Un café con Karmele Marchante: “Todas las mujeres somos hermanas”

De la lucha feminista a la independentista pasando por su adicción a los yogures o sus encuentros en el gimnasio con Pablo Iglesias. La colaboradora de ‘Sálvame’, enamorada ahora de un señor del norte “no menor” que ella, nos regala esta singular entrevista.

Karmele Marchante se define como feminista radical y periodista contracultural. Ha pasado por prensa diaria, revistas alternativas, radio y televisión; ahora, la colaboradora de Sálvame apuesta por el independentismo catalán y disfruta epatando a la audiencia desde un programa con el que mantiene una relación de amor-odio.

Has ejercido como periodista de investigación antes de convertirte en tertuliana televisiva. ¿Qué recuerdas de esa época?
Siempre he estado en la prensa escrita y soy hija de la contracultura. Fui fundadora de Ajoblanco donde escribía de feminismo y dirigí la revista Star. Estuve en el grupo Mundo y en el grupo Zeta y como soy un culo inquieto, cambié Barcelona por Madrid. A los seis meses me llamó Ramón Colom de Informe semanal y así entré en TVE. Luego estuve en la mesa política de María Teresa Campos y me llamaron de Tómbola. Desde entonces soy tertuliana.

¿Te has arrepentido alguna vez de trabajar en Sálvame?
Muchas veces porque lo he pasado mal. Es un programa fuerte, difícil, complicado, salvaje y muy surrealista, donde tienes que exponer tu vida personal y tus sentimientos. Hasta tal punto que un buen día me marché e inauguré el marcharse. Pero luego me llaman y vuelvo porque necesito trabajar. Ahora mismo estoy fenomenal.

Has tenido que vender tu casa de Arturo Soria para pagar deudas. ¿Por qué?
Porque mi último marido, Diego Soto, era un ladrón. Le di plenos poderes para administrar mi patrimonio y me robó; además pidió dinero prestado a amigos míos sin que yo lo supiera. Ahora vivo en un pequeño loft que tengo en Vallecas, pero sólo de forma provisional porque mi intención es volver a Barcelona.

¿Por qué regresas a la ciudad condal?
Porque soy independentista de toda la vida y me gustaría vivir de cerca el proceso. Pero no abandono Madrid porque vendré a trabajar a Sálvame y porque aquí tengo buenos amigos de los que me siento orgullosa. Aquí está el club de las 25, un grupo de mujeres feministas y progresistas que yo fundé y del que me siento orgullosa de pertenecer. Acaban de nombrarme presidenta honoraria.

Provienes de buena familia. Tus padres fallecieron, pero ¿tienes hermanos?
Tenía un hermano y una hermana, Carlos y Charito, que desgraciadamente fallecieron. Me gusta poco hablar de ese tema.

Pero tú creciste en Tortosa…
Viví en Tortosa los doce primeros años de mi vida. Luego nos fuimos a Barcelona y allí murió mi hermana y mis padres, mientras vivieron su pena, me enviaron a unos pisos que tenía el Opus Dei; para mí fue una válvula de escape. Más tarde me enviaron a estudiar Periodismo a la Universidad de Navarra porque a mi padre le gustaba y puedo decir que tuve el honor de que me echaran porque me hice “roja”. Y empecé de nuevo en la Universidad Autónoma de Bellaterra, en Barcelona.

Te veo recuperada de la depresión que pasaste…
Estoy muy feliz. Después de mi primer matrimonio con un islandés cuando era jovencita y de ese segundo matrimonio que me salió rana, me he vuelto a reinventar y estoy en pista en la vida. Y además, me he vuelto a enamorar. No diré quién es él porque no quiero que me fastidien la relación en el programa donde trabajo, pero sí que es del norte del norte y que no es menor que yo.

Eres una mujer de amigas.
Ser feminista implica estar bien con las mujeres, porque todas las mujeres somos hermanas y padecemos los mismos problemas en este mundo patriarcal.

¿Qué papel juegan los hombres?
Ser feminista no significa ser anti hombre. De la misma manera que siempre voy vestida de punta en blanco, con tacones, peinada y maquillada.

¿Qué aficiones tienes?
Me gusta correr el tacón; soy de pestaña alegre. Canto, bailo y me desmeleno. Igual me gusta escuchar un rock que una copla. Por otro lado soy muy casera y me gusta la jardinería, leer, ir al teatro… Y cuido de mi gata Poppy.

Vas al mismo gimnasio que Pablo Iglesias, el líder de Podemos. ¿Habláis?
Hago gimnasia y natación todos los días. En el polideportivo municipal de Vallecas coincido con el líder de Podemos. Nos saludamos, pero luego él se pone a las pesas y yo a la cinta.

¿Alguna manía?
Soy muy ordenada. Una Virgo metódica. Como de todo, pero prefiero comida sana, que no engorde. Y soy adicta a los yogures.

¿Te interesa la moda?
Mi estilo es mezcla de extravagancia y colorismo; dentro de eso emerge mi personalidad y me visto cono me sale de la peineta. Curiosamente, no me gusta ir de compras.

¿Cómo te cuidas?
Tengo buena piel, buena genética. Yo misma me hago los peelings, las mascarillas y de vez en cuando mi cirujano de estética, Vila- Rovira, me pincha y me hace retoques. No me da vergüenza reconocer que me he operado.

Una virtud y un defecto.
Soy demasiado confiada y una de mis virtudes es ser buena amiga de mis amigas.

Si no fueras periodista, ¿qué te hubiera gustado hacer?
Puedo ser una buenas relaciones públicas, una política si hubiera domado esa espontaneidad que me mata, buena escritora de libros…Tengo claro que nunca podría ser ministra de Asuntos Exteriores porque carezco de diplomacia.

DE UN SORBO
¿Cafetera? Por la mañana tomo dos tazas de café americano “light”. Para desayunar me tomo una taza con leche desnatada y un par de frutas.
¿Te levantas de buen café? Soy de mal dormir. No se me puede hablar hasta que me he tomado el primer café.
¿A quién invitarías? A Clara Campoamor. Cuando empecé en el feminismo nadie la conocía por la ignorancia en que nos sumió la dictadura de Franco y nos moríamos por ir a besarle las manos a Simone de Beauvoir en los congresos internacionales.
¿A quién no le darías ni agua? A los colectivos masculinos, alentados por el patriarcado, que se han convertido en verdugos de mujeres y niñas.
Si el café te diera súper poderes… Me gustaría volar. Me he tirado en paracaídas, he hecho puenting… Esa sensación me chifla.
Un buen libro para un buen café. La obra de Virginia Woolf, cuyo aniversario ha sido hace poco.
Pide un deseo. Personalmente, que pueda vender mi piso ya mismo para irme a Barcelona. Y que la sociedad sea igualitaria, que no haya ni una muerte más de mujeres, ni aquí ni en la India.

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