Alejandro Sanz: “Es un bulo que haya tenido problemas en ‘La voz’ en México”

Hablamos con el cantante español más escuchado en todo el mundo sobre su paso por el talent show que pronto volverá a Telecinco. Además, nos cuenta qué tal van sus conciertos de este verano, su iniciativa solidaria en Venezuela…

 

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A sus 47 años, el artista más exitoso del pop español de los últimos 25 años mantiene la imagen impecable de buen chico, un tipo sencillo y sensible, capaz de enamorar todavía con una sonrisa o una canción. Alejandro Sanz ha vuelto este verano a España con su gira Sirope Vivo, después de recorrer medio mundo con conciertos multitudinarios con una brillante crítica. Ha participado en el Festival de Mérida y en la gala Starlite de Marbella. Mientras suena su último gran éxito, Deja Que Te Bese, que ha compuesto e interpretado con Marc Anthony y que ha sido número uno en 15 países, hablamos con el cantante de sus planes de trabajo para los próximos meses.

Desde el verano pasado que empezaste esta gira, ¿cuánta gente ha llenado los estadios para verte?
Como soy del sur, te diré que dos millones (risas). Ahora en serio, los conciertos han ido muy bien, tanto en España como en Latinoamérica. He estado este verano en Mérida, que además de ser una ciudad increíble, tocar en el teatro romano es impresionante; un acontecimiento que no se repite en la vida. Y además he actuado en la gala Starlite. En septiembre volveremos otra vez a México, pero ya anuncio que mi despedida de esta gira será en Madrid el 5 de diciembre, en el Palacio de Deportes.

Eres el artista español más escuchado en el extranjero. ¿Qué significa para ti?
Las plataformas que ofrecen streaming colaboran a llevar la música a cualquier rincón del mundo con un simple click, algo que fomenta la igualdad de posibilidades para todos los artistas y géneros musicales. De todas formas, hay una frase que siempre me ha gustado: la música es matemática, pero la matemática no es música.

Una revista te ha galardonado por llamar la atención a un maltratador en uno de tus conciertos. ¿Cómo valoras ahora aquel incidente?
Estaba en el escenario y vi a un hombre que maltrataba a una mujer. Me salieron de dentro todos los demonios del mundo y me bajé del escenario para increparle. Quiero creer que cualquiera en mi situación habría actuado de la misma manera. No hice nada extraordinario creo que actué por puro instinto. Me sorprendió que todo el mundo me felicitara al día siguiente, porque a mí me pareció lo normal.

Te recordó a un incidente que sufriste de pequeño…
Efectivamente. Iba con mi madre y un hombre la empujó bruscamente en el metro, saliendo de la parada de Ciudad Lineal, en Madrid. Y un señor que lo vio, salió del bar y cogió al otro por la solapa para que pidiera perdón. A mí se me quedó grabado. Desde entonces, todos los hombres que agreden a una mujer son aquel tipejo que salía del metro y yo quiero parecerme al señor que salió del bar para defendernos.

Solo en España cada año mueren entre 50 y 60 mujeres por violencia machista…
Hay una especie de guerra silenciosa en la que muere mucha gente. Ese caso se dio en México, donde miles de mujeres han muerto en los últimos años por esa causa. Me declaro antiviolencia totalmente, creo que hay un trabajo muy grande por hacer todavía.

Otra de tus causas es Venezuela. ¿Cuál es tu posición?
En Venezuela no hay ni leche para que beban los niños; por eso he participado en Miami en una recolecta organizada por Shannon de Lima, la mujer de Marc Anthony, que es venezolana. Pero para que llegue no podemos enviarla por los cauces legales. Cuando la tiranía llega al punto de que los habitantes del país están pasando hambre y el gobierno venezolano no deja que llegue comida, tiene un problema grave. No sé a qué o a quién le tiene tanto miedo.

Tu esposa, Raquel Pereira muestra fotos en Instagram de cómo van creciendo vuestros hijos, Dylan (julio del 2011) y Alma (julio de 2014), bajo el epígrafe “La vida es bella”. ¿Así la ves tú también?
Con Dylan he aprendido a vivir cada minuto como si fuera el último. ¡Y que los súperpoderes existen! Él siempre dice que quiere tener poderes y cuando le pregunto cuáles, responde: “Yo quiero el súperpoder de ser feliz”. Y claro, te desarma. Los niños nos enseñan que nos tomamos la vida demasiado en serio. A mi hijo le encanta bromear y reír; es un jeta muy divertido.

¿Eres un padre consentidor?
Por supuesto. Su madre les educa y yo les maleduco (risas).

¿A tus hijos les gusta la música? ¿Alguno apunta maneras?
Como la música está en casa, todos mis hijos apuntan maneras de una forma u otra. Alexander, por ejemplo, tiene mucha facilidad para la música electrónica; ya tiene su primer estudio para que empiece a hacer sus arreglos y para que empiece a rapear; le gusta Eminen, así que va bien dirigido (risas). Y mi hija Manuela también tiene su aquel para el canto; de hecho hizo los coros del concierto que di en México.

¿Te preocupa el futuro?
Me preocupa por ellos. Por mi parte, mi plan es sencillo: lo que me gusta, bien y querer mucho a la gente que me quiere.

Los niños recordarán su infancia y las letras de tus canciones en los vasos de Nocilla… ¿Qué recuerdos tienes tú?
Recuerdo que mi madre era capaz de poner la capa más fina del mundo (risas). Lo del gusto por la “leche, cacao, avellanas y azúcar” lo he transmitido a mis hijos y me hace gracias que ahora, esos vasos sirvan para más cosas. Mi madre era la primera que los utilizaba para beber, para poner plantas decorativas…

 

¿Fuiste un niño tímido?
Muy tímido. Me gustaba jugar solo, tocar la guitarra… No me atraía el fútbol ni nada de lo que les interesaba a la mayoría de mis amigos. Era enamoradizo y solitario.

Ya de mayorcito, ¿qué es lo más dulce que has hecho por amor?
A los 16 años me fui detrás de una chica hasta un pueblo de Lugo, en tienda de campaña. Estuve viviendo allí durante tres semanas y para poder comer tocaba en un local de flamenco que se llamaba A Taverna. ¡No veas la de mejillones que llegué a comer!

¿Qué tal te ves en el universo de La voz? En la versión de México tienes fama de difícil y gruñón por un pique con J Balvin y una bronca a dos concursantes…
La voz es un programa que me gusta porque se basa en el talento de la gente. No es cierto que haya tenido problemas con los concursantes de México, es un bulo que lanzó la prensa sensacionalista de allí. Yo voy al programa a disfrutar, a pasármelo bien, no a pelearme con nadie. Tengo compañeros maravillosos allí y también aquí.

¿Qué hay de tu desencuentro con Rosa Lagarrigue, tu manager de tantos años?
Coincidimos en La voz [Rosa sigue siendo la representante de Malú] y nos saludamos sin problemas.

En tus conciertos dedicas el tema La música no se toca a tu compadre ya fallecido, Paco de Lucía…
Y a Pepe de Lucía, hermano de Paco, que estuvo en la gala Starlite, después de asistir al concierto de su hija Malú. Me he quedado con la guitarra de mi compadre Paco después de viajar por medio mundo en un documental sobre él. De Paco me parecían maravillosos hasta sus fallos. Hay gente que me ha pedido que le haga un concierto-homenaje, pero creo que le han hecho tantos que seguramente el mismo Paco diría que paren ya.

Te has implicado directamente con campañas a favor de Médicos sin fronteras, Save the children o Greenpeace. Lo último es el movimiento Refugio del Sonido, para denunciar la tragedia de los desplazados… ¿Europa ha perdido el corazón?
Se ha convertido en un movimiento que pretende remover conciencias y recaudar fondos para Médicos sin Fronteras. La situación de los refugiados me produce mucho dolor, mucha indignación y mucha vergüenza. Las políticas de Europa me parecen insolidarias e indignas. Están dejando solos a un puñado de voluntarios que se juegan la vida en el mar para ayudar a los que llegan a nuestras costas y una vez que llegan a tierra firme los meten en campos provisionales. Allí les dan un mendrugo de pan y una ración de incertidumbre a cambio de la esperanza que traían.

¿Qué canción le pondrías a este momento del que hablas?
La guarida del calor, pero sería La guarida de la vergüenza. Me avergüenza lo que ocurre en Europa con los refugiados. Europa no es lo que se quería, no es ese país de países que se buscaba.


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