Carlos Bardem: “Los rojos interpretamos muy bien a los villanos”

Nos tomamos un café con el actor y escritor, licenciado en Historia y Relaciones Internacionales y autor de cinco libros. En la charla descubrimos que su compromiso político está intacto y que es feliz con su pareja y ejerciendo de tío.

Su papel de empresario corrupto en La embajada de Antena 3 refuerza aún más el espíritu progresista de Carlos Bardem. Tras esta serie, y a la espera de noticias sobre su posible renovación, el actor se muda a Estados Unidos para grabar The Son, superproducción televisiva basada en el best seller de Philipp Meyer para la cadena AMC (Breaking Bad, The Walking Dead), en la que encarna a un ranchero español.

¿Puedes encontrar algo en común entre tú y Paco Cadenas, tu personaje en La embajada?
Como decía Juan Diego, los rojos interpretamos muy bien los papeles de villanos. No milito en ningún partido, pero apoyo a Podemos y a la confluencia de izquierdas. Como todos los españoles, tengo presente a canallas como Paco Cadenas. Cada día nos bombardean en el telediario con sus tejemanejes.

¿Tienes cara de malo?
Eso es lo maravilloso de actuar. Mi físico me condiciona, pero en México por ejemplo acabo de ser un oficinista casado que se fuga con su novio a Acapulco. También he interpretado a un pastor evangelista y a un perverso que acaba siendo el bueno en una serie la colombiana Blanca.

¿Nuestros representantes económicos en el exterior son tan toscos como Cadenas?
Me gustaría pensar que hay una mayoría de gente honrada. Pero, mira por dónde, cuando rodábamos la serie saltó el escándalo de corrupción en la embajada española en la India. Y estos días daban la noticia de que habían expulsado al cónsul de España en el Congo por tráfico de visados…

Como dice Alicia Borrachero en la serie, ¿todo el mundo tiene un precio?
Quiero creer que no. El problema de la corrupción es inherente al ser humano. Lo que hay que cambiar son los mecanismos para que eso no suceda. Que el corrupto lo pague duro y devuelva hasta el último euro. Y que la ciudadanía no disculpe la corrupción.

Trabajas más fuera de España. ¿No eres profeta en tu tierra?
Hace tiempo que trabajo en México. Ahora pasaré cinco meses en Austin (Texas) para hacer The Son [El hijo], donde encarno a un ranchero español. Narra el nacimiento de Estados Unidos como superpotencia mundial a través de los ojos de una familia aristocrática en el sur de Texas donde yo soy el patriarca. Este año estreno también Assassin´s Creed, la película del mítico videojuego que protagonizan Michael Fassbender, Marion Cotillard y Jeremy Irons.

Tu pareja, Cecilia Gessa, es tu esposa en La embajada.
Es una mujer de gran personalidad, muy valiosa y muy trabajadora. Abandonó el cine porno hace quince años y yo me enamoré de ella tal y como es hoy. Con voluntad de prepararse, de estudiar, de ser buena actriz gracias a su esfuerzo. Su abuela cantaba zarzuela y su bisabuelo, Sebastián Gessa, era conocido como ‘el pintor de las flores’ por sus bodegones -algunos adornan el Palacio de Linares de Madrid-. Tiene una empresa dedicada a la organización de eventos cinematográficos, teatrales y musicales, pero me enamora lo bellísima persona que es por dentro y por fuera.

¿Has pensado en la paternidad?
Todos lo pensamos alguna vez, pero disfruto ejerciendo de tío de mis tres sobrinos, el mayor de mi hermana Mónica y los dos de Javier.

“Los Bardem somos muy intensos, para lo bueno y lo malo”, declarabas hace poco. ¿Sois un clan?
Como en cualquier familia tienes altibajos. Mi educación ha sido literaria porque soy un lector compulsivo, pero en lo de actor empecé tarde. He visto a mi madre hacer teatro, televisión, y en los meses de paro, lo que se terciara. Oía la palabra actor y miraba hacia otro lado… Hoy puedo decir con orgullo que mi madre y mi hermano son mi mejor apoyo y mis mejores amigos. Me río con ellos y son mi referencia y mi inspiración.

La literatura te llevó al cine…
Llegue a la profesión gracias a Álex de la Iglesia, que me ofreció trabajar en Perdita Durango. Acepté porque quería escribir mi pirmer libro (Durango perdido), un ejercicio de periodismo gonzo en la frontera de EEUU y México. Pero me puse ante la cámara y pensé: “Esto es lo que quiero hacer”.

Licenciado en Historia y diplomado en Relaciones Internacionales, has escrito cinco libros…
Tres de los cuales son novelas. Muertes ejemplares quedó finalista del premio Nadal; con Buziana o el peso del alma logré el premio Destino Guión; y la última, Alacrán enamorado, quedó finalista del premio Hammett de Novela Negra, en Gijón. Soy un escritor a impulsos. En la escritura encuentro un oasis de creatividad solitaria, soy como un pequeño dios del universo que voy creando. Eso es algo que no encuentro en cine o televisión.

En Twitter te confiesas entusiasmado con el futuro. ¿Qué opinas del proceso político que vivimos?
Soy optimista. Vamos a vivir cambios importantes, pero requieren su tiempo. No olvidemos que el 15 M ocurrió sólo hace cinco años y ahora, Podemos, Izquierda Unida, Equo, etc, recogen una manera de ver la sociedad de forma distinta. Es el momento de dar una oportunidad a ideas nuevas.

¿La red social es un buen espacio de reflexión y libertad?
Depende de la responsabilidad individual de cada uno y del uso que se le dé. Es un espacio donde hay gente que insulta y amenaza, amparado en el anonimato, pero también un espacio de opinión en tiempo real. Es innegable el papel movilizador de internet en las primaveras árabes o en el 15 M.

¿Qué deberían hacer las instituciones para favorecer al mundo de la cultura?
Lo primero, dejar de practicar una vendetta contra los que dijimos “No a la guerra”. Debería haber un pacto de Estado para considerar la cultura como un bien necesario para conformar una sociedad de ciudadanos libres y también como una industria potente que puede crear puestos de trabajo.

¿Qué aficiones tienes cuando no trabajas?
Hago deporte, desde rugby a boxeo, leo y sobre todo me gusta viajar; disfruto empapándome de los sabores, olores y sonidos de los sitios donde voy.

DE UN SORBO
¿Cafetero? Mucho. Me puedo tomar un montón al día y duermo perfectamente.
¿Qué desayunas? Un zumo, una tostada con fiambre y un café.
¿Te levantas de buen café o de mala leche? De buen humor y bastante cantarín. Canto canciones absurdas que yo mismo voy improvisando. Mi chica se pone de los nervios.
Un pensamiento antes de dormir. Intento vaciar la cabeza de pensamientos para dormir bien. El último es siempre para la gente que quiero.
¿A quién invitarías? A Alberto Garzón. Es un tipo preparado, inteligente, con el que da gusto hablar. De él se aprende mucho.
¿A quién no le darías ni agua? No le negaría un vaso de agua a nadie. Hay gente con la que no comulgo, personas tóxicas de las que conviene apartarse.
Si el café te diera súper poderes... No creo en los súper poderes ni en los seres del más allá. No soy crédulo ni creyente. Confío solo en la humanidad.
Recomiéndame un buen libro. Cualquier buena novela rusa del siglo XIX y, más recientemente, Las benévolas, de Jonathan Littell, uno de los libros más espeluznantes que he leído sobre la maldad.
Pide un deseo. Que vivamos en paz y que la gente que quiero esté bien y tenga salud. Y seguir trabajando.

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