Cuatro estrena ‘Me cambio de apellido’ con dos familias muy peculiares

¿Es el modo de vida de nuestra familia el mejor posible? ¿Seríamos más felices si cambiara nuestro día y día? ¿Cómo sería nuestra existencia si hubiéramos nacido en otro lugar? Estos interrogantes constituyen el punto de partida de ‘Me cambio de apellido’, el programa que esta noche arranca en Cuatro.

Me cambio de apellido comienza con dos familias completamente antagónicas: madridistas e independentistas. Unos, aferrados con orgullo a la España de los toros, el fútbol y el bar; y los segundos, tan ajenos al tipismo que quieren construir su propio estado.

En el madrileño barrio de Vallecas vive la familia Castaño, formada por Toñín, el padre, taurino y madridista hasta la médula; Sonia, la madre y mujer multi-tarea; y sus dos hijos adolescentes: Toñín Junior, muy parecido a su padre, y Rafa, el pequeño de la casa, que va más por libre. Toñín es un personaje emblemático en el mundo del madridismo. Su bar, El rincón de Toñín, es un auténtico museo del madridismo y el referente vallecano para ver los partidos del Madrid.

La familia Blancafort viene de Les Masies de Voltregà, en Barcelona. Jordi, el padre, y Dolors, la madre, han educado a sus hijas adolescentes, Ivette y Laia, en los postulados independentistas, animalistas, feministas y anti-futboleros. Jordi y Dolors se consideran personas abiertas; de hecho viven juntos, pero están separados. Ivet es la hija mayor y la que tiene más carácter; define el fútbol como el deporte de los tontos, está en contra de los toros y le gusta la política. Laia, la pequeña, es más tímida y menos vehemente que su hermana mayor.

En el primer programa, ambas familias se esforzarán por adaptarse a la situación. Entre otras peripecias, Toñín recorrerá la geografía catalana subido a una bici con un cicerone tan o más independentista que el propio Jordi. Por su parte, el patriarca de la familia Blancafort pondrá todos sus principios del revés cuando acceda a ir a una corrida en la mismísima plaza de Las Ventas. ¿Surtirá efecto el cambio de papeles?

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