Jordi Évole pone cara a la violencia machista en ‘Salvados’: “Es bueno escuchar a un maltratador arrepentido”

El periodista habla con una jueza, un terapeuta, un agresor en tratamiento y una víctima que conciencia a chavales en colegios: “Recomiendo con todas mis fuerzas que el programa se vea en familia”. Además, nos avanza otros dos temas muy incómodos para grandes empresas.

“El machismo es una ideología y no lo combatimos”. Jordi Évole bucea en las raíces de la violencia contra las mujeres este domingo en la vuelta de Salvados, que se aleja temporalmente de la política para poner el foco en temas sociales y también relacionados con prácticas dudosas de las grandes empresas.

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¿Por qué habéis esperado tanto para abordar un tema tan ‘Salvados’ como la violencia machista?
Pues es una muy buena pregunta que no sé contestar. A veces los árboles no te dejan ver el bosque… Porque fue entrar en este tema, empezar a investigar y de verdad que me ha impresionado por lo transversal que es, por la dureza de la narración de tantísima gente afectada, porque los días posteriores a la grabación sacaba el tema entre grupos de amigos y amigas y siempre salía alguien que lo había vivido de cerca…

Ante un drama con tantas aristas, ¿qué punto de vista habéis adoptado?
Lo abordamos primero desde la vertiente legal con una juez; después, desde la vertiente terapéutica con un especialista que se dedica a recuperar maltratadores; luego hablamos con un maltratador; y, por último, comparto un día con quien para mí es el gran personaje del programa: Marina, una chica que va por los colegios para intentar concienciar a los más jóvenes de lo que puede ser un maltrato. Cuando lleva un rato con los chavales, ella misma confiesa que fue víctima desde los 15 a los 19 años.

¿Cómo es la reacción de los alumnos?
Está muy bien captada. Todo empieza como un taller festivo: dibujan el cuerpo de un hombre y una mujer desnudos, empiezan a poner las características que les gustan y todas son bastante superficiales, “que esté buena, que tenga buenas tetas, buen culo…”. Ella, poco a poco, casi con un discurso socrático, les hace darse cuenta de cómo el estereotipo de la sociedad los está machacando. Y cuando descubren que Marina, a la ven como una tía supersegura y con pensamiento propio, ha sido víctima de la violencia machista… Es que les rompe. Es un momento muy fuerte. Recomiendo con todas mis fuerzas que este programa se vea en familia: que los padres puedan detectar si sus hijas están sufriendo una situación así y que los chavales lo sientan en primera persona, está muy encarado hacia ellos, hacia un punto de involución que hemos sufrido en este tema. Porque se vuelven a consentir según qué cosas que yo recuerdo que cuando tenía esa edad no se consentían: temas de posesión, de celos… Quizá, viendo el programa, alguien descubra que su pareja se revuelve a su lado, o se levanta y se va porque no lo soporta… Esa reacción en las casas puede ser muy interesante porque puede haber que gente que se sienta muy incómoda ante lo que vamos a mostrar.

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Casi más como padre que como periodista… ¿Es difícil educar en igualdad?
Muy complicado. En muchas fases de la grabación del programa yo mismo me reconocía en ciertos comportamientos machistas. Tenemos actitudes totalmente interiorizadas. Yo no era un experto en la materia y hay cosas que te ponen frente al espejo… Por ejemplo: el terapeuta señalaba que si un hombre va con muchas mujeres, se le llama mujeriego, que es un término aceptado como algo hasta positivo. ¿Hay alguna traslación para una mujer que vaya con muchos hombres? La única palabra que existe es puta. Soy un neófito en el tema e igual me han impresionado cosas que a otro no, pero para mí ha sido muy revelador. O como cuando recibimos cierto tipo de whatsapp, nuestra tendencia es reírnos, nunca le afeas la conducta a un colega que te envía montajes, memes o vídeos con una carga sexista de la hostia. No lo combatimos.

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Hablas con un maltratador arrepentido. ¿Es así porque no habéis querido dar voz a un maltratador que defienda lo que hace o porque no lo habéis encontrado?
No lo encontramos. Lo hemos buscado porque, de hecho, en los primeros días de la terapia, los maltratadores llegan obligados por el sistema judicial y se intentan defender. El terapeuta les va quitando la máscara y es entonces cuando se dan cuenta de su situación. El hombre con el que hablamos lleva muchos años de terapia y, a pesar de ello, él considera que no está rehabilitado. Algunas de sus frases son… “Cuando discuto con un hombre, no pasa nada si el otro queda por encima de mí; pero con una mujer no lo soporto”. Se reconocía como un maltratador psicológico, a nivel físico ‘solo’ le pasó una vez y fue condenado por ello. Él dice que el problema no es dar una hostia: “Lo es todas las veces que le ha dicho a mi pareja chacha, inútil, no sirves para nada… Reconozco que soy muy bueno en ello”.

Te imaginarás que ese testimonio no va a ser bien recibido por parte del público, como ocurrió con el arrepentido de ETA.
Sí, es verdad que no es la primera vez que nos pasa. Lo respeto. Pero yo creo que es bueno e interesante ver a una persona arrepentida, que cree en la rehabilitación, quiere volver a tener a pareja y vivir con ella bien. Por cada maltratador recuperado hay muchas mujeres menos amenazadas.

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¿Entonces, si hubierais podido hablar con un maltratador no arrepentido, lo habríais hecho?
(Suspira) No sé qué decirte. No nos hemos puesto en esa tesitura y casi que lo prefiero.

Después de los debates que habréis tenido en el programa, ¿qué conclusión sacas sobre cómo deben tratar los medios la violencia machista?
No nos tenemos que quedar en la superficie como muchas veces hacemos; entramos en la rutina de una asesinada más, minuto de silencio, unas declaraciones de condena y hasta la siguiente. Pocas veces se entra en los motivos reales. Igual nos recreamos en una cinta de la policía en el portal de la mujer asesinada, pero no vamos más allá, a la raíz del problema. El por qué se ha instalado el machismo como una ideología en nuestra sociedad.

Expertas en la materia critican que se inste a denunciar cuando luego no hay protección real para quienes denuncian.
Es que es contraproducente denunciar sin tener protección. Por eso seguimos teniendo unas cifras tan bajas de denuncia, entre otros temas, porque en eso influyen varias motivaciones. Pero desde luego que si las mujeres se sintiesen más protegidas denunciando habría otros datos, que creo que están ahora en 3 de cada 10 asesinadas.

¿Los políticos están a la altura?
Hubo un gobierno, el de Zapatero, que intentó tomar cartas en el asunto en serio con la ley integral contra la violencia de género; pero a esa ley no se le ha dotado del presupuesto necesario. No puede ser que tengamos tantas dificultades para encontrar una vivienda para una mujer maltratada. Es un ejemplo como muchos otros. Se pueden hacer leyes estupendas, pero si no están dotadas económicamente no sirven de nada.

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Hablando de política. ¿No es un momento poco apropiado para que Salvados aleje el foco de ahí? El público estaría deseando verte moderar un debate Pedro Sánchez-Pablo Iglesias…
Ojalá, ya lo venimos arrastrando desde la temporada pasada y no lo conseguimos. También te digo que percibo un cierto hartazgo de política. Normalmente arrancamos temporada con programas muy llamativos en cuanto a los nombres: la pasada con el cara a cara Iglesias-Rivera, hace un par entre Felipe González y Artur Mas, o con Esperanza Aguirre. Esta vez hemos querido girar el rumbo totalmente y alejarnos de la política de grandes nombre o de pactos y empezar con un tema puramente social y también transversal. Espero que interese porque para mí, sinceramente, es mucho más importante abordar este tema que tener un gran nombre.

¿Los próximos programas van a ir también en esta línea?
Durante mucho tiempo hemos puesto la lupa en el mundo de la política; no es una fase que vayamos a abandonar, pero en esta temporada me gustaría ponerla también en el mundo de la empresa y la economía. Creo que hay una opacidad por parte de grandes compañías que normalmente prescinden de la televisión, no aparecen en programas, pero en cambio tienen praxis que no son del todo éticas. Seguramente es más complicado que meterse con la política…

Sobre todo estando en un medio de comunicación que está vinculado, como todos, a grandes empresas…
Es así. Pero creo que el crecimiento de Salvados pasa por ahí. Por ejemplo, estamos haciendo un programa sobre la fabricación de ropa barata que compramos aquí en grandes marcas que por supuesto no se te van a escapar los nombres…

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Pero Zara no hace publicidad en televisión…
Que no haga publicidad no quiere decir que no tenga un peso muy importante en el país. Se titulará Fashion victims. Hemos viajado a Camboya para comprobar cómo son las condiciones de los trabajadores y lo que hay detrás de las camisetas a cinco euros. Es doloroso. De Camboya volví la semana pasada, estuve allí 10 días.

¿Algún otro tema espinoso?
Uno que nos llamó mucho la atención a partir de un libro de Isaías Lafuente sobre los presos del Franquismo condenados a hacer trabajos forzados en obras públicas de grandes empresas. Compañías que hoy siguen estando en el candelero, que en su día hacían túneles, pantanos…

¿Cómo cuáles?
Prefiero esperar al programa. Son empresas que nunca han pagado por esos trabajos forzados aunque se acabase la dictadura y comenzara la democracia. Nunca ha habido una reparación, cosa que sí ha pasado en otros países.

Son temas que van a levantar ampollas…
Bueno, a ver si los podemos sacar adelante. Nosotros hemos llegado a un punto en que lo que nos gusta es explorar dónde pueden estar los límites.

Con el de pobreza energética ya pinchasteis hueso.
Efectivamente. Hay que seguir explorando por ahí.

Por cierto… ¿Habéis esperado a que Dabiz Muñoz guarde el cuchillo en Cuatro para volver a la noche del domingo?
(Risas) Ha sido totalmente casualidad, que nosotros planificamos la temporada con mucho tiempo y la fecha del 7 de febrero estaba clara casi desde el verano pasado. Pero me hubiese encantado compartir franja con él, sin problema. Nunca mejor dicho, podríamos haber afirmado que hay pastel para todos. A Diverxo no he ido pero sí a un local de tapas que abrió en Madrid y estuvo muy bien, aunque a él no tengo el gusto de conocerlo.

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