Tal como éramos en 1966

Una revista para contar “lo que ponían 
en la tele”, que ya llevaba una década en España. Pequeña y manejable, TP pronto 
se hizo imprescindible en cada casa.

Éramos más jóvenes o no existíamos… El día que llegó a los quioscos Teleprograma solo había una cadena de TVE. La segunda, llamada UHF, nació seis meses después, cuando el Gobierno consideró la tele “un bien común al servicio de la educación y la información”. Eso sí, bajo el control del Ministerio de Información y Turismo, de Fraga Iribarne, el mismo que protagonizó un ‘momentazo’ en el Telediario con su chapuzón en Palomares, Almería, tras el accidente de dos aviones americanos con material radioactivo.

Había que abrirse al mundo y, mientras llegaba la Ley de Prensa e Imprenta, triunfaba la mejor ficción estadounidense. La más adictiva era El fugitivo, primera portada de TP; la más épica, el wéstern El virginiano, y la más divertida, Superagente 86, una parodia de James Bond.

Pero ante las series de fuera, TVE desplegaba oficio, imaginación y talento. El asfalto, una de las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, ganaba ese año la Ninfa de Oro en Montecarlo, mientras los jóvenes Paco Valladares y Carlos Larrañaga encarnaban a Diego de Acevedo y Hermenegildo Pérez, para servirle, y Paco Rabal y Conchita Velasco emocionaban a la joven audiencia con un Tenorio antológico en Estudio 1.

El éxito deportivo de Manolo Santana en Wimbledon pasó del NODO a la pequeña pantalla, donde por supuesto mandaba el fútbol. El Real Madrid de los ‘yeyés’ ganaba la sexta Copa de Europa, aunque un joven Raphael solo obtuvo un séptimo puesto en Eurovisión.

Mientras el conflicto de Vietnam se recrudecía con 200.000 soldados estadounidenses sobre el terreno, el público estaba más atento a las andanzas de El Lute y tarareaba la melodía de Sonrisas y lágrimas, ganadora de los Oscar; los más pequeños aplaudían a Los Chiripitifláuticos todas las tardes y los jóvenes escuchaban Los 40 Principales, fórmula que nació aquel verano.

Los géneros televisivos tomaban forma con musicales como Danzas de España y concursos escolares como Cesta y puntos. Con solo dos canales y una pantalla en blanco y negro, la tele se iba a convertir en un espectáculo, y esta pequeña revista se hizo imprescindible para consultar la programación.

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