Samanta Villar: “No creo que exista el instinto maternal”

La periodista profundiza en la desmitificación del embarazo y la maternidad con un relato honesto y transparente en primera persona, en el que comparte sus miedos más personales, como que sus mellizos, concebidos por ovodonación, no lleven su ADN. Y avanza que muy pronto volveremos a verla en Cuatro.

Samanta Villar se cita con Teleprograma.tv en el Hotel Meridien Barcelona para charlar sobre su libro Madre hay más que una, un relato en primera persona sobre la aventura de la maternidad honesto y transparente. Madre de dos mellizos, Damiá y Violeta, que el próximo mes de marzo cumplirán un año, la periodista explica cómo se quedó embarazada por reproducción asistida y ovodonación y nos cuenta algunas de las claves para vivir sin tabús y de forma natural semejante aventura. La periodista, que dejó el libro terminado antes de dar a luz, volverá a incorporarse en un nuevo proyecto de reportajes para Cuatro en un par de semanas.

¿Cómo nace la idea del libro?
Hace años, cuando yo tenía 25 y vivía en el Raval de Barcelona, fui a comprar a una tienda y me encontré a una clienta que estaba embarazada. Yo le pregunte por cortesía qué tal le iba y ella me contestó que fatal, y se empieza a quejar de todas aquellas cosas que ya no puede hacer como beber, fumar, salir en bicicleta… Pero lo peor no era todo eso, sino que no se podía quejar ni contárselo a nadie porque la gente la miraba mal y se creía que no le hacía ilusión ser madre. Allí detecté el tabú de la maternidad idílica. Y quise contar cómo es la maternidad más allá de lo que nos han contado.

¿Se parece a tu programa 9 meses con Samanta?
Hay una parte muy grande que no cabía en televisión. Sobre todo porque el programa arrancaba a partir del embarazo y antes hay un proceso complejo y muy interesante. Qué pasa cuando te planteas que quieres ser madre y no consigues quedarte embarazada, cuando empiezas a acudir a los médicos, los tratamientos de reproducción asistida, o la donación de óvulos, otro tema tabú del que no se habla. Esa es la mitad del libro; la otra mitad trata de lo poco que se comparte esa experiencia.

También hablas de la crianza…
Sí, el nivel de sacrificio de criar a unos hijos es de tal magnitud que si criáramos a una pareja diríamos que es intolerable, y si se tratara de un trabajo, lo llamaríamos esclavitud. Solamente con los niños se puede aceptar algo así porque no hay otra. Lo incoherente es que no puedas quejarte. Tú los adoras y los necesitas, y ellos a ti, cuando te ven te sonríen, pero eso es un momento. El resto es entrega total.

Y en tu caso son dos. ¿Cómo viviste la noticia?
Fui muy prudente porque como ya había tenido un aborto y después de la in vitro, pasé a donación de óvulos, y hasta la semana 28, que es el sexto mes, no dijimos nada. Empezamos a emocionarnos en el séptimo mes. Previamente a eso, había muchas incomodidades, luego ya fue una locura con las pataditas, etc.

¿Qué consejos le darías a una madre primeriza?
Pedir ayuda. No hay otra. Luego que no se sienta culpable porque siempre se nos ha dicho que tú como madre sabrás lo que hacer… Y no es verdad. A veces lo pruebas todo y estás completamente perdida, y eso es lo normal. No creo que exista el instinto maternal. A mí me comieron el coco y quise tener hijos porque me decían que era lo más maravilloso del mundo. Y lo que ocurre que luego es irreversible.

Y cuando crecen…
Quiero que mis hijos sean muy independientes y hagan su vida. Yo me fui de casa a los 18 años.

¿Cómo son tus hijos?
Como la noche y el día, completamente distintos. Pero son muy bebés, me queda todo por descubrir. Si lo puedes vivir con calma y sin tensiones, es muy divertido también. De hecho hay un nivel muy alto de separaciones el primer año de ser padres.

Tu pareja (Raul Calabria), ¿cómo lo vive?
Él es un padrazo. Todos los días llega pronto del trabajo para acostar a los niños. Es un remanso de paz dentro del caos. Es el primero que controla todas las papillas, lo que les toca de comer, lo que no… Es un fiera. Ellos dicen que nosotras nos volvemos locas y así fue los primeros meses, durante la lactancia. Luego ya me equilibré.

¿Cómo viviste la ovodonación?
Al principio con mucha tranquilidad. Después, al estar de unos meses, me afectó más el hecho de que fueran a tener la carga genética de una desconocida. También me preocupaba no poder saber sus orígenes y que ellos tampoco tuvieran acceso a ello, como sí pasa en otros países, como EE.UU. A mí me hubiera gustado incorporar a mi vida la chica que ha donado sus óvulos a mis hijos. Sufrí un periodo de duelo genético que pasan muchas mujeres. Luego, poco a poco, esto se fue transformando, mis miedos fueron mutando y al final los he ido cerrando todos. Cuando nacen los hijos estás tan ocupada que no te da tiempo a darle al coco.

Es un tema del que haces especial hincapié en el libro.
Sí, porque es un gran tabú. Las parejas ahora ya sí dicen que lo han conseguido por fecundación in vitro, pero no por ovodonación, y en el 50% de los casos es así. Es que ellas no lo cuentan ni a la familia ni a sus amigas. Por eso decidí que, como personaje público, tenía cierta obligación de contarlo. A mí me da mucho mi público, y me sentía con la obligación de devolverles parte de todo lo que me dan. Creo que es bueno que un personaje público hable del tema con normalidad y diga que mi embarazo fue por ovodonación, y que estamos encantados de la vida. Con ello siento que ayudo a mujeres que lo viven en soledad cuando cada vez hay más gente que lo experimenta. Es muy rara la in vitro que se hace con el propio óvulo. O te congelaste los óvulos antes de los 40 o es ovodonación. España es el país con más donaciones de semen y óvulos en Europa.

¿Tú hubieses donado?
Si hubiera podido, sí. Se trata de genética. Lo que donas no es un hijo, sino células que se han juntado con un espermatozoide que no han conocido… Buena parte de las reflexiones del libro van en esta línea, qué significa ser madre. Madre es la que está y la que cría; si no está, no es madre.

¿Por qué crees que la gente no cuenta la verdad sobre su experiencia?
Por vergüenza y por el qué dirán: como no sabes cómo se lo va a tomar el resto, pues te lo evitas.

Ahora tendrás poco tiempo para ti misma…
Sí, pero al menos ya he pasado el primer año, que es el peor.

Pero te ha dado tiempo a escribir.
Porque lo dejé preparado antes del parto. Ahora, seis meses después, no me puedo volver a sentar. Antes de que nacieran, pensaba ingenuamente que una vez diera a luz, una horita al día podría sentarme al ordenador. Y no. Es imposible. Fue una de las cosas que más me impactó. Para mí fue un shock. Me costó aceptarlo, aprendí a tener más paciencia y a no querer intervenir porque es peor.

¿Cuándo vuelves a trabajar?
Pronto, la semana que viene o la otra. Llevo un año sin trabajar y ya no puedo más.

¿De qué trata tu nuevo proyecto?
Será un programa de reportajes para Cuatro, algo parecido a lo que había hecho.

¿Volverías a tener hijos?
Sí, pero me frena el cuerpo y la edad. En esta ocasión lo viviría de otra manera. Me tiraría a la piscina y me ilusionaría desde el primer día y si sale mal, da igual.

¿Alguna vez te planteas retomar 21 días?
No, ya no. Lo viví al máximo, pero es un formato muy exigente. Tener una vida para uno mismo está muy bien. Era como un hijo grande. Siempre lo recordaré con un cariño infinito y me enseñó muchísimas cosas que ahora agradezco.

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