Una boda celta, otra romana,... así son las nuevas ‘Cuatro Weddings’

En la segunda entrega de ‘Cuatro Weddings’, que Cuatro emitirá este lunes, los espectadores vivirán un apasionante duelo a cuatro bodas muy especial: una celta-medieval, otra romana, una ceremonia con un pueblo entero como testigo y finalmente un enlace más tradicional.

¿Por qué casarse en modo sencillo pudiendo recrear la cultura celta, vivir en el Imperio Romano o sentirse como un rey y una reina con todo un pueblo pendiente de los recién casados? De esta guisa competirán por convertirse en la mejor boda de la semana cuatro nuevas parejas, con el fin de conseguir una luna de miel de ensueño con la que rubricar el enlace perfecto… siempre y cuando las otras novias así lo dictaminen.

Fátima y Carlos protagonizarán una boda de lo más peculiar en Canovelles, Barcelona. Se consideran ecologistas y naturalistas y quieren que su día sea especial, alejado de convencionalismos. Por eso, han elegido una temática celta-medieval con la que sorprender a todos sus invitados. Será una ceremonia sencilla, muy emocionante, con los recuerdos familiares muy presentes, pero rompedora.

Otro enlace muy singular será el que celebren Jessica y Cristian en Lloret de Mar, el pueblo donde viven. Para asombrar a los asistentes, la pareja ha elegido un rito de la antigua Roma. Además, el entorno también será pintoresco: los jardines de una casa de estilo gaudiniano, donde las rivales podrán conocer las tradiciones nupciales catalanas.

Por su parte, Esther y Víctor han decidido tirar la casa por la ventana para celebrar el día más importante de sus vidas. Han alquilado un pueblo entero para darse el “sí, quiero”. Morillo de Tou, un municipio turístico en pleno Pirineo Aragonés, será testigo de una boda civil muy divertida, en la que el perro de la pareja será el paje de honor, con un sinfín de invitados.

Para poner el toque tradicional de la semana, Davinia y Ángel se casarán por la Iglesia en Masanasa (Valencia). Se trata de una boda clásica, de las de toda la vida, porque la novia siempre había soñado con vestirse de blanco y pasar por el altar en una ceremonia católica.

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