Es Ana Lucía”, dice llorando.

Javier cuestiona a Iñaki sobre el asesinato de un hombre llamado Isidro y le muestra un video donde está con Ana Leticia deshaciéndose de su cadáver: “Orlando os grabo y exige una gran suma de dinero a cambio de no enviarlo a la policía”. Muy nervioso, Nájera intenta justificarse, pero el joven no quiere escucharlo: “Me da asco ser tu hermano” .

Por fin Rodrigo puede acceder a los documentos que guardaba Alfredo en su caja de seguridad y se entera de que Facundo es el líder de una organización criminal. “Tengo pruebas para hundir a tu padre”, revela a Marcelo. No es el único que se lleva una desagradable sorpresa. Ramiro investiga sobre el fraude que hubo en la fundación y Edmundo, al saberse descubierto, se suicida.

Obligada por las circunstancias, Miranda confiesa a Casasola que Dama Solitaria, la mujer con la que se mensajea, es Ernestina: “Sufrió una recaída y por eso no acudió a vuestra cita”.

Mientras, la señora recibe los cuidados de Mariano y como le había prometido, lleva a Ana Lucía para que la pueda abrazar. Sin poder contener las lágrimas de la emoción, Rivadeneira besa a su nieta y le promete que a partir de ahora nadie las volverá a separar.

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