Sandra Barneda: “Ser soberbia me ha ayudado en mi carrera”

La presentadora reconoce que gracias al orgullo ha logrado llegar donde está, aunque ese pecado tiene también su penitencia: “Lo que me da más miedo es que el personaje se coma a la persona”.

Después de dos novelas de éxito sobre mujeres que se atreven a cambiar de vida, Sandra Barneda debuta en la no ficción ahondando en ese universo femenino con Hablarán de nosotras, un compendio de biografías 17 mujeres mundialmente conocidas, de Cleopatra a Hillary Clinton pasando por María Antonieta, Madonna, Bette Davis o Janis Joplin. El hilo conductor son los pecados capitales: ¿a cuál de los siete se entregó cada una para lograr el poder o la fama? Rozando el psicoanálisis, la presentadora nos confiesa tanto sus pecados como sus abismos.

Vaya faena te ha hecho Hillary Clinton al no ganar las elecciones…
Es la primera de mi libro porque está de plena actualidad, no podía ser de otra manera. Planteé tanto la opción de si ganaba como la de si no, porque igualmente es un hito el ser la primera candidata a la presidencia de los Estados Unidos. Para mí personalmente ha sido una tragedia: ha ganado más el voto contra el stablishment que contra Trump, cuyos discursos me dejan helada.

En el caso de Hillary, ¿ser mujer ha sido un obstáculo o no ha sido suficiente?
Hillary ha vivido momentos complicados en relación a eso, como tener que renunciar a su apellido de soltera o verse obligada a jugar con varios peinados para adecuar su imagen; pero aún con todo ha salido viva de dos nominaciones y una carrera presidencial.

¿Crees que está viva políticamente?
Es un animal político que siempre nos puede sorprender. No sé si ahora se dedicará a su fundación, si seguirá en activo… Tiene 67 años, hay que tenerlo en cuenta. Está desgastada evidentemente. Y además nunca ha caído bien.

¿Las mujeres poderosas caen mal?
No diría eso. Las mujeres de este libro han necesitado romper barreras de cristal y han sido muy criticadas por ello: ya sea Bette Davis en su lucha por no ser un objeto; Marilyn por lo que tiene de liberación sexual… Son prejuzgadas por romper moldes, y eso provocó que fueran aún más luchadoras. Estamos en un momento en que las mujeres pueden asumir con más serenidad la propia feminidad, de ahí que hable de liderazgo en femenino: las nuevas líderes estarán más en paz con ellas mismas. ¿Por qué la coquetería tiene que estar reñida con el liderazgo?

¿Cómo ha sido el proceso de escritura de este libro? Porque se nota que te has empollado un montón de biografías.
¡A saco! A mí me obsesionan los pecados capitales y las biografías, siempre me han gustado las vidas de las personas porque creo que todos tenemos un bestseller, el tema es que, como decía Trueba, la vida es una película mal montada. Soy muy humanista, no solo vitalista. Me gusta que la gente me cuente sus experiencias para aprender a través de ellas. Todo ello nos lleva a un campo emocional en el que somos primos hermanos. En cuanto a los pecados capitales, creo que todos los tenemos y de hecho yo invito a pecar, a ir más allá de los propios límites: en la aceptación de los arranques de ira o de pereza está el conocerse y superarse a uno mismo. El juego que planteo es que para estas mujeres, esos pecados han sido un parapeto que las ha ayudado.

¿En qué pecado te apoyas tú?
A mí me ayuda el orgullo, el vicio de la soberbia. Soy muy orgullosa.

¡Qué raro que alguien lo reconozca en público!
Sí, pero hay que empezar a reconocerlo porque no pasa nada. ¿Es malo? Pues puede ser, pero ahí estoy trabajando gracias a que mi orgullo y soberbia me han ayudado en mi carrera.

¿En algún momento concreto?
Un profesor de la universidad, en la primera clase de radio, que me encantaba, me dijo después de un ejercicio que yo sentía que había hecho muy bien: “Barneda, ¿a usted le gusta la radio, verdad? Pues le tengo que decir que con la voz que tiene no va a llegar a ningún lado”. No me olvidaré nunca. Al cabo de tres años yo estaba dirigiendo un programa en Radio Nacional y él estaba dentro del equipo. Sí que pequé de soberbia, me agarré eso, quién era ese señor para limitarme a mí. Eso puede hacer que dé la impresión de que soy muy segura, es mi parapeto para que no me hagan daño. O cuando dejé de fumar: hace 7 años, en una cena con 25 amigos, lo anuncié y vi que nadie confiaba en mí. El orgullo por hacerlo me ayudó a pasar esos primeros meses complicados.

¿Con cuál de las mujeres de las que hablas te has sentido más cerca en lo íntimo?
Tengo que decir que con todas. Pero también me he peleado con todas. Te das cuenta de que cuanto más alto es el cielo, más profundo es el infierno. Estas mujeres llegaron a cotas altísimas y a qué precio… Son unas sobrevivientes, como todos. Quizá me cuesta empatizar con la pereza, es un pecado que debería practicar más. Por eso me costó conectar con Virginia Woolf, y eso que es una escritora que adoro.

Entre las 17 no hay ninguna española. ¿Por qué?
Está hecho a posta, porque… ¡A quién elijo! Me gustaría meterme en coetáneas y poderlas entrevistar, ese es otro libro. Me inspiraba mucho por ejemplo Ana María Matute, habría sido maravilloso poderla entrevistar, una pena, porque fue una pionera. O Agustina de Aragón, que es nuestra Juana de Arco. O Lola Flores, hablar de ella con sus hijas, porque es parte de España. Carmen Polo, que hasta se decía que mandaba más que Franco…

Todas tus protagonistas han sufrido alguna bajada a los infiernos por la soledad, el desamor, las drogas… ¿A ti que abismo te da más miedo?
(Se lo piensa) Que el personaje se coma a la persona. Es lo que me da más miedo. Que un día te levantes y compruebes que no queda nada de ti, que te has olvidado de ti, porque el personaje no existe.

¿Tú sientes que se está construyendo un personaje sobre ti, sobre todo en estos últimos años?
Yo siempre intento que la persona esté cerca, pero es verdad que públicamente tampoco puedes darlo todo, de ahí los parapetos de los que hablaba. En unos programas enseñas una cosa, en otros, otra… Pero sí es importante que la persona tenga su espacio. Porque los demás a veces requieren ese personaje que ellos ven y que a lo mejor tú ni eres consciente de cómo es, y cuando estás cada vez más y más expuesto, no hay tiempo para uno mismo como ser cotidiano con su vida íntima, sin el reflejo de los ojos de los demás.

Otro de los temas del libro es la erótica del poder y de la fama. ¿Sientes eso hacia ti?
Llega un momento en que no te queda otra que te deje de importar lo que los demás ven en ti. Sí que hay una cierta soledad en algunos momentos, porque no eres tan libre: cuando hablas con alguien a lo mejor en una cena y se da cuenta de quién eres, los ojos cambian, y a todo lo que digas se le da un plus, aunque estés contando una cosa tan tonta como que se te ha roto un lavavajillas. De repente lo ven como una aventura, que te pase a ti. Pero creo que el verdadero poder lo tienen las personas que marcan puntos de inflexión en la sociedad, porque a veces por la superficialidad, que también es necesaria, se empodera a gente que realmente no tiene poder. Yo no me considero una mujer poderosa; formo parte del negocio del entretenimiento, pero ojalá pudiera influir en cosas que habría que cambiar realmente.

Pero sí que eres referente para mucha gente, sobre todo desde que has hablado de tu orientación sexual. ¿Supone una responsabilidad extra?
Es una responsabilidad en el momento en que estoy encima del escenario. Como mujer, como joven –o no tanto– preocupada por el medio ambiente, por cómo nos alimentamos, por cómo se gesta la política con el tema de las ayudas a la maternidad y paternidad y la igualdad de género o los inmigrantes, como homosexual… Cuando estás en el escenario de la vida pública, a veces es necesario significarse y eso implica un riesgo.

¿Cuál es tu lucha ahora?
Voy a intentar montar una campaña sobre los menores y la transexualidad. Hace unos meses entrevisté a varios padres y me llegó mucho, porque es un tema muy complicado de abordar, hay mucho sobre lo que educar. Hablamos de menores sin ningún condicionante ni maldad… Un padre me contaba que su hijo de 5 años le dice que no quiere que le llame Carlos, ¿de dónde le sale? Yo creo que todos tenemos que significarnos primero en nuestro universo, si nos rebeláramos más contra lo que nos parece injusto, todo iría mejor. El activismo empieza en casa, ¡nada de pereza! Lo colectivo es de todos y hay que luchar por ello. No da igual ni nos puede dar igual.

Parafraseando el título tu libro, cuando en el futuro hable de Sandra Barneda, ¿qué te gustaría que dijeran?
¡Uf! Es como una frase lapidaria… [Se lo piensa mucho]. Que fui un espíritu libre que supo disfrutar de la vida. Hay que arriesgarse, porque si no para qué. Lo digo en el libro, el mayor pecado es el librepensamiento. Hay que convivir con la disparidad de opiniones porque la verdad es poliédrica.

¿Algún día Sandra Barneda dará un ‘petardazo’ en ese sentido?
Yo creo que ya he hecho un par de petardazos (risas). Lo importante es mantener viva la brasa, no fijarte solo en los fuegos artificiales, que eso acaba rápido. Este mundo es una montaña rusa, hay veces que bajas a toda velocidad y no sabes por qué, pero las bajadas también son supercreativas.

¿Qué proyectos tienes en esa montaña rusa televisiva?
En principio todo apunta a que empezaré con Gran Hermano VIP y algún otro proyecto más.

Ya en el debate de Supervivientes se te vio disfrutar mucho…
Sí, yo creo que se ha visto otro punto de mí como más irónico, y me lo paso muy bien. No es fácil entrar en ese juego porque es directo absoluto, hay que lidiar con al menos 15 personas apasionadas con el micro abierto…

¿Cuál sería tu gran ambición profesional?
Un programa hecho a mi medida que todavía no ha llegado.

Volviendo al principio de la entrevista, ¿has sentido el techo de cristal en tu carrera?
Sí. ¿Qué mujer ha sido directora de un periódico? En televisión estuvo Elena Sánchez en Cuatro y antes Pilar Miró, pero son como setas que aparecen en un lugar que no te esperas. La foto de los directivos de las empresas de IBEX 35 sigue siendo un reflejo, denota que a ciertas esferas no ha llegado esa vida distinta, esos valores, ya no solo por la falta de mujeres, sino por el tipo de hombres. Lo positivo lo veo con mis sobrinos: ellos ya no están tanto en mujeres y hombres, lo ven distinto, y eso me ayuda y me da esperanza. Hay que ir reventando poco a poco esos techos de cristal.

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